¡¡Negociando en la vida!!

No podemos negociar con aquellos que dicen, “ lo que es mío, es mío, y lo que es  tuyo, es negociable” decía J. Kennedy.

Negociar Se piensa que los grandes directivos, consultores son los únicos que conocen el arte de la negociación. Pues no es así, nosotros, los hombres y mujeres que nos pateamos la calle a diario, también conocemos el arte de la negociación, y en muchos casos, lo aprendemos de un modo no agradable.

Todos los días estamos negociando con la vida.

Para empezar, hay que definir lo que es negociar y lo que no es. Negociar no es vender nada, ni convencer. No estamos vendiendo a la vida, a la otra persona nada, ni la intentamos convencer por imperativo legal de que somos los mejores.

Negociar es intercambiar. Le estas ofreciendo a la vida, tu esfuerzo, cariño, pasión y ella esperas que te dé a cambio, las recompensas que siempre has soñado y que le has pedido.

Pero nada más empezar a negociar, ya empiezan las primeras dificultades. Empezamos la negociación con un límite “De aquí no paso, jamás lo haré por nada del mundo, sería romper con mis valores y eso jamás lo haré…”. ¿Y cuántas veces hemos hecho cosas que pensábamos que nunca haríamos por una situación o por una persona?

No podemos cambiar nuestros límites, sino la otra persona, se hará ya dueño de nuestro destino nada más empezar. Hará lo que quiera con nosotros, ya nada más empezar.

Y sobre todo lo hará cuando vemos que no hemos conseguido lo que esperábamos, le preguntamos “ ¿Esta es tu última propuesta?” Preferimos aceptar lo que nos dice, que pensar antes, pedirle una pausa y si tenemos que decirlo, decir “No, no rompo mis valores”

Con la vida, argumentamos. Cuando estamos negociando con ella, le decimos que queremos una cosa, por los motivos que sea. “Quiero irme una moto, quiero un nuevo traje,….”Argumentar es decir el por qué de tu petición.

Ante una negociación, tenemos una lista de concesiones que haremos dentro de nuestros límites. “Vale, acepto rebajar mis pretensiones, pero a cambio quiero…”. Estamos concediendo algo a cambio de lo que nosotros queremos.

Si no nos consideramos flexibles ante toda negociación, tendremos dos opciones, o imponer nuestra opción como un dictador o irnos llorando a casa como un niño pequeño.

Cuando estamos negociando, no escuchamos. Desde el 1 momento queremos oír que se van a cumplir nuestras exigencias, nuestros deseos. Y cuando no lo conseguimos, ya no queremos oír más. Nos parecemos a los niños pequeños cuando no consiguen sus chuches.

¿Pero qué pasaría si escucháramos hasta el final? Seguramente oiríamos cosas totalmente diferentes a las que oímos en la primera toma de contacto en la negociación. Espera siempre hasta que no haya más remedio que tirar la toalla. Espera hasta que la cuenta atrás termine.

No escuchamos y sobre todo no preguntamos y no damos acuse de recibo ante lo que oímos.

El preguntar es conocer las pretensiones de la otra persona. Es saber por donde puedes encaminar la negociación y por donde no. Es conocer sus límites y sus concesiones. Como bien dicen las madres, si no preguntas, no sabes.

Y al no escuchar a la otra persona, no le hacemos saber que lo estamos haciendo. No le decimos que conocemos sus pretensiones, deseos y posibles concesiones.  Si no recibimos el feedback de la otra persona, pensaremos que estamos hablando con una pared, que no nos sentimos escuchados, importantes para la negociación.

El escuchar a la otra persona, el preguntar, lo que estamos haciendo es que la otra persona hable más que nosotros, que se muestre, que marque sus cartas. Que la otra persona hable más que nosotros, juega a nuestro favor.

Negociar es avanzar con propuestas concretas. No podemos avanzar hacia nuestros. Negociar es proponer, explicar tus propuestas y preguntar.

negociarDurante la negociación, podemos vivir en algún momento, que la situación no va como deseábamos. Nos quejamos, queremos patalear, llorar. ¿Pero así vamos a algún lado? En vez de quejarnos, tenemos que proponer remedio. Con quejas y lamentos no llegaremos a ningún lado.

Cuando nos encontramos así, queremos discutir, amenazar. No lo hagas, acabarás perdiendo.

Y cuando nos enfadamos, nos habla nuestro ego al instante. “ No te dejes pisotear, tú vales mucho más, no aceptes más, no saben reconocerte…” Y al instante nos dice que nos marquemos un buen tanto, para ser nosotros quien mande en la negociación.

Si tú no me das lo que quiero, a partir de ahora, no me volverás a ver jamás… hasta aquí hemos llegado…” Aunque por dentro estés loco por esa persona. No te marques tanto, seguramente saldrás perdiendo.

Pero no quiere decir que seamos los tontos del pueblo. “Si tú me dices el cielo, yo te pido la luna…” En una negociación, tenemos que ser realistas, no pidamos la luna, porque todavía aún no podemos vivir en ella.

Los contratos como las ofertas, hazlas por escrito, sino se quedarán en el aire. Te lo recomiendo.

Unas veces se consigue lo que uno quiere, otras veces algo menos y otras veces, es imposible conseguir lo que quieres.. Las negociaciones son así. Pero por favor, te lo recomiendo, siempre escucha hasta el final a la otra parte,  hasta que no se oye el último gong, la cosa no está perdida.

Negociamos todos los días, empezando con nosotros mismos, dilucidando si nos levantamos de la cama o no, pero siempre a la hora de negociar ten en cuenta:

.- Siempre busca acuerdos basados en el ganar-ganar. Si en un proceso negociador uno gana y el otro pierde, eso se llama despotismo, y no mola.

.- Ten claro siempre lo que quieres conseguir y hasta dónde estás dispuesto a llegar por ello.

Como bien dice Alejandro Hernández en su libro “Negociar es fácil, si sabe cómo” Todos sabemos negociar, apliquemos nuestra saber a otras facetas de la vida.

¿Qué tal tus dotes negociadoras? ¿Está ganando la vida o tú? ¿Quién ha dicho que negociar con eficacia está solamente reservado para los grandes directivos? ¡¡Tú también negocias como ellos , día a día!!

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