¿Tienes dignos rivales o simples enemigos?

“Un rival desgraciado no es digno de odio” decía Voltaire

Querido Digno Rival:

Durante mucho tiempo hemos sido como Mourinho y Guardiola, como la nuera que entra en la familia que se quiere llevar al único hijo soltero, como la Pepsi y la Coca-Cola.

Cada vez que oía tu nombre, me ponía de los nervios. Aunque ponía buena cara, no soportaba tu sola presencia. Solo quería que te fuera mal. Solo quería ser mejor que tú. Solo quería quedar por encima de ti.

Siempre me habían enseñado que tenía que ser el mejor de la familia, el mejor de la clase, el mejor en todo lo que hiciera. Y apareciste tú. Solo tenía una obsesión, ser que mejor que tú.

Me comparaba todo el rato contigo. Siempre quería hacer las cosas mejor que tú. No entendía como la gente te podía seguir a ti. Como podias conseguir lo que estabas consiguiendo. Como alcanzabas metas que a mí estaban constando tiempo, tú lo hicieras en poco tiempo.

Cuánta energía he gastado comparándome contigo, por no decirte acordándome de todo tu árbol genealógico.

Pero gracias a toda esta situación he aprendido muchas cosas.

Nos enseñan a ser los mejores, a que nadie nos puede pisotear y a que a nuestro ego hay que tenerlo siempre contento y satisfecho. Porqué sino haces lo que dicen, los demás te pisotearan, no serás considerado el mejor nunca y tu futuro será más negro que el turrón de chocolate.

Por lo tanto, siempre estamos en alerta para que nadie nos pueda quitar lo que creemos que es nuestro y que nos merecemos.

No existe la humildad para reconocer que alguien es mejor que nosotros. No existe la aceptación que alguien puede tener más conocimientos que nosotros o que puede hacer las cosas mejor que nosotros.

Eso jamás lo aceptaremos. Nosotros somos los mejores y no vamos a aceptar que nadie nos “arrebate” nuestro territorio. PD: Muchos y muchas gurús en la actualidad, es su frase favorita en ahora y siempre.

¡¡Qué confundidos estamos!!.

Pero gracias a esta situación, ya no eres mi enemigo, ya no eres esa persona de la que acordarse de todo su árbol genealógico, sino que te has convertido en un digno rival.

Un digno rival que me ha hecho ver que no tengo que pelearle con nadie por un puesto imaginario en el podium del éxito. Un digno rival que me ha hecho sentir que estaba invirtiendo mi energía en compararme con los demás cuando en realidad tenía que mejorarme a mi mismo todos los días.

Un digno rival que me ha hecho ver que vivimos cegados por el miedo al fracaso y guiados por el ego. Cuando el verdadero fracaso es compararse con los demás obviando que las diferencias siempre potencian a todos, no los dividen.

El mundo no está basado en los que están a favor mío o están en contra mío, en función de si me aplauden a mí o te aplauden a ti. Estamos en un mundo en el que luchamos por el número de seguidores en redes sociales y fuera de ella.  Algo que provoca que nos olvidemos del motivo del cual hace que nos levantemos todas las mañanas , haga frio o calor. El proposito por el cuál estamos aquí.

Eso ya no importa, importa quedar por encima de los demás. Que nos vean como expertos, que nos vean como referencia, que tengamos una reputación mejor que el de al lado aunque nos aportemos nada de valor a lo que decimos o hacemos.

El ego, el miedo nos hace perder uno de los valores más importantes y más necesarios en estos momentos y siempre, la ética.  Relaciones por intereses, relaciones por que nos hace hacer cosas que jamás hubiéramos pensado hacer , las acabamos cometiendo porque tenemos miedo a perder el status o por alcanzar el status que creemos que nos merecemos.

Querido rival digno, me has hecho ser mejor persona y darme cuenta, que el verdadero éxito no es estar en la lista de los más vendidos, en los más invitados a los eventos o a los directos de Instagram, sino mejorarse siempre constantemente sin olvidar porqué haces lo que haces todos los días de tu vida.

No Tenemos un porqué nos haga levantarnos toda la mañana de la cama. Así que cuando creemos que tenemos envidia con alguien, hacemos lo que sea, por lo civil o lo criminal para que no nos lo quite o adueñarnos de ello.  Vivimos una vida de intereses y no de propósitos. Y así nos va como nos va.

Una vida basada en intereses exteriores y no un proposito interior que nos haría danros cuenta si tuviéramos un poco más de pensamiento critico  y de visión de la realidad, vemos que estamos “peleando” con alguien llena de miedos, que se basa su reputación en el “copy&past” o allá donde va, miente y manipula.  A veces si preguntáramos un poco, si inviestigaramos, estariamos viendo que estamos luchando contra un producto del marketing y las extensiones del todo a 100.

Creemos que nuestra cuñada nos va a quitar el puesto en la familia, que esa persona que tiene “más seguidores” que tú ya va a impedir que tus sueños se hagan realidad, que ese amigo que liga más que tú se va a llevar a la chica de tus sueños y te vas a quedar para vestir santos.

Todos hemos tenido en algún momento algún enemigo aferrimo en algún aspecto de nuestra vida. Ya puede ser en el trabajo, en la familia, en las amistades…Vertimos todo nuestro odio sobre esa persona, deseamos que le vaya mal, porque así nos irá mejor a nosotros. Cuando en realidad, quizá esa no persona no consiga lo que tú quieres, pero no quiere decir que no haya personas que no ves en el partido, que sí lo consigan antes que tú.

Como Don Quijote vemos gigantes donde solamente hay molinos. Desperdiciando el tiempo en mierdas, cuando nos tendriamos que dar cuenta que “haya competencia” siempre es algo bueno, ya que nos tendría que hacer mejores personas, mejores profesionales, a través de la mejora continua.

No se trata de comparar los tamaños de los miembros de cada uno o del número de seguidores.. Se trata de ser mejor cada día a través de lo que haces, de lo que dices y cómo lo dices. Siempre desde tu esencia, desde tu propósito, desde tu por que.

Algunas personas les gustarás, otras te odiaran. Pero convertir a la competencia en un digno rival, te hace recordar porqué te levantas cada mañana, porqué quieres mejorar y qué huella quieres dejar en las personas que te rodean personal o profesionalmente.

A lo largo de toda mi vida he tenido “enemigos acérrimos” que aunque en esos momentos, no me hacían ver el lado positivo de la situación, lo veía como una competición, perdiendo por el camino muchas cosas, a día de hoy, los veo como “Dignos rivales” como dice Simon Sinek en su libro ” El juego infinito“.

Convirtamos a ese enemigo acérrimos, en un dignos rivales y te aseguro que el cambio será a mejor.

¿Tienes enemigos o dignos rivales?

 

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