Una vida superflua

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No hace falta ver redes sociales, conocer a mucha gente o estudiar muchos libros para darnos de una cosa que está latente en esta sociedad:

VIVIMOS UNA VIDA SUPERFLUA.

Una vida en la que está provocando más daños que beneficios. Y aún así la aplaudimos y la deseamos.

Una vida en la que hablamos de que te vamos a dar las claves del éxito de una empresa pero no hablamos de los fracasos que hemos tenido como empresarios. Por favor, eso que no lo sepa nadie.

Una vida en la que todos nos amamos, todos somos amigos y nos llamamos crack, Pero cuando me quita lo que yo quería, ya no me hablo con esa persona, deseándole todos los males ajenos.

Una vida en la que según nuestros intereses ponemos una cara u otra. Pero eso si, nosotros siempre decimos que somos de verdad. De verdad falsa.

Una vida en la que utilizamos la envidia y la venganza. En vez de preguntarnos qué debemos hacer para mejorar.

Una vida en la que queremos a todo el mundo que nos hace la pelota o aplaude lo que hacemos, pero dejamos de hablar con personas que nos dicen lo que realmente sienten, aunque no nos guste lo que nos digan.

Una vida en la que nos interesamos por las personas cuando consiguen ciertos avances cuando hasta la fecha, nos hemos olvidado de ellas porqué no nos podrían ofrecer algo bueno para nuestra salud.

Una vida en la que nos juntamos a las personas por lo que nos pueden dar, aunque nos hayan hecho el mayor de los daños hasta la fecha.

Una vida en la que nos importa más el número de seguidores que tiene esa persona que lo que podemos aprender de ella aunque nadie la siga.

Una vida en la que nos importa más las modas que nos puede hacer más «cool», que nuestras verdaderas ideas, lo que pensamos o sentimos.

Una vida en la que nos importa más las risas, disfrutar la vida que la autentica verdad. Esa verdad que nos muestra que estamos yendo por mal camino si seguimos haciendo lo que estábamos haciendo.

Una vida superflua donde no nos interesa la verdad. Esa verdad que nos muestra la autentica verdad, la verdad de quienes somos, de lo que nos está pasando o de lo que nos puede pasar.

Una vida superflua en la que es más importante aparentar algo que ni nosotros mismos nos creemos lo que estamos diciendo, haciendo o haciendo creer a los demás. Que una vida que pase lo que pase, sabemos que hemos triunfado porque siempre hemos sido nosotros , nunca queriéndonos parecer a nadie más.

Hablamos de verdad, de pasión, de felicidad…pero que no nos quiten nuestra vida del aparentar. Porque no queremos que vayan a descubrir que no somos ni mucho menos, lo que promulgamos ni hacemos.

Hacemos muchos memes con lo de la pastilla azul y roja de Matrix. Pensamos que son unos freaks de la ciencia ficción, cuando en realidad es mucho más real de lo que nos podamos imaginar.

Lo que pasa que aunque lo sabemos, estamos viviendo una vida superflua aunque deseemos una vida autentica.

Y todo pasa, por mirarnos al espejo y empezar por aceptarnos.

¿Tú serías de aceptar que llevas una vida superflua? ¿La superfluidad lleva a la felicidad?

Cada camino es el correcto.

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Nos pasamos la vida eligiendo. Pero sobre todo no queriendo darnos cuenta que hemos elegido mal.

De pequeños o adolescentes no importa. No importa que esa personas que tanto nos gusta no sea del agrado de nuestros padres, aún mejor, nos pone mucho más.

No importa que nuestros padres no nos recomienden hacer esa carrera ya que no tiene salidas. Eso nos pone más. Llevar la contraria en la adolescencia es uno de los primeros orgasmos que recibimos.

Luego ya si han tenido razón o no, jamás lo reconoceremos. Porqué ante todo nuestro orgullo tiene que quedar por encima de todo. Y además si hemos vivido experiencias geniales, ¿Por qué darle la razón a nuestros padres?

Pero llegamos a la «madurez» y las cosas cambian.

Ya no nos lanzamos de cabeza a la opción que más «nos pone». Ahora no queremos confundirnos. Vamos a lo seguro. No queremos vivir experiencias que antes estaríamos «locos» por vivirlas. Ahora queremos al seguridad, que sepamos que nos va a reportar unos beneficios antes de empezar. Y que sobre todo, no nos lleven al fracaso.

Lo que antes hacíamos de adolescentes, de mayores, le tenemos pavor.

Buscamos lo correcto. Lo esperado. Lo que no nos lleve al fracaso.

Y yo creo que ese miedo ya comienza con la elección que realizas cuando tienes que decidir que estudiar. Porque siempre oirás algo así como «Elige bien que dicha decisión determina tu futuro». Y si no eres una persona que hace caso a los demás y te dejas llevar por el miedo, elegirás lo que tú sientas. Empezarás a demostrar que te puedes caer, que quizá no se cumpla lo que tenías pensando, pero eres tú quien elige en tu vida, no el miedo ni los demás.

Queremos elegir lo correcto, lo que no traiga consecuencias inesperadas y lo que nos lleve al éxito. Rehuimos de los demás caminos, solo queremos el fácil, el rápido, el barato y el que no nos haga pensar.

¿Y qué pasa cuando no elegimos como habíamos deseado?

Que nos lamentamos por la elección tomada, pensando que somos unos negados para la vida.

Así pensaba muchas veces en mi vida, viendo muchas elecciones que había tomado solo veía un callejón sin salida. Pensaba que había tomado la elección incorrecta, la que no me llevaba al éxito o a la felicidad. Mis expectativas no se cumplirían. Y como no se cumplirían, estaba en el camino incorrecto. Pensando que ese camino no me iba a enseñar nada mas, solo sufrimiento, rabia y frustración.

Con esta actitud estamos desaprovechando una oportunidad que solamente el tiempo nos confirmará. La de aprender de la experiencia.

Recientemente me preguntaban en una entrevista que hubiera pasado si hubiera sabido todo que me pasaría antes de publicar los libros. Pues que si lo hubiera sabido no serían quién soy a día de hoy. Porqué seguro que hubiera intentado «jugar» con el destino sabiendo que tenía las cartas marcadas.

Con el paso del tiempo, creo y estoy convencido de que cada camino que recorremos es el correcto. Y aunque en ese momento lo estemos pasando putas, es el paso del tiempo, el que siempre nos dirá, «mira tenias que aprender esto… tenías que vivir esto para conseguir lo otro…». Y todo eso consigue teniendo la actitud de aprendizaje, de curiosidad y querer extraer todo lo que el camino nos reporta, tanto para añadirlo a nuestro cv de experiencias como para saber que no queremos

Cada camino es el correcto, si sabes ver que aprendizaje lleva con él.

Seamos sinceros, ¡NO QUEREMOS CAMBIAR!

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Seamos sinceros, NO QUEREMOS CAMBIAR.

Lo digo habitualmente mucho, lo que decíamos en marzo del año pasado que la sociedad iba a cambiar, que íbamos a ser mas amigos de nuestros amigos, que íbamos a disfrutar cada momentos como lo que era, un momento único y que las empresas iban a ser un mundo ideal como se cantaría en Frozen, ….Pues como que no.

Seguimos insultándonos en el Congreso de los Diputados. Seguimos llenando las redes sociales de imágenes con la pretensión que vean que la vida nos va genial aunque estemos en la miseria y mirando por encima del hombro a los demás aunque nuestra vida sea una mierda de puertas para adentro.

Se nos llena la boca hablando de sostenibilidad, de la capa de ozono y que las empresas tienen que ser un lugar de trabajo, de alegrías y de propósito. Pero en realidad, por lo único que nos seguimos preocupando es por nuestros «huevos».

Firmamos compromisos por el medio ambiente que cuando lleguemos a nuestro país nos habremos olvidado de que hemos firmado. Hablamos de que tenemos que ser mejores con nuestros familiares tras nos vernos tanto tiempo, que un día estamos aquí y al día siguiente no. El primer día bien, los queremos, abrazamos y les decimos que los queremos tantas veces que se asustan de nuestras palabras. Pero a la primera de cambio , como nos «toquen las palmas» volvemos a decir que no los vamos a ver más, aunque pase de nuevo otra pandemia o lo que sea.

Por no hablar del mundo de las redes sociales. Que eso si es un mundo aparte. Dónde en marzo se hablaba de un cambio en las empresas, a día de hoy se siguen hablando de los mismos temas que se hablaban 2 años antes.

¿Dónde están esas personas que decían que cambiaríamos? ¿Qué las empresas serían más «amigables»? Diciendo lo mismo que decían hace 2 años. Y todo porqué cambiar duele. Mejor seguir haciendo las cosas por las que nos conocían que no lanzarnos a algo que no sabemos qué va a ocurrir.

Por lo tanto yo me lanzo estas preguntas y a tí que las estás leyendo también te las presto si quieres responderlas:

¿REALMENTE QUEREMOS CAMBIAR?

¿REALMENTE QUEREMOS UN MUNDO MEJOR?

¿REALMENTE QUEREMOS LLEVARNOS BIEN CON EL MUNDO? o ¿QUEREMOS QUE EL MUNDO SE LLEVE MEJOR CON NOSOTROS?

Enciendes la televisión y solo oyes la palabra cambio:

«Cambio en las relaciones laborales, cambio en la percepción del mundo, cambio en nuestras relaciones personales…» Todo es cambio. Y quizá será así, con la transformación digital, los nuevo tipo de familias que hay, los robots, el metaverso… y muchas otras cosas más.

Pero cuando nos imponen los cambios, aun más que más, los rechazamos.

Reclamamos nuestra libertad, el poder de hacer lo que sintamos y más si antes no nos han dicho toda la verdad.

¿Y cuándo cambiamos? si realmente cambiamos en algún momento.

Cuando nos asustamos. Cuando vemos que de verdad hemos perdido a una persona que nos decía que se iba a marchar de nuestra vida sino cambiábamos. Cuando la salud nos da un susto cuando realmente nosotros pensábamos que éramos invencibles o cuando nos damos cuenta que la única solución es cambiar, porque la realidad que nos rodea es lamentable.

Nos gusta mentirnos a nosotros mismos mientras tanto. Decir que no pasará nada, que estamos bien, que nos vemos bien gorditos, que la pareja nunca nos dejará porqué creemos que no encontrará a nadie como nosotros. Pero eso es lo que estamos haciendo, MENTIRNOS.

No ver la realidad, no aceptar nuestras culpas ni ser responsables de nuestras actuaciones. Y mientras tanto, los problemas crecen.

No es que no queramos cambiar, es que nos mentimos y por eso no queremos cambiar.

Y es respetable que no querias cambiar. Pero luego no te arrepientas si al ver la realidad no te gusta lo que ves.

No cambiamos porque nos apegamos a lo que tenemos, a lo que creemos tener y a las consecuencias que nos da lo que tenemos. Pero es algo eventual , circunstancial del lugar.

Si realmente quieres mejorar, progresar, avanzar… SEGURO QUE DEBES CAMBIAR.

Porqué la vida es cambio, nunca confort ni tampoco seguridad.

Pero allá tú. Tú decides.

¿Por qué no nos forman para lo peor?

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¿Qué pasaría si nos educaran para el fracaso? ¿Qué pasaría si nuestros padres en vez de querer que no nos pase nada, nos dejarán caernos?

En la madurez, solo ves libros que te ayudan a atajar el fracaso. Porqué el fracaso es lo que peor que le puede pasar al ser humano.

El fracaso en las relaciones, en el trabajo, con tu familia…Si conoces el fracaso, nos hacen creer que ya estás acabado, que no hay futuro para ti.

Y como nos han dicho que lo peor que nos puede pasar es fracasar pero peor aun, que los demás nos miren como unos fracasados, ¿Qué acabamos haciendo? Siguiendo lo que nos dicen los demás.

Siguiendo formulas prefabricadas que nos incitan a seguirlas porqué una persona nos dicen que son INFALIBLES.

La palabra necesaria para esos momentos, que nos digan que es INFALIBLE. Que nos aseguren que vamos a tener un éxito asegurado.

Y todo porqué no queremos pensar, no queremos sufrir, no queremos sentir la incertidumbre de adentrarnos en un mundo que desconocemos pero deseamos.

Nos educan para el éxito, para alcanzar un estatus. Pero cuando llegan situaciones como la pandemia que estamos viviendo, un despido de tu puesto de trabajo o el cese de una relación que no esperabas, se nos viene el mundo abajo.

No sabemos qué hacer, por donde nos viene el aire y lo peor de todo, por donde empezar a salir del bache.

Y no me estoy metiendo con la educación que recibimos con el colegio o la universidad, sino también con la educación que recibimos en casa.

La educación de hoy en día esta basada en la seguridad.

En la seguridad de que si haces esto, conseguirás esto. En que si no te sales de la raya, pasarás de curso. En el que si haces las cosas que yo te diga, nuestra relación de amistad irá viento en popa. O si haces lo que yo te mande sin que me lleves la contraria, obtendrás muchos beneficios.

Si hacemos lo considerado, lo establecido, lo deseado, no tendremos problemas. Seremos unos hombres de paz, de felicidad y éxito. Hombres y mujeres que estarán cumpliendo los cánones establecidos, lo esperado.

Pero la seguridad no existe por si no te has dado cuenta.

Ya no hay seguridad en nada y como decía la canción «Ya nada es para siempre».

Pero aún así seguimos soñando que siguiendo los pasos que nos dicen los demás, la seguridad vendrá a nosotros y con ello la felicidad, el éxito y la tranquilidad.

Vivimos en un mundo ideal. Pero cuando vienen mal dadas, no sabemos ni por donde nos vienen.

Y no estoy diciendo que haya que tener a partir de ahora una mentalidad negativa, de desconfianza en todo el mundo… Si no que tendríamos que enseñar y aprender que no vivimos en un mundo dónde las frases de las tazas siempre se hacen realidad y que no solo con la actitud se consiguen las cosas en la vida.

Enseñar a que las cosas se pueden poner peor las cosas de un momento a otro. Y no quiere decir que esté mal, que hayas fracasado, sino que ha ocurrido asi, algo inesperado. Quizá no sea por tu culpa, quizá sea un hecho que no habías previsto… Pero que está.

Nos enseñan para tener recursos para lo esperado, para lo conocido ya, pensando que solo eso ocurrirá en la vida. Lo que ya sabemos, lo que ya conocemos, lo que ya prevemos. ¿Y lo inesperado? Eso nunca ocurrirá, nunca nos vendrá nada malo, será imposible que no alcancemos la felicidad si hacemos lo que nos dicen que hagamos.

Y luego rápidamente, corriendo y mal, queremos ser creativos, resilientes, innovadores y lideres, porque es lo que toca hacer. si queremos salir del hoyo donde nunca creíamos que nos íbamos a encontrar.

Recuerda, la vida trata de la esperado pero también de las sorpresas, llamados incidentes inesperados..

¿Qué ocurriría si realmente nos formaran para lo peor?

1.- Seríamos más creativos.

Ya que no estariamos enfocados en una sola vertiente, sino que sabriamos que el mundo es mucho más amplio.

2.- Seriamos mucho más resilientes.

Ya que estaríamos preparados para salir adelante mucho antes que los demás.

3.- No nos apegaríamos a las formulas

Y si a las experiencias. Porque al igual que viene se van las cosas, pero las experieencias se quedan si se aprende de ellas.

4.- No seríamos negativos, sino realistas.

No viviriamos tanto en un mundo ideal, sino en un mundo real.

Pero tú decides cómo te quieres formar, desde el mundo ideal o desde la realidad.

¡Somos más de sprint que de maratón!

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Me da igual que tengas condiciones físicas o no, ya que todos somos más de sprint cuando en realidad tendríamos que ser de maratón.

Somos altruistas, desde luego. Pero luego se nos olvida rápido, pensando que ya hecha la acción, ya podemos tener la conciencia tranquila.

Somos compasivos, claro que si. Pero ¿Quién se acuerda de los sanitarios desde que ya no aplaudimos desde las 8 de la tarde? Ahora les partimos la cara.

Somos amorosos, los que más. Pero luego con el paso del tiempo , cuando nos damos cuenta que la otra persona no era como esperábamos o como queríamos cambiarla, si te he visto no me acuerdo.

Somos muy amigos de nuestros amigos, los amamos con locura. Pero cuando ya no hacen lo que nosotros queremos, cuando nos actúan como nosotros querríamos que lo hicieran , esa amistad que iba a durar para siempre, se esfuma más rapido que lo que canta un gallo.

Somos muy pasionales, pero cuando encontramos otro divertimento, nos olvidamos de lo que habíamos hecho y dicho antes.

Somos seres de sprint, cuando en realidad tendríamos que ser de maratón.

Cuando tenemos algo delante de nosotros, lo que queremos disfrutar ya, darnos a los demás ya, queremos dar nuestra mano ya… ¿Pero que pasa con el paso del tiempo?

Que a la semana ya nos hemos olvidado de lo que hemos vivido y hasta hecho.

Tenemos la memoria muy corta y luego nos preguntamos porqué nos consideramos infelices, que no tenemos éxito en la vida personal o profesional ..

La vida y todos los aspectos de la vida son una verdadera maratón, en la que empezamos con ganas de llegar a la meta. Pero que tiene caídas, rotondas que nos despistan, pequeños éxitos que nos alientan a seguir hacia la meta y conversaciones que debemos tenemos si queremos seguir.

Somos de sprint porque ya solo pensar en la maratón nos produce cansancio. Pensar que nos tenemos esforzar, que tenemos que ser constantes, sufrir caídas, cosas que no queremos oír o cambiar de actitudes para seguir en el camino..

Tenemos una memoria a corto plazo, pensando que haciendo pequeñas acciones que no nos molesten mucho, ya estará todo solucionado. Y así no son las cosas.

Para vivir de verdad, tenemos que tener más visión de largo camino, de aceptar que nos caeremos, de que nada es para siempre aunque nuestra intención sea llegar a la meta juntos.

Dejemos de vivir todo de forma explosiva y vayamos cocinándola poco a poco.

Porque la vida requiere más maratón que de sprint.

¡NO se trata de brillar y SI de crear!

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«Nada contra la corriente. Ve en la otra dirección. Ignora la sabiduría convencional» decía Sam Walton

¿Qué obsesión hay de que la gente brille?

Tenemos que brillar, te enseño a cómo brillar, que las máquinas trabajen y tú mientras tanto a brillar…

Las redes sociales a parte de los artículos que hablan de los hábitos que hay que volver a intentar implementar en tu vida en septiembre, algo que no hiciste en enero, te hablan de brillar.

La única obsesión es brillar como una bombilla.

¿De eso se trata en la vida? ¿Después de la moda de la felicidad y la marca personal, ahora toca brillar?

Parece que como ahora la factura de la luz está a niveles prohibitivos, tenemos que ser nosotros quienes brillemos.

Y creo que como otras muchas modas que se han pervertido, esta en vez de impulsar al ser humano, lo está volviendo más competitivo, infantilizando y desviándonos de lo que es realmente importante.

¿Qué esta sucediendo?

1.- Se está jugando con la necesidad de la gente de destacar.

En un mundo en el que es más dificil despuntar, ser considerado diferente y en el que si no consigues el éxito, ya, nunca lo conseguirás, te ofrecen las formulas secreta para brillar, para destacar, para ser diferente a los demás. Pero eso si, previo pago de una cantidad de dinero, considerable.

2.- Nos estamos volviendo idiotas.

Y perdón porqué lo exprese así, pero es la verdad. Recientemente me llegaba una publicación como una persona expresaba en su perfil de una red profesional que se dedicaba a «buscar personas bonitas» para otras empresas.

¿A qué punto estamos llegando? ¿A decir que en vez de ir en autobus, vas a ir en un alfombra volante camino de la felicidad de los demás?

Y todo por querer brillar, por querer destacar entre los demás. ¿Dónde queda la profesionalidad?

3.- Por querer destacar llegamos a hacer lo que sea.

Y para eso están las peliculas del sabado por la tarde que nos explican que por el éxito el ser humano es capaz de todo. Pero no hace falta irse tan lejos, vemos como en las redes sociales se copian artículos que han alcanzado una repercusión cambiandoles el titulo, alguna palabra y a veces ni eso. Amistades falsas que surgen por mero interés o palmadas por la espalda que cuando uno se marcha se convierten en cuchillos.

Ya no solo estoy hablando en el mundo profesional, sino también el personal. Todos conocemos personas que se han unido a nosotros por un interés, con la mente de brillar ellos de alguna manera.

4.- Brillar es una consecuencia, no un objetivo.

No nos importa lo que hay que hacer, no nos importa lo que hay que decir y mucho menos si realmente creemos en ello. No nos importa cómo nos vean los demás y las mentiras que tengamos que decir, lo que nos importa es brilar. En definitivas cuentas, APARENTAR.

Brillar, al igual que te llamen experto, lo tienen que decir lo demás, NUNCA TÚ.

Tú debes hacer tu trabajo, debes luchar por lo que quieres, debes ofrecer experiencias unicas a tus clientes, superar las expectativas que tienen contigo… Y todo eso, sumado con esfuerzo, tenacidad, confianza y tesón….QUIZÁ harás que alguien te reconozca por el trabajo que estás haciendo.

PORQUÉ TE DISTINGUIRÁS DE ENTRE LOS DEMÁS… no por hacer lo mismo que el resto de la humanidad, sino porqué te distingues de entre los demás

5.- ¿Y dónde dejamos a la creatividad?

Por mucho que hablemos de ser únicos, diferentes y todo lo guay que tú quieras, somos una sociedad pragmatica.

Queremos el método más rapido que nos lleve al éxito, a brillar más que cualquier estrella del firmamento mundial. Pero eso si, decimos que somos creativos, innovadores y hasta disruptores. Lo único que somos es una copia más.

Más que nunca, en un momento en el que ya nada sirve y todo está por crearse, es la creatividad la herramienta que siempre nos ha distinguido de los demás seres que habitan en este planeta llamado tierra.

Es hora de impulsar NUESTRA CREATIVIDAD, nuestra visión del mundo, de cómo queremos hacer las cosas, de cómo pensamos…

Y quizá, te lo repito en letras grandes, QUIZÁ A ALGUNA PERSONA LE INSPIRES, LLEGUES A INNOVAR, A QUE TU TRABAJO SEA RECONOCIDO…. Y te lo repito QUIZA, pero si el único objetivo sea brillar, lo único que harás es copiar a los demás y NUNCA DAR RIENDA SUELTA A TU CREATIVIDAD.

Hoy es el 1º día. ¿Y mañana? También.

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» Cada salto en el vacío es una cuestión de fe, nunca nada se repite como la primera vezcanta Fito Paez.

Y así lo creo, todos los días debemos ser vírgenes.

Nos reimos de las personas que están haciendo algo por primera vez. Más miedo me daría saber qué estás haciendo algo por última vez.

Nos pasamos la vida haciendo las cosas en función de los resultados que hemos obtenido anteriormente.

Empieza septiembre y volvemos a hablar de los hábitos. De la depresión posvacacional, de cómo enfrentar el final de año o reinventarte profesionalmente.

Hábitos que no hemos conseguido implementar en nuestra vida desde aquel Enero en el que íbamos con dos copas de más.

Es decir actuamos en función de los resultados que hemos obtenido en comparación a Enero. Pero sigo.

Compramos la ropa o productos que nos han dado ya buenos resultados.

Lo vuelvo a repetir, actuamos en función de la comparación.

Hablamos con una persona o nos ponemos a salir con una pareja, porque la comparamos con otra pareja que tuvimos, con un cantante famoso que siempre nos ha gustado y se parece a él.

Seguimos tomando decisiones en función de comparaciones.

Basamos nuestras decisiones tras los resultados de haber comparado situaciones.

Si el resultado anteriormente fue bueno, repetimos o vamos a hacia algo que se parecía, creyendo que se repetirá el mismo resultado.

Si el resultado tras haberlo comparado, no es agradable, desechamos la oportunidad. Ya puede ser la oportunidad de nuestra vida, que decimos que NO de una forma rotunda.

¿Dónde queda hacer las cosas por primera vez? ¿Dónde quedan esos nervios de la primera vez? Pero sobre todo, ¿Dónde queda la creatividad y la innovación en nuestras vida por hacer algo por primera vez?

¡¡Qué lo haga otro, yo hago lo que conozco y lo que creo que me dará los mismos resultados que he tenido o espero!!.

Todos los días, en algún momento nos estamos comparando con algo que ocurrió en el pasado.

Con una relación rota, con una mala experiencia en el trabajo o una mala contestación por parte de un familiar.

Sea como sea la comparación, siempre salimos perdiendo.

¿Por qué?

Porqué no daremos una oportunidad a esa posible primera vez.

A esa primera vez de decirle te quiero a esa persona que nos tiene loco como nunca nadie lo habia conseguido. A ese pedir perdón al que no estás acostumbrado por tu ego. A ese curso que siempre te ha apetecido hacer pero por el miedo al qué dirán siempre lo posponías En definitiva, a la primera vez de apostar por ti, por tu paz y felicidad.

Y todo porque comparamos nuestros resultados futuros con nuestros fracasos pasados.

¿Y quién leches nos dice que siempre se van a repetir? ¡NADIE! Pero lo que pasa que el miedo nos ha ganado la partido, hemos dejado que nos gane ya que no confiamos en nosotros mismos y ni mucho menos en nuestras posibilidades.

Recientemente leía que una de las claves del éxito de Amazon a través del libro «Cada día es el primer día: Todos los secretos del éxito de las empresas más innovadoras«, es que uno de sus valores principales es que cada día era el primer día para ellos.

¿Por qué si es una empresa que puede vivir de las rentas sigue pensando que todos los días es el primer día?

  • Para no dormirse en los éxitos ni macharse en los fracasos pasados.
  • Para pensar continuamente en cómo hacer las cosas mejores.
  • Para vivir continuamente en la incertidumbre. Característica por antonomasia de un mundo actual.
  • Para no dejar de desarrollar nuestra creatividad.
  • Para desarrollar nuestra curiosidad.
  • Para que el miedo no te gane la partida ante las oportunidades de crecer.

Podría seguir enumerando beneficios de tener una mentalidad virgen en cualquier aspecto de tu vida.

Podría decirte muchas cosas más, pero si no las vives tú, por mucho que te diga yo, poco lo podrás confirmar.

Cada día nacemos vírgenes, puros de pecado y al despertar solo pensamos en ayer, cometiendo el mayor de los pecados.

Recuerda:

CADA DÍA ES EL PRIMER DÍA. Y me da igual los años que tengas o lo que hayas vivido, cada día es el primer día. Haz siempre algo por primera vez. Y no te dejes llevar por el ego de creer que ya sabes qué es o qué va a ocurrir porqué crees que ya lo has vivido.

Ser virgen el resto de tus días es ver la vida con ingenuidad, es fijarte en los detalles, es ver la vida con los ojos de un niño,… Pero no, es mucho mejor creer que no sabemos todo, pero luego pasa lo que pasa.

¿Y tú qué vas a hacer hoy como primer día?

Se virgen el resto de tus días.

¡No hay quién entienda a este mundo!

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«La estadística es una ciencia según la cual todas las mentiras se tornan cuadros» decía Pitigrilli

Alaska cantaba que «me paso el día bailando..». A día de hoy podemos cantar todos a la vez, «Me paso el día viendo estadísticas..»

Ahora ya no nos hablamos según las experiencias que hemos tenido, lo que hemos vivido o lo que hemos visto. Para nada, ahora para defender nuestra opinión hablamos que una estadística ha dicho que tal o cual cosa; o hemos visto en internet una estadística que decía exactamente lo que estábamos diciendo en ese momento.

A día de hoy todo es una estadística. Y con lo de la pandemia aún mucho más. Estadísticas para todo hemos visto desde marzo del año pasado.

Basamos nuestras elecciones en estadísticas, ¿O no elegimos la carrera que puede determinar nuestra vida porqué dicen que tiene más salidas que las demás según una estadística? ¿O no queremos trabajar en una empresa porqué dicen que es el mejor sitio donde trabajar durante varios años seguidos?

Todo lo basamos en una estadística. Y si reafirma lo que pensamos, mejor que mejor. ¿O no has visto discusiones entre amigos que solo se reprochaban estadísticas de jugadores de futbol?

¡Cuando alguien te hable en función a una estadística, sal corriendo!.

Reaccionamos emocionalmente ante una afirmación que diga una estadística. Ya puede ser de forma positiva o negativa, pero reaccionamos. Nos echábamos las manos a la cabeza cuando según las estadísticas nos iban diciendo que iban aumentando los muertos a causa de la pandemia. ¿O no tienes miedo cuando ves que tu partido político va a perder las elecciones según una estadística?

Las estadísticas las tenemos como la verdad absoluta. Si lo dice este medio de comunicación que está pasando eso, ¿por qué vamos a desconfiar de él? Antes de dudar, de pensar, de tener un poco de pensamiento crítico, ya estamos llorando, saltando de alegría porque las estadísticas están a favor nuestro o en contra.

No reaccionemos de forma tan emocional ante una estadística ya que son opiniones de los demás en un momento determinado. Nuestra vida no depende de una estadística, ¿o no hemos visto milagros que unos datos decían una cosa y luego ocurría otra?

Por eso tenemos que combinar la perspectiva estadística con la experiencia profesional. Parece que creemos más en una estadística que en nuestras vivencia. Tampoco digo que nosotros sepamos más que un estudio que ha durado años o ha entrevistado a miles de personas. Sino que ni una cosa ni otra. Como dice mi madre, en el punto medio está la virtud.

Ya vemos colorines, vemos datos y vemos que el 5 es más pequeño que el 15 que nos enseñan y ya pensamos que están mintiendo o les damos la razón. Saltamos emocionalmente pensando que el futuro que nos presentan es más negro que para qué o más bonito que si lo dijera Mr. Wonderfull. Por favor fijémonos en las etiquetas de los datos y cuestionémoslos. Investiguemos antes de reaccionar.

Cuando eres curioso y quieres saber si es verdad lo que están diciendo con esos cuadros, lo que haces es buscar comparaciones, otras estadísticas, libros, situaciones, ver en otros paises para sostener o no la afirmación que estás viendo. Como decían en el anuncio de hace años, » busque y compare..» Pero no, le damos la autoridad moral a quien sea para que determine nuestro futuro en función de unos gráficos. Antes de nada, piensa, compara, se curioso para ver si es verdad o no lo que están diciendo esas personas.

Porqué lo vuelvo a repetir, no verificamos de dónde vienen los datos, de dónde ha salido la estadística. No dudamos, más bien queremos creer al 100%. Vamos como toro al capote. Directos. Pensemos, investiguemos, dudemos… antes de reaccionar.

¿O es qué los datos que nos han presentado son todos los que deberían estar? ¿No son las estadísticas a veces partidistas y se dejan algún dato que rebatiría las conclusiones que han sacado? ¿O no comparan a Ronaldo con Messi y dices, «pero si se han comido algún que otro dato»? Todos hemos dicho alguna que otra vez que las estadísticas ocultaban cosas, pues eso.

Pregúntate qué datos faltas y si con ellos nuestras conclusiones serían distintas.

No investigamos, no dudamos, solo queremos creer que lo que nos ponen delante en la televisión o mientras nos tomamos un café y el periódico al lado, es la absoluta realidad. No nos preguntamos de donde han sacado esa base de datos, a quién han preguntado y si realmente son dignas de estudio.

Así que investiguemos en profundidad los algoritmo y las bases de datos que se han utilizado para las estadísticas.

Debemos mirar siempre debajo de la superficie de cualquier gráfico o diagrama que nos haya cautivado por sus colores. Porqué estamos determinando nuestra opinión, acciones y hasta nuestros amigos en función de lo que digan otros y no lo que realmente pensemos nosotros tras formarnos una opinión consistente.

Vivimos en un mundo que nadie lo entiende.

Queremos ser creativos pero si vemos una estadística que no va con nosotros, que pone en duda nuestras creencias, la echamos abajo.

Tengamos una mente abierta y preguntémonos siempre en qué podemos estar equivocados. Porqué siento decírtelo, la verdad absoluta no la tiene ni esa estadística ni mucho menos tú.

El mundo no es como lo dicen las estadísticas. Pongámosles un punto critico, por favor. Que para muestra un ejemplo, que dicen que España va a conseguir 15 medallas y a este ritmo, si ya tenemos 3 ya vamos bien.

Si queréis conocer más el mundo que estamos viviendo os recomiendo el libro de Tim Harfod, «10 reglas para comprender el mundo: Cómo los números pueden explicar (y mejorar) lo que sucede.»

¡Prefiero dudar a creer a ciegas!

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No es que sea una persona desconfiada, pero la experiencia me ha dicho que primero hay que dudar para luego creer.

Pero el ser humano eso de la duda, no va con él.

Desde que nacemos, creemos todo lo que nos dicen.

Que los Reyes Magos entrarán por una ventana y nos dejarán los regalos que nosotros hemos querido exactamente encima de nuestra cama. Que el examen será fácil para que aprobemos todos cuando el profesor era un autentico «matasuspensos». Que nuestro jefe nos va a dar después de tres impagos, las nominas atrasadas. Y ya si hablamos de los políticos, nos creemos ya de todo.

El ser humano necesita creer. ¿Por qué?

¡PARA NO PENSAR!

No quiere pensar qué hay detrás de esa actitud que tiene esa persona. Pero eso si, hablamos mucho de empatía.

No quiere reflexionar sobre sus ultimas actuaciones, no vaya a darse cuenta que es hora de hacer cambios en su vida.

No quiere rumiar que su jefe no es lo que dice ser y que sus ideas nunca serán tomadas en cuenta por él, aunque le dijera lo contrario cuando entró a trabajar en la empresa.

No quiero cavilar qué pasaría si su pareja le dejase, como ha dicho que lo hará si no cambia la situación.

No queremos pensar. Porqué si pensamos sabemos que muchas cosas se convertirán en certeza (aunque ya lo son) y tendremos que actuar.

Recuerdo mis comienzos en redes sociales como creía en todo. Creía que había eventos que estaban valorados en miles de euros y por ser yo, eran gratis. El producto siempre eres tú, no lo olvides.

Siempre creía que los amigos serían para toda la vida. Que el amor estaría siempre ahí. Bueno está hasta que le «tuerces» el morro a ese amigo o amiga y le dices alguna cosa que no le habrá dicho nadie en toda su vida. EN ese momento, se acabó la amistad, el amor y el seguirte en redes sociales.

Porque no queremos pensar, no dudamos lo que nos digan los demás.

No dudamos lo que nos diga el «gurú» de turno, ya que así nos lo dice con luces de colores y «resultados asegurados».

No dudamos lo que nos dicen los medios de comunicación, ¿Por qué dudar de ellos si tienen tanta experiencia?

No dudamos de lo que nos dicen los «amigos» que acabamos de conocer. Si son amigos de nuestros amigos, también son nuestros amigos.

No dudamos de nuestro jefe, que para eso es nuestro jefe Creemos en él ciegamente a pesar de que ya nos ha hecho algunas que otras.

Parece que hasta que no estamos en el suelo, muertos y quejándonos de nuestra vida, no nos queremos dar cuenta de lo que ha pasado anteriormente.

¡¡QUE HEMOS PERMITIDO MUCHAS!!.

Y todo por querer creer.

Porqué si no crees lo que te dicen, tienes miedo que los demás te excluyan del grupo, piensen que te pasa algo raro o vete a saber qué , porqué no crees en la moda del momento.

Así que nos «tragamos» todo porque:

.- No queremos pensar por nosotros mismos

.- Y por la influencia de los demás si es una moda

Si dudar te parece demasiado fuerte, vamos a cambiarlo por otra palabra, pensar por ti mismo. ¿Qué te parece?

En un mundo en el que no se duda de nada, pensar por uno mismo, es el principio del comienzo de tu empoderamiento por ser humano.

Dudar no es no creer para siempre.

Es investigar que está diciendo esa persona. Que tiene de razón y en que no.

Es ir más allá de lo que nos quiere decir y ser curiosos. Aprender de lo que nos esta diciendo. Porqué a lo mejor te enseña algo que no sabías.

Es abrir tu mente a lo que te están diciendo e ir más allá de lo que nunca habrías podido imaginar.

Es soñar, darle rienda a tu imaginación, aprender…

Pero no es creer todo lo que te dicen a la primera de cambio. Quizá tengan razón en lo que te están diciendo, pero lo habrás comprobado primero.

Quizá si sea una oportunidad para ti, pero lo habrás visto por ti mismo en primera instancia.

Quizá no estás de acuerdo con lo que te ofrecen , pero tomarás la decisión por ti mismo y con razones, no solo por intuiciones.

Nos encontramos una sociedad que no quiere pensar porque dice que dudar es de personas mal educadas.

Dudar es empoderarte, es desarrollar tu creatividad, imaginación y curiosidad.

¿Quizá no quieren que pienses por que no es todo lo que reluce en lo que te están diciendo u ofreciendo?

Y tú, ¿Dudas o crees sin fisuras?

¡Nunca nos enseñaron a empujar hacia arriba!

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«A veces tienes que esperar a que alguien te empuje hacia el abismo, para descubrir que tienes la capacidad de volar»

Creo que se dejaron de enseñaros alguna que otra cosa en la escuela.

Entre ellas las diferencias entre empujar y empujar hacia arriba.

Empujar a un compañero era algo malo, empujar hacia abajo un coche en una cuesta era una chiquillada… En definitiva, empujar a alguien o algo, era algo absolutamente prohibido. Bueno si realmente querias comenzar una pelea en el patio del colegio, era el principio del comienzo un buen empujón.

Por eso, empujar, se ve como algo malo para el ser humano.

El empujar es no querer saber, es apartar los problemas de nuestro lado porque no queremos verlos, no queremos hacernos cargo de él. Empujar es evadirnos del amor porque no queremos que nos hagan daño, porque no queremos volver a sufrir.

Por lo tanto empujar es el sinónimo de apartar, de no querer ver y olvidar.

Lo que hace es que no seamos persistentes, perseverantes y con foco hacia una meta. Porque nos han dicho que alcanzar algo lleva su tiempo, su esfuerzo y sus posibles caídas. Así que mejor empujar de nuestra vida, nuestra posible felicidad, nuestros sueños y el amor que sentimos por esa persona, porque no queremos sufrir.

Lo único que hace todo esto es que nos convirtamos es personas frustradas, en melancólicos que apartamos el amor, la felicidad, nuestros sueños de nuestro lado pero en el fondo los añoramos, pensando qué hubiera pasado si lo hubiéramos intentando.

¿Qué pasaría si empujáramos hacia arriba?

Ya sé que estás sudando solamente de pensarlo. Pero es la única manera en la que aceptaré que empujes algo en tu vida, HACIA ARRIBA.

Hacia arriba empujamos lo que nos importa porque queremos llevarlo a cotas jamás imaginadas por nosotros.

Hacia arriba empujamos nuestras habilidades, porque es en el esfuerzo donde la estamos desarrollando. No cuando tiramos nuestros retos cuesta abajo.

Hacia arriba nos estamos empujando a nosotros. Porque hacia abajo va todo de forma fácil y sencilla. Hacia arriba nos descubrimos de lo que somos capaces, de los miedos que teníamos y eran una tontería, de quienes somos realmente.

Hacia arriba te das cuenta que eres capaz muchas más cosas de las que en tus sueños te podrías haber imaginado. Porque es la persistencia, la curiosidad, la pasión que se insuflan te llevan a darte cuenta con el paso del tiempo, de lo que eres capaz realmente.

Hacia arriba tu creatividad crece más rapido que tu tripa con una sesión de terraceo con los amigos. Cuando te enfrentas a retos la creatividad se engrandece. Cuando la empujas hacia abajo con tus retos, acaba muriendo como con tus sueños.

Empujar hacia arriba siempre te va a llevar a descubrir de lo que eres capaz, de qué pasta estás hecho y de que el miedo solamente nos está alejando de quienes somos realmente, de nuestra felicidad y en algunos casos de nuestro amor.

Pero no, preferimos empujar el amor de nuestra vida, no vaya a ser que seamos felices.

Preferimos empujar nuestros sueños de nuestro radar , no vaya a ser que los vayamos a conseguir.

Preferimos empujar la imagen de quien queremos ser, no vaya a ser que los demás se enfaden.

Tú lo único que tienes que hacer siempre, es empujar todos los días hacia arriba.

No conformarte con quien eres o has conseguido. Sino centrarte en ser un poco mejor todos los días.

Y para ello, siempre tienes que empujar la piedra, hacia arriba. Nunca dejarla rodar hacia abajo ni apartarla de ti.

¿Y tú hacia dónde la empujas?