¿Eres víctima o escultor de tus emociones?

La palabra emoción proviene  del latín emovere que  significa producir movi- miento. En Psicología se emplea  para denominar  una “reacción o estado de ánimo caracte- rizado por una conmoción orgánica consiguiente a impresiones de los sentidos, ideas o recuer- dos”. También puede  decirse que “las emociones son el resultado de un proceso subjetivo, como la memoria, la asociación o la introspección”.

Dicen las investigaciones  que las tres reacciones emocionales primarias son la ira, el amor y el miedo, pues brotan como respuesta inmediata  a un estímu- lo externo  y tienen  una  clara función  adaptativa.  El psicólogo  conductista estadounidense John Watson puso de manifiesto en una serie de experimentos que los niños pequeños son ya susceptibles de tener estas tres emociones y que las reacciones emocionales pos- teriores pueden condicionarse  por el aprendizaje  en nuestra niñez. Aprendemos  a sentir miedo  ante una cosa o amor ante otra y generamos patrones  condi- cionados y circuitos neuronales que los favorecen.

Sea cual sea la definición escogida y lo que pensemos sobre el origen de las emociones, queda  claro que la mayor parte de las veces, una emoción  proviene  de una evaluación que se hace de algo que estamos percibiendo  o en lo que estamos pensando. Aunque algunas veces no seamos conscientes de qué estamos sintiendo o de cuales son algunos de nuestros pensamientos, ya que en ese momento están funcionando  de forma autónoma e involuntaria, nuestra evaluación interna está generando relajación, sonrisa, calor, o taquicar- dia, tensión muscular, respiración entrecortada…

¿Por qué nos hacen sufrir las emociones?

 Hace ya algunos años, uno de esos fríos días de invierno en los que la nieve cubrió la mon- taña, Techu resbaló con el coche en una placa de hielo muy cerca de nuestra casa. Todo ocu- rrió en cuestión de segundos, el coche se zarandeaba bruscamente dando  bandazos entre un precipicio con vistas al mar a la izquierda y un compacto  muro de piedra a la derecha.

En un instintivo acto de supervivencia optó por girar el volante hacia el muro para evitar la experiencia del vacío. El impacto le generó una serie de fracturas leves y muchos moratones de los que se curó en pocos meses. Sin embargo, un año y medio después, ir de copiloto por una carretera con muros le producía  un estado  de alerta y amenaza  completamente desproporcionados, sentía peligro cada vez que un coche se acercaba mucho y se sobresal- taba ante cualquier movimiento imprevisto de carril. No lo podía evitar. Su organismo estaba programado. Fueron necesarias varias sesiones de Coaching con PNL para desprogramar esa red neuronal activada en el accidente.

Estos condicionamientos ocurren en mayor o menor grado cada día, y no hay que te- merlos, son nuestros  maestros. Cuando evocamos  una escena desagradable, su represen- tación mental ya sea en imágenes, sonidos y sensaciones, nos despierta  gran numero  de sensaciones  corporales involuntarias desencadenadas por el sistema nervioso autónomo. Estas sensaciones, alimentadas  por determinados pensamientos, se convierten en emocio- nes que nos pueden tener  atrapados durante  muchos  años de nuestra vida. Terminamos siendo adictos a la química interna que producen nuestras emociones habituales.

Por ejemplo, cuando sentimos miedo (a perder a nuestra pareja, a lo que puede suceder en una entrevista, a que le pase algo a nuestro hijo, a una persona determinada, etc.), la mente se puede decir a sí misma una serie de pensamientos (terminará por aburrirse de mí, me va a salir fatal, y si le atracan en ese barrio, no soy capaz de decirle que no, etc.) que refuerzan la emoción y si se vuelven habituales  nos pueden sumergir en crisis, bloqueos y estancamientos en los que nos sintamos victimas de una emo- ción que nos desborda.

 A principios de los años 70 la P.N.L. (Programación Neurolingüística) verificó que cada uno de nosotros  piensa distinto que los demás. Nuestra forma de pensar y de recordar es única e irrepetible, aunque en nuestros procesos de pensamiento todos utilizamos elementos comunes: imágenes, sonidos  y sensaciones corporales. La palabra amor no existe, cada uno la construye mentalmente a través de representaciones con imágenes, so- nidos y sensaciones y tu representación es única e irrepetible.

        Conociendo  el proceso  de  formación de  estas “representaciones” que  nos hacemos  de la “realidad” podemos aprender a desactivar emociones que nos están haciendo daño y que nos impiden, por ejem- plo, tener  relaciones plenas y estar  en paz. Además, podemos aprender  algo que puede  ser considerado casi más importante: potenciar las emociones posi- tivas que nos posibiliten ampliar horizontes y disfru- tar más de la vida. Muchas veces, potenciando lo posi- tivo y desenfocándonos de lo negativo, los obstáculos  terminan por diluirse ya que no los alimentamos  con nuestra atención, que está puesta  en emociones  mu- cho más satisfactorias y entretenidas.

¿Cómo podemos aprender a desactivar las emociones que nos hacen sufrir?

 1er paso: El reconocimiento, el saber cuáles son las emociones  que nos producen  sufrimiento. Aunque esto parezca un absurdo lo ponemos en primer lugar porque muchas veces nuestros  mecanismos  de defensa nos han hecho  disociarnos (separarnos) tanto del sufrimiento, que ya ni nos damos cuenta de que tenemos emociones, con el peligro de que si no las reconocemos, si las ignoramos y reprimimos, tenderán a producir las llamadas en- fermedades  psicosomáticas, que  son en muchos  casos llamadas  de atención  del cuerpo para que reconozcamos una emoción que subyace dentro y que la prisa del día a día no nos permitió sentir. A veces cuesta reconocer serenamente una emoción porque no hacemos ni un silencio al día para cuestionarnos cómo estamos y permitirnos sentir sin autocensura.

 2º paso: Darte cuenta cómo te “representas” la emoción o, dicho en lenguaje coloquial, cómo piensas cuando estás sintiendo la emoción, como haces para ponerte ner- vioso o feliz. Todos los pensamientos que tenemos  despiertan  sensaciones  y toda emo- ción tiene una estructura.  Nos representamos determinado tipo de imágenes ante de- terminado tipo de emociones (imágenes con movimiento, color, distorsionadas, borrosas, brillantes…) determinados sonidos  (sonidos que se agudizan, sonidos lejanos, palabras que te dices a ti mismo…) o sensaciones (sensación de que se me cierra la garganta, de mucho calor en la cabeza, de falta de espacio, un olor especial, un sabor…). La publicidad y las películas de miedo se valen de este material para producir emociones rápidamente

También es importante reconocer si al vivir esa ex- periencia estás asociado (conectado  completamente con la emoción)  o disociado  (más separado)  y si te vales de  alguna  actitud  corporal  o intelectual  para ello. La gente que se asocia a una emoción de tristeza suele valerse de la postura  encorvada  para sostener su emoción, por ejemplo. Hay gente que mantiene  la disociación en el trabajo a base de una postura inte- lectual de separación.

 La P.N.L.  explora  cómo  es  la conexión  pensa- mientos-emociones-cuerpo en cada experiencia que queramos trabajar. Esto nos permite conscientizar esa relación y darnos cuenta cómo nosotros  mismos po- demos producirnos un dolor de cabeza, una tensión o una crisis de ansiedad. Es esencial, para que se genere un cambio real, saber por nosotros  mismos cómo se produce  el sufrimiento, para después, poco  a poco, des-identificarnos de él.

3er paso: Aprender a cambiar la estructura pensamiento-emoción que nos hace sufrir. Hemos detectado  una emoción limitante para nosotros que está “ pro- gramada ” por las experiencias anteriores  de nuestra  vida y nos hemos  dado  cuenta  de cómo la mantenemos con ciertos pensamientos y posturas corporales. A veces esta toma de conciencia es suficiente para que se produzca un cambio, y a veces el hábito de la red neuronal ha generado una estructura que necesita de herramientas y acciones específicas para consolidar la nueva actitud emocional deseada. La PNL ha desarrollado una metodo- logía muy eficaz para “desprogramarnos” de las emociones negativas y aprender  a poten- ciar las emociones positivas que queramos cultivar.

Original búsqueda del Origen

 También es fundamental comprender que cada experiencia, por dolorosa que sea, nos está trayendo una información que es importante aprovechar ya que si no lo hacemos estaríamos sufriendo en vano. El dolor es una información de que algo no está funcionando  adecuada- mente en nuestra unidad psico-somática y si nos limitamos a cubrirlo o a ignorarlo, como solemos hacer con algunas emociones, podríamos estar postergando dilemas o problemas que se presentarán de forma más compleja y enmascarada a largo plazo, cuando ya se hace más difícil resolverlos porque el origen (o causa) está más sepultado por el tiempo.

 Para este tipo de temas la P.N.L. ha diseñado  una intervención muy original y novedosa que permite remontarse  de una forma sencilla por el pasado  de nuestra vida hasta encon- trar, en la mayoría de los casos, el origen o causa de un problema emocional actual aunque  la persona lo tenga sepultado en el inconsciente y, aparentemente, olvidado. Todo este pro- ceso de liberación de emociones está muy estructurado y su eficacia está ampliamente veri- ficada en el mundo de las aplicaciones terapéuticas. Está siendo utilizado desde los años 70 por miles de personas con grandes resultados y permite, por ejemplo, modificar reacciones conductuales como anular una respuesta fóbica (que es un miedo intenso) en 2 ó 3 sesiones de trabajo individual.

 Es posible gestionar  tus procesos emocionales  para evitarte sufrimientos inútiles y aumentar tu capacidad  de disfrutar de la Vida. Trabaja mediante  la técnica más afín a ti para no ser víctima de tus emociones sino escultor(a) de tu propia forma, pintor(a) de un cuadro deseado en el que tu elijas muchos de los colores.

 Teresa Arranz y Gustavo Bertolotto.

Directores del Instituto Potencial Humano.

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