¡¡Las razones son basura!!

El tiempo es ese juez insobornable que da y quita razones” dice José María García.

Dame una razón…Quiero unas razones convincentes ante los hechos…Razóname lo que acaba de suceder… No hay razones para explicar lo que acaba de suceder…”

Vivimos en el mundo en el que depende creer o no, en función a las razones que nos den los demás, de las razones que demos a los demás.

Pues creo que una RAZÓN ES UNA EXCUSA BARATA PARA OCULTAR NUESTRO VERDADERO DESEO.

A través de ellas ocultamos nuestras verdaderas emociones, intenciones.

Escuchaba al lado mío una conversación de una pareja, que decía:

.- Dame una razón para entender por qué has hecho lo que has hecho.

.- Es que yo no quería

No sé cómo acabo la conversación, ni la relación, ya que entró la persona con la que había quedado, pero la sensación que tenía, era que cualquier cosa que le dijera, sería una EXCUSA.

Hagamos un ejercicio.

Preguntante a lo largo de esta semana, cuantas razones, cuantas explicaciones has tenido que dar a los demás, sobre tus acciones, tu comportamiento o no comportamiento. ¿Ya?

Y ahora siendo sincero contigo mismo, dime cuantas de esas razones que has vertido, eran verdad.

Sé que me dirás todas, que la culpa la tuvo el trafico, que fue el cliente el que hizo que no vendieras o que tu suegra es la que provoco te doliera el estomago…

Siempre utilizamos las razones, para dar prioridad a nuestro comportamiento. Siempre tenemos la razón nosotros, nunca daremos la razón a otras personas o diremos que nosotros tuvimos la culpa.

¿O es que alguna razón de las que diste esta semana, dijiste que tú eras el único responsable? ¿Tienes el valor de reconocer que no quieres ir a esa reunión o ver a esa persona, y no poner la excusa de llegar tarde?

Seamos sinceros, siempre que llegamos tarde a una reunión con amigos “pesados”, siempre que no queremos ir a casa de la suegra o llegamos “un poco” tarde al trabajo, siempre daremos razones, que nos “salvaguarde” la posadera, es por un motivo mucho mayor que un simple atasco o que has salido tarde de un reunión.

¡¡SEAMOS SINCEROS Y COHERENTES, POR FAVOR!!

Ése “la culpa la tuvo el trafico, es que no entendí lo que me pedía o no tengo tiempo para quedar.” tienen una característica en común. Somos seres humanos que vemos la realidad según nos interese.

No vemos el mundo como es, sino como nosotros CREEMOS QUE ES. Es decir, vemos el mundo a través de nuestras creencias, adquiridas y creadas. Por lo tanto, todo aquello que este fuera de nuestras creencias, creeremos que es algo imposible o que nunca llegaremos a verlo. Aunque realidad lo tengamos a nuestro lado.

Al ver la realidad según nuestras creencias, las razones que siempre expongamos estarán basadas en ellas. Y aunque estemos confundidos, lo rebatiremos hasta quedarnos exhaustos porque, porque nos hacen creer que si dudamos de nuestras creencias, nos empezaremos a preguntar quienes somos, y no está muy bien visto en estos momentos de edad “in-madura”.

Como podrás observar, son nuestras propias creencias, quienes nos detienen

Vamos con la familia porque aunque no nos apetezca por ahí, no vaya a ser que se enfaden…Vamos a ir al cumpleaños de esa pareja que no aguanto, porque si van todos, y no voy yo, se dará cuenta que nos los soporto…”

Nuestras propias creencias de “quedar bien ante los demás, de ir a un evento que no quieres, por el qué dirán, porque te puedan “excluir” del grupo o tachar de diferente. Así que cuando damos razones en muchas situaciones, suelen ser, como he dicho al principio del artículo, unas excusas muy bien pintadas, pero difíciles de creer.

Decimos lo contrario a lo que realmente sentimos.

Hace poco me decía una amiga, que opinaba igual respecto a las razones., que quedaba con una amiga por la “rutina” que se había creado años atrás, pero en realidad, a día de hoy, no le apetecía nada verla por esa “obligación” creada y no se fuera a enfadar, pero ya no era la misma situación.

Hacemos lo contrario a lo que en el fondo nos gustaría hacer, pero aún así gritamos a los 4 vientos, que somos libres de quedar y hacer lo que queremos.

Todo por miedo, todo por seguir haciendo caso a “creencias arcaicas” que nos limitan en vez de hacernos flexibles.

Durante todo el día tomamos acciones. Y las elegimos en razón a las razones que mejor vayan en nuestro beneficio o menos “daño” puedan hacernos a nosotros o a los demás.

¿Verdad?

Pero ¿Cuánto tardamos en tomar una decisión? Horas por no decir días, dependiendo de la decisión que tengamos que tomar. Aunque tengamos toda la decisión en nuestras manos, tenemos miedo a tomarlas.

“Y si escojo esta oferta…Pero y si la otra es la mejo…Pero si escojo esta, podré causar un daño a esta persona…” ¿Te has sentido identificado en algún momento?

Nunca sabremos cuál es la mejor decisión hasta que tomemos la opción de escogerla sin MIEDO AL FRACASO NI AL QUE DIRÁN.

Nunca lloverá a gusto de todos, nunca sabrás hasta donde puede llevarte o si acabarás consiguiéndolo, pero si sabes una cosa, lo que deseas de verdad a pesar de todas las circunstancias.

Si tuvieras que tomar una decisión, dos opciones y una bomba que en 10 segundos explotará si no la tomas en coherencia a lo que sientes. ¿A qué la tomarías rápido?

Dando razones a nuestros actos, decisiones, que en muchos casos ni nosotros nos las creemos, vamos por la vida de forma errónea

¿Mi recomendación?

.- Cuando damos una razón, suele complicar la situación. ¿O es que tu madre o pareja, no ha visto que le estabas mintiendo cuando estabas dando una razón que no era la correcta?

.- Si no nos gusta lo que está pasando en nuestra vida, ¿Por qué no hacemos lo que esté en nuestras manos, para cambiarlo? Ya no tendríamos que usar pretextos para hacer cosas sin ganas, obteniendo resultados mucho más satisfactorios

Sé que los gurús del coaching me dirán: “¿Cómo sería un mundo sin Por qué? Sería una locura”.

Habría un PORQUE, haríamos todo en función de lo que nosotros sintiéramos, no de lo que los demás esperasen de nosotros. Sin pretextos, sin expectativas, confiando en las acciones que tomemos, aprendiendo de ellas y las relaciones con los demás, seguro que serían más fluidas.

Somos nosotros mismos quienes nos detenemos ante un sueño, ante la vida. Nos damos muchas razones que nos llevan a intentar las cosas y no al hacerlas.

Todo por razones, que son excusas mejor vestidas.

¿Qué piensas tú al respecto? ¿Qué razones te das para no hacer algo? ¿Por qué?

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¿Eres una persona integra?

La integridad del hombre se mide por su conducta, no por sus profesiones” decía Juvenal.

IntegridadLo que me gusta de una persona, es que sea integra”.

La verdad que cuando he oído eso, me han entrado ganas de preguntarle: “¿Qué tenga todas las partes del cuerpo o qué quieres decir?”

Se nos llena la boca, hablando de la integridad. Que eso tenemos que hacerlo, que hemos perdido la integridad con esta crisis (¡¡que casualidad, ¿antes no?!!).

¿Por qué estamos hablando todos los días que tenemos que ser nosotros mismos sin tapujos?

Porque hemos perdido la integridad de nuestro ser.

No somos nosotros mismos, somos pedacitos de algo que fuimos anteriormente. Esos niños que no tenían miedo, que tenían paciencia, confianza, fe en la vida, en lo que iban a conseguir. Esos niños, que están dentro y cada uno de nosotros.

Además me hace gracia, cuando la gente habla de la integridad, que ya no encontramos gente así, que ellos siempre han sido íntegros, y que dan clases de ello….

Vosotros que promulgáis en vuestra persona, la integridad completa, después de leer estas causas de porque la perdemos, me gustaría que fuerais sinceros con vosotros mismos, y viéramos, que TODOS y cada uno de nosotros, TODOS, hemos perdido nuestra integridad alguna vez. Más bien, hemos mandado a dar una vuelta a nuestros valores, mientras hacíamos algo en lo que no estábamos de acuerdo o pensábamos que sería imposible lo hiciéramos.

Dejamos de lado a nuestra integridad, por la IMPACIENCIA. Nos han enseñado que cuanto antes llegamos al éxito, mejor. No por llegar a ser el 1º, que muchas veces, el 2º consigue más éxito que el 1º, sino porque el “vecino” ha llegado antes que nosotros a nuestros deseos, y tenemos que ganarle, porque es la “moda” ese sueño y tenemos que ser los primeros en conseguirlo, porque si somos los 1º en hacerlo,  nos podremos considerar EXPERTOS.

Nos han enseñado que tenemos que ser los 1º en todo lo que emprendemos, y si no lo conseguimos, ya somos unos fracasados. Y para no sentirnos así, la escoria de la sociedad, nos saltamos nuestros valores y lo que haga falta.

Esta sociedad del “TODO para YA”, nos provoca la impaciencia y la falta de integridad.

Con la impaciencia, también está la DESESPERACIÓN. Desesperado porque no encuentras trabajo, porque no tienes pareja, porque los beneficios de tu empresa no los ves, porque no te hacen caso tus trabajadores,… mucha desesperación nos aborda y hace que hagamos lo que sea, porque queremos decir como Aníbal en el Equipo A: “ Me encanta que los planes salgan bien”.

La desesperación nos lleva a las “artimañas”, a la manipulación y a la mentira, todo por conseguir, “sea como sea”, nuestro objetivo.

SUFRIMOS, porque vemos que nuestra vida, no es lo que esperábamos. Sufrimos porque no tenemos pareja, porque no conseguimos nada en la vida… Y nos cansamos de sufrir, de dar a los demás, de no recibir y esforzarnos, de ayudar y solo recibir “noes”… ¡¡Estamos hasta los huevos!! Y llega un momento en la vida, en la que decidimos que “Si no es por las buenas, será por las malas”, así que volvemos a mandar un poco a “paseo” a nuestra integridad.

Pero al igual que pasa con el sufrimiento, pasa con las DECEPCIONES que nos llevamos. Tenemos la esperanza, que algo va a ocurrir, que nos hemos esforzado por ello, que nos lo merecemos, que ya toca… miles de pensamientos, que nos hacen creer, que lo que queremos, sucederá sin ningún género de dudas.

Y cuando no llega, llega la decepción. Más bien yo lo llamaría, experiencia de aprendizaje. Pero nos “encabezonamos” que lo tenemos que conseguir, por lo “criminal” o como sea.

¿Y qué decir, cuando sentimos que no ha habido LEALTAD por parte de nuestro equipo, de un amigo o de una pareja? No lo aceptamos, no preguntamos qué ha podido pasar o qué no hemos hecho bien. Nos vence la rabia, las ganas de satisfacer a nuestro ego herido, y que le den de nuevo a la integridad.

¿Alguien no ha vivido una situación así en su vida? ¿Siempre ha sido integro 100%?

¡¡NO ME LO CREO!!

¡¡TODOS hemos mandado alguna vez a nuestra INTEGRIDAD de paseo, para conseguir algo por lo “criminal”!! ¡¡Seamos sinceros!!

¿Pero cómo podemos ser unos Canallas Íntegros?

.- Pensemos antes de actuar.  ¿Cuántas veces hemos dicho cosas sin pensarlo? ¿Cuántas veces hemos cosas sin pensar en las consecuencias? Unas cuantas.  Y las consecuencias, siempre han acabado, en:” Si me hubiera callado, qué guapo estaría ahora”.

Por no mucho correr, amanece más temprano. Por mucho que mintamos, no llegaremos antes a la meta, así que seamos coherentes, entre lo que decimos y hacemos, porque antes se pilla a un mentiroso que a un cojo.

Antes de actuar, preguntémonos si está en consonancia con nosotros lo que vamos a decir y hacer. Mejor prevenir que curar.

Integridad.- Comprométete con lo que “te pone”. Si no te pone cachondo lo que te han dicho que hagas, ¿PARA QUÉ DICES SI? Sabes que no acabaras de hacerlo, que lo dejarás de lado o te olvidarás, simplemente porque no te motiva.

No sabemos decir NO. ¿Por qué? Por el que dirán, y miles de excusas. Porque pensamos y nos han dicho que decir NO a los deseos de los demás, es de egoístas. Estoy totalmente de acuerdo con esa percepción. Decir NO, es decir SI a tu vida, a tus deseos, a tu integridad.

Cuando nos comprometemos con lo que nos motiva, decimos SI a nuestros sueños, a la iniciativa, al esfuerzo, a la confianza, nos decimos SI a nosotros mismos.

Y cuando nos comprometemos con algo, que no nos motiva, nos convertimos en un hombre del que no se puede creer en su palabra. SEAMOS HOMBRES DE PALABRA.

Son aquellos que son íntegros. Que si se han comprometido en ayudar a alguien, lo hacen. Que si hay que estar a una hora, allí estarán puntuales y si pueden antes, también.

Las personas integras, dan su palabra, transmiten su corazón a través de las mismas.   Comprometerte con una persona, un reto, y dar tu palabra, que así será, aumenta tu confianza, y hacer ver a los demás, que pueden confiar en nosotros.

Dos de los fallos que tiene toda persona, que promulga que su integridad nunca ha sido “manchada”, es que eso de DECIR SIEMPRE LA VERDAD, lo han tomado por otra vertiente.

Como he dicho antes, la coherencia y la integridad van muy relacionadas. Si no dices la verdad, nadie confiara en ti, ni en tu palabra… Como el cuento del lobo, dirás que viene, y nadie acabará creyéndote…

Que se lo digan a los dirigentes de nuestro país, que dicen ser íntegros en elecciones y luego donde dije diego digo que no te oigo… o aquellas empresas que cuando te entrevistan, ponen la empresa, como la mejor para desarrollarte, y luego sabes que no es así….

Cuando vamos diciendo que somos íntegros, que siempre somos hombres de palabra, que si nos comprometemos, lo hacemos, tenemos el peligro de pasar la barrera del egocentrismo muy fácil.  Y cuando eso pasa, eso de TRATAR A LOS DEMÁS CON RESPETO, como que no es así.

La integridad, va unida a la humildad. Además recuerda un refrán; “Arrieros somos y en el camino nos encontraremos”, es decir, si me tratas mal, quizá seguramente en otro momento, nos encontraremos, vendrás a pedirme algo y me acordaré de cómo me trataste la 1 vez nos vimos.

Por favor, vivamos en la humildad.

Ser integro, es siempre tomar la INICIATIVA como costumbre. Todo el mundo dice que va a hacer algo, pero no lo hace. ¿Por qué? Porque no se ha comprometido de verdad, porque no le motiva… Las personas integras, no lo dicen, lo hacen. Son líderes de hecho, no de palabra.

No les hace falta motivación, solo necesitan saber el poder que tendrá algo en sus vidas, para dar el paso hacia ellos. Saben que la motivación, irá aumentando con el devenir del camino.

El mundo nos bombardea a diario con situaciones, personas, elementos, para olvidarnos de nuestra integridad. Situaciones que nos ponen al borde del despotismo, queriendo mandar nuestros valores por el váter.

Para ello, Acción. Estudiemos, preguntémonos, investiguémonos, veamos la realidad desde distintas vertientes, y siempre tengamos en cuenta nuestros valores.

¿Te consideras una persona íntegra? ¿En qué fallas?