Querida Incertidumbre:

La incertidumbre es una margarita cuyos petalos no se terminan jamás de deshojar” dice Mario Vargas Llosa

Querida Incertidumbre:

De nuevo estamos aquí frente por frente.

Mira que desde pequeño me han enseñado muchas cosas. A sumar, a hacer divisiones, raíces cuadradas o cual era el 4 rey de la Corona de Aragón. Algunas me han servido para algo, pero otras para nada. Otras con el paso del tiempo las he ido dominando, como aprender a conducir o poner la lavadora, pero lidiar contigo, nunca lo sabré.

No sabía de tu existencia, hasta que me salí de lo pre-establecido según la vida. Hasta esa fecha, vivía en plena zona de confort. Los problemas que tenía aunque hacia de ellos peor que una guerra, acababan siendo livianos. Porque siempre venia a alguien a solucionarlos.

Creía que sabía lo que era la vida. Hacer lo que dicen los papas hasta cierta edad. Y a partir de otra, tener pareja, coche, hijos, una hipoteca hasta los 85 años y unos amigos con los que salir los fines de semana en pareja. Y era lo que hacía.

Seguir lo deseado-esperado-soñado por los demás, para mí. Y para ello además contribuía mi cerebro, diciéndome: “Déjate de tonterías y sueños locos y sigue como estás”.

¿Te acuerdas? Sabía que me rondabas, quería hacerte caso, pero fuerzas mayores, me hacia conocerte por primera vez.

Iba pasando el tiempo, y te acercabas más a mí. No sabía que me pasaba, pero si sabía que yo no quería seguir haciendo y cumpliendo las expectativas que tenían los demás depositados sobre mí.

Era una lucha de titanes. Era como las películas que nuestros padres no nos dejaban ver por sus rombos. Me tapaba los ojos pero entreabría los dedos por curiosidad. Poco a poco quería conocer más, de lo que podría estar perdiéndome.

¿Y sí lo que me decían que había detrás de esas locuras era mejor de lo que estaba viviendo en esos momentos?

Hasta que llegaste a mi vida y nos vimos las caras. Antes de todo, me has enseñado muchas cosas desde ese día. Pero principalmente, que la vida no es lo que nos enseñan en el colegio ni en las películas.

La vida es un continuo baile contigo.

Puede ser con una banda sonora de miedo, de felicidad o motivación, pero siempre te tendremos de pareja de baile a ti.

Pero cuando apareces en nuestras vidas, lo primero que provocas siempre es MIEDO.

Un miedo atroz ante lo nuevo, ante lo desconocido. Vienes para anunciarnos, como los Reyes Magos, que una buena nueva hay en nuestra vida. Y depende de nosotros coger el regalo o dejarlo marchar.

Tenemos miedo, porque no dominamos la nueva situación. No sabemos qué nos va a pasar. Si vamos a conseguir los resultados o no. O si los demás nos dejarán de hablar, tras haber hecho lo que realmente siempre hemos sentido y no hacíamos por el qué dirán.

Pero quien te dice que tienes miedo es tu ego. Son tus creencias, tus hábitos ya adquiridos , tu orgullo o estatus ya adquirido. Te está diciendo que no lo hagas, que puedes echar todo abajo con un simple paso. Que tu “fachada” puede desmoronarse, simplemente por un capricho.

Pero el capricho en la vida, no es ser uno mismo, sino querer lo que los demás también quieren. Y tú sabes que no eres así. Que eres diferente a los demás y es hora de dar el paso, viendo hasta donde puedes llegar.

Pero el BASTA YA, ha ganado esta vez la partida. Estas rompiendo con las cadenas del miedo y de la dichosa pregunta que nunca querrías hacerte: ¿Qué hubiera pasado si..?

Nadie nos dice que existe otra felicidad. Solamente la que salen en los libros de cuentos de hadas o en las películas de las 3 de la tarde. Una felicidad que depende de los demás, del ambiente en el que te muevas y no del interior, cosa que también me has enseñado.

Pero no solo me has enseñado cosas buenas, sino alguna otra no tan buena. Como el exceso de motivación, ilusión provoca una irrealidad que hace que lo que era un sueño “alcanzable” sea la mayor bofetada de la historia jamás contada hasta la fecha.

Me has enseñado que la paciencia es la madre de todas las experiencias. En un mundo donde queremos todo para antes de ayer, donde queremos ser los 1 en alcanzar la meta, es la paciencia la que determina un éxito duradero, consistente y reforzado con un propósito, de las personas que solo quieren llegar primeros, por joder al vecino o el poder aparentar que lo han conseguido, olvidándose del éxito alcanzado

Me has enseñado, a pesar de dar pasos adelante en algunos momentos con resultados no muy motivante, que la verdadera felicidad no está fuera, allá en los grandes almacenes o en las revistas de moda, sino dentro de mí.

La verdadera felicidad es permitirte ser tú en todo momento y sobre todo cuando apareces en nuestra vida.  Porque cuando apareces, siempre es sinónimo de que nuevas oportunidades te están esperando.

Se podrán conseguir o no. Podrás llegar a la meta o caerte desfallecido viendo que ese no era el camino, pero siempre con la sonrisa de oreja a oreja, de que estás siendo siempre tú mismo, y no un sucedáneo de lo que eres.

Y eso es la felicidad, sentirte libre mostrando tu esencia en todo momento. Tus emociones, tu alegría, tu amor o tu pasión. Siempre tú, aunque nos acordemos de tus “familiares” nos enseñas, que somos mucho más de lo que somos hasta ese momento. Tú nos das la oportunidad de conocerlo y experimentarlo.

Y de nuevo estamos aquí, frente a frente. ¿Qué nos deparará este nuevo encuentro?

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One Response to Querida Incertidumbre:

  1. Pingback: No hace falta un par, solo un propósito - Control y Perspectiva

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