¿Sueles cumplir tus propósitos de Año Nuevo?

Hay ciertas fechas que nos incitan casi espontánea­mente a elaborar un balance de lo vivido y, sin duda, el fin de año es una de ellas. Tanto si la aprovechamos constructivamente para reflexionar como si procura­mos escapar de ella anestesiándonos con champán y turrón, los medios de comunicación y el entorno nos invitan a hacer un análisis del año: vemos cuáles han sido las mejores canciones, los sucesos más relevan­tes, las personalidades más importantes… y mientras, algo dentro también revela una sensación personal sobre lo vivido, lo no vivido, lo sentido, lo añorado, lo errado, lo anhelado….

 Si bien está claro que la emoción proviene de una evaluación que hacemos de lo que nos ocurre, cómo construimos nuestros propósitos, cómo formulamos nuestros objetivos y cómo intentamos conseguir lo que queremos puede llegar a constituir la clave funda­mental para llegar a alcanzarlo. Aunque muchos optan por olvidar los resultados a base de mucho ruido, compras y comidas, es importante dedicar unos instantes para plantearnos:

¿Qué hago cuando quiero conseguir algo?

Cada uno tiene un patrón o estrategia interna programada por lo que ha vivido. Algunas estrategias están encaminadas a conseguir resultados, otras a no sufrir demasiado, otras a pasarlo bien ante todo. Lo interesante es que todos estos patrones son inconscientes. Nues­tro cerebro toma la misma estrategia cada vez que se propone algo, y tal vez haya importan­tes cuestiones que hayamos omitido y que merezca la pena considerar para este próximo año si queremos pensar en nuestro futuro que, como dijo Mark Twain, es donde pasaremos el resto de nuestra vida.

Los sabios orientales afirmaron: dónde está tu atención está tu energía. Muchas ve­ces deseamos algo y sin embargo prestamos más atención a nuestra voz interior, diciendo “no soy capaz”, que al propio objetivo. Unas veces nos proponemos objetivos tan grandes y tan abstractos que están abocados al fracaso antes de ser conseguidos, y esta es una de las formas inconscientes que tenemos de boicotearnos. Otras veces ese objetivo tiene repercu­siones tan relevantes en nuestro entorno —que no hemos contemplado— que cuando lo conseguimos es como una patata caliente en nuestras manos y nos damos cuenta que, en realidad, no era lo más ecológico para nuestras vidas.

Richard Bandler y John Grinder, creadores de la Programa­ción Neurolingüística —PNL—, utilizaron sus técnicas para des­cubrir el secreto de los hombres y mujeres que habían alcan­zado sus sueños y sus propósitos. Un factor común de todos ellos era que la mayoría dedicaba tiempo y análisis profun­do a formular y aterrizar sus sueños en deseos, sus deseos en proyectos y sus proyectos en objetivos claros y concre­tos, capaces de cumplirse en un tiempo y espacio bien defi­nidos. Haciendo una síntesis de todas las técnicas que emplea­ban generaron “la buena formulación de objetivos” una lista de preguntas para evitar omisiones importantes, para saber si realmente quieres lo que pretendes querer y si realmente es posible que lo materialices en la forma y el tiempo que deseas.

 También se dieron cuenta que una de las claves más importantes de todas estas perso­nas de elevada eficiencia y categoría humana era que sus objetivos no estaban aislados, sino que se dirigían todos hacia una dirección común, hacía una misión o un gran valor que daba sentido a su vida. De este modo los objetivos eran como las perchas que colga­ban de la cola de la estrella del propósito que guiaba su vida y la persona se sentía cada vez más “integrada” conforme iba cumpliendo sus objetivos.

Cuando nos mueven nuestros deseos y perseguimos objetivos que nos llevan en direc­ciones opuestas y a los que nos dirigimos indistintamente sin orden ni prioridad, podemos correr el riesgo de terminar confusos y mareados (des-integrados), como aquellos que jue­gan mucho tiempo a la gallinita ciega y que terminan por perder toda la referencia de donde realmente están y donde están los demás.

Otra dificultad importante para los adictos a las cestas de navidad repletas de proyectos —cuyo fin es únicamente un chute para sentirse bien en el momen­to que están formulando—, es bajar a lo concreto, a los límites, al cómo y al cuándo. Se emocionan con pa­labras grandes como unidad, felicidad, integración… sin embargo, no tienen intención alguna de abando­nar sus “programados” patrones de inacción por abs­tracción para ponerse a materializar alguna cuestión concreta que les haga salir de su zona de comodidad incluso aunque lleve a la Felicidad.

¿Cómo podemos ayudarnos y ayudar a otros con la PNL?

 Cuando alguien expresa con firmeza: —“Mi propósito de este año es ser feliz”, tú puedes preguntarle: —“¿y qué significa para ti ser feliz?”. Muchas veces la persona comenzará a hacer una descripción de la sensación que relaciona con la felicidad.

 Tú le vuelves a preguntar: —“¿y cuando sientes esta sensación?” —“Cuando estoy con mi hijo, cuando voy a la naturaleza y cuando estoy en silencio”, pueden ser las respuestas.

—“¿Sueles hacer estas 3 cosas a menudo?” — Pues no mucho, tengo mucho trabajo, estamos abriendo una empresa, bla, bla, bla.

 Puedes continuar preguntando: —¿Estás dispuesto a dedicarle tiempo a estas cosas que te llenan de plenitud? ¿Qué día de la semana puedes estar con tu hijo a partir de ahora?

 Después de este aterrizaje a base de preguntas llegaremos a vislumbrar si el objetivo era sincero o si era mera “decoración de interiores”.

 Tener una dirección clara que oriente nuestros pasos es un principio de orden y armonía que puede cambiar nuestra vida. Cómo construimos nuestros propósitos y cómo formula­mos nuestros objetivos es la clave fundamental para llegar a alcanzarlos. Algunos sueños no cumplidos, tal vez, no dieron con un dueño que enraizara “la cometa” y la convirtiera en una semilla que germinara en el mundo de lo manifestado, en el tiempo y el espacio.

 En nuestra opinión el arte de vivir maneja una doble dirección que es importante distinguir. Si bien la gente sabia y eficiente sabe concentrar la energía para dirigir­se a lo que quiere verdaderamente o a lo que siente, es de necios no estar alerta a las señales que la propia vida te devuelve sobre tus propios deseos y objetivos. El ser humano sostiene un continuo diálogo con el Uni­verso. Los buenos objetivos son ecológicos, están en consonancia con nuestro ser profundo y persiguen enriquecer nuestro entorno esencial.

 A veces, a pesar de haber invertido con buena fe en una dirección, la corriente fluida de los sucesos nos conduce a otro lugar. La vida es un misterio con sus propias leyes y uno de los objetivos más hermosos que podemos tener de por vida es aprender a danzar con ella y con la melodía de nuestros propósitos. No te conviertas en un “conseguidor” de objetivos con el ceño fruncido. Dirígete a los objetivos que sientes tu­yos, vivos, vibrando tan dentro que necesitan planifi­cación y concreción.

 El mundo necesita personas capaces de concretar sueños, activistas que puedan realizar pequeñas acciones concretas para ayudar a los desfavorecidos, para informar a los que no saben, para alegrar a los desconsolados.

 Este nuevo año puedes intentar re-integrarte, haz algo por ti y tus hermanos: dedica un tiempo a enraizar tus objetivos para que sean la semilla de un hermoso árbol que pueda dar sombra a muchos quemados por el sol del desierto.

Deseamos que en el 2012 alcances los objetivos que te hagan más feliz, justo y solidario. Deseamos que tus objetivos proporcionen bienestar a mucha gente, como una gota que expande su onda por todo un lago.

Éxito es alcanzar nuestros objetivos.

Felicidad es saber saborear, disfrutar y celebrar nuestros logros. Anthony Robbins

 

Teresa Arranz y Gustavo Bertolotto.

Directores del Instituto Potencial Humano.

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