¡Prefiero una persona Real que no una con un perfil perfecto de Instagram!

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A día de hoy queremos gente «perfil perfecto de Instagram»

Aquellas personas que hayan estado en lugares increíbles en vacaciones. Que cada cierto tiempo pongan fotos «picaronas» y muestren el cuerpo por el que soñamos devorar una noche de verano.

Aquellas personas que salgan todos los sábados por ahí y nos demuestren que se lo pasan bien, que se ríen y que tienen gente variada como grupos de amigos.

Aquellas personas que nos demuestren que saben de lo que hablan, aunque sean una frase «usada» de un libro que está de moda.

Aquellas personas que sean perfectas, aunque sepamos que tienen un par de filtros encima de ellos.

Queremos la perfección en todos los aspectos de nuestra vida.

Queremos una persona nos haga reír , inteligentes, que sepan lo que nosotros sepamos y que en definitiva, nos hagan una vida mejor.

Es decir, una vida Instagram.

Una vida en la que todo es bonito, ideal a pesar de que sepamos que todo lleva varios filtros por encima

Podría hablar de una vida Instagram, con toques de pensamiento Mr.Wonderful, con actitud de algún gurú de la actitud y toques que nos hagan saber que toda nuestra felicidad, éxito y abundancia empieza en el cerebro, que con solo eso te puedes echarte a dormir y esperar.

¿Y dónde queda el lado oscuro? Mejor que lo vea otra persona, nosotros queremos´, éxito, felicidad a raudales. Sin esfuerzo, sin lamentos y ni mucho menos con conversaciones incomodas.

No queremos «lo bueno, bonito y barato», a día de hoy queremos «Lo excelente, lo mejor y lo más caro». Pero eso si sin esfuerzo.

Con el paso del tiempo, todos nos hemos ido quitando den nuestra vida a gente, nuestra agenda ha ido disminuyendo. En definitiva, nos hemos quitado gente Instagram.

Gente que pensábamos que era de una manera y no era así como era en realidad.

Sus seguidores eran 3 reales, no 20.000 comprados.

Tenía más episodios de tristeza que fotos ponía en sus redes.

Y con un ego que tapaba «sus vergüenzas emocionales».

Nos pasamos la vida diciendo que somos seres de éxito, que todo el mundo quiere estar con nosotros, que nos rodeamos de lo mejor del «mundo mundial» y que siempre estamos sonriendo. Y si para eso hay que comprar «seguidores», hay que reírle las gracias a personas que no aguantamos para ponerlas a «parir» cuando se den la vuelta o utilizamos «cualquier cosa o persona» para ocultar lo que realmente sentimos……LO HACEMOS.

Pero si , leemos libros de desarrollo personal, vamos a retiros espirituales o ponemos fotos «zen» para que sepan los demás que estamos a la última.

Cada uno puede hacer lo que le dé la p… gana, desde luego. Faltaría más…. ¿Pero qué estamos haciendo? ¿Hablar de una cosa que luego ni por todo el oro del mundo se nos ocurriría hacer? ¿Ocultar nuestra realidad bajo filtros para sentirnos queridos y aceptados por los demás? Pero yo te pregunto….¿Te aceptas a ti mismo? Cuando «rascas» un poco debajo de los filtros de esas personas , rápidamente se derrumban cuando encuentran a alguien que ve más allá del «filtro New York» con el que lleva años instalado.

Cada día quiero más gente con «heridas» en su vida.

Que acepta que no es perfecto. ..

Que llora por los esfuerzos que está realizando…

Que se lamenta por lo que está viviendo pero que sabe que le hará más fuerte..

Que tiene pensamiento crítico y no cree en todo lo que ve hasta que no investiga realmente si lo que ves es verdad…

Que tiene un sueño y lucha por él a pesar de lo que le digan los demás, a pesar de las cosas y seguridad que haya dejado atrás…

Que no tienen miedo a mostrar sus sentimientos y «vergüenzas» no vaya a ser que alguien se aproveche de ellos…

Que aceptan «conversaciones incomodas» porqué saben que hacen más fuertes las relaciones entre personas y no evitándolas.

Son las personas Real y no las personas Instagram.

Cada uno que haga lo que quiera, pero ¿Qué ocurriría si fuéramos por la vida sin filtros y mostrando nuestra realidad?

¿La he cagado?

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El ser humano siempre ha tenido una máxima:

NO CONFUNDIRSE.

No quiere confundirse a la hora de escoger una pareja, encontrar trabajo, escoger las mejores entradas de cine para ir con tu pareja o a la hora de dar un giro radical a su vida.

En ese momento, a pesar de que realmente es lo que quieres hacer y sabes que es lo que tienes que hacer, la duda entra en juego.

Unos dirán que es nuestro ego, otros las presiones de la sociedad y otros que realmente no confías en ti mismo. Ponle el nombre que quieras, será correcto y respetable, pero que la duda siempre va a estar a pesar de que hagas lo que quieres, ni los más «Iluminados» se libran de ella.

¿Pero por qué pasa?

Porqué pensamos que no alcanzaremos la ilusión que tenemos.

Porqué paramos y vemos hacia dónde nos queremos encaminar y nos da respeto, algo que no habíamos pensando.

Porqué abrimos los oídos y escuchamos de más a las personas que nos rodean y dicen que nos quieren.

Porqué nos damos cuenta que dejamos atrás el pasado, al cual estamos apegados por un futuro que no sabemos si llegaremos. Preguntándonos por el camino ¿Y si me quedo en medio sin conseguir una cosa y perdiendo otra?

Hablamos mucho del cambio, que en momentos de oscuridad hay que cambiar, llenamos los blogs de artículos de cómo cambiar y todo es tan bonito…Pero es uno de los procesos más duros que el ser humano siente a pesar de que apueste por él.

¿Y qué pasa cuando escuchas más a la realidad, haces más caso a las presiones y abres los oídos a la normalidad que no a lo extraordinario?

QUE EMPIEZAS A PREGUNTARTE : ¿Dónde leches me he metido?

La ansiedad empieza a transformarse en negativa. Esa ansiedad que antes te habia servido para cambiar, como palanca para un nuevo futuro, ahora es la palanca a tu ansiedad, nerviosismo y dudas.

¡PARA y ECHA LA VISTA ATRÁS!.

¿Por qué diste el cambio que diste? Puede ser por qué no aguantabas más una relación toxica, porqué haciendo lo que haces ahora te sientes más feliz que estando en un trabajo 8 horas aguantando mierdas, gritos e insultos…Puede ser por cientos de motivos que ahora mismo has olvidado. Así que vuelve los a recordar, a recordar porqué diste ese paso adelante que ni tú mismo a veces te crees que hayas podido dar.

¿CÚAL FUE EL MOTIVO DE TU CAMBIO? NUNCA LO OLVIDES.

Pregúntate también otra cosa:

¿QUÉ HAS GANADO DURANTE EL CAMINO EMPRENDIDO?

Me da igual que hayas dado un paso pequeño como 2 grandes, me importa poco, porqué todos de alguna manera han ganado algo, han aprendido algo desde el momento en el que diste el paso.

Has podido crear cosas que ni tú mismo te imaginabas, hacer cosas que para ti eran imposibles , vivir momentos únicos e inolvidables que en tu anterior vida eran imposibles,…Lo que sea, pero seguro que has aprendido y experimentado algo, que hasta la fecha jamás olvidarás.

¿POR QUÉ NO LOS RECUERDAS Y LOS APUNTAS PARA QUE NO SE TE OLVIDEN?

También me gustaría preguntarte otra cosa:

¿ES MÁS IMPORTANTE EL CAMINO O LA META?

Pensamos que cuando cambiamos vamos a ser felices y comeremos perdices, que todas las empresas se van a pelear por nosotros y que vamos a conseguir el éxito que nos merecemos.

La vida no es la suma de metas alcanzadas, sino de pasos dados cuando los demás están parados.

Y cuando no lo alcanzamos a la primera, ¿Qué es lo que pasa? Que nos venimos abajo. Cuando vemos que quizá nuestras habilidades no son las todavía adecuadas , cuando no tenemos los contactos necesarios o la repercusión para que nos llamen a ciertos eventos, nos venimos abajo.

Pensamos que ya que hemos dado el cambio nos merecemos el éxito al primer intento, porqué sino ¿para qué hacerlo? ¿para que esforzarse?

No te aseguro que alcanzarás la meta con la que has soñado, con la que te imaginabas nada más empezar que llegarías. Quizá alcances otras que ni te imaginarias, otras mucho mejor a las establecidas… Pero te aseguro una cosa, que cuando eches la vuelta atrás seguro que siempre pensarás una cosa:

NI LOCO VUELVO A DÓNDE ESTABA ANTES.

Queremos tener el destino a nuestra merced, algo que es imposible. Pero si sabes hacerlo, ya me dirás cómo lo haces, porqué yo no lo sé.

Lo que sí sé, que siempre dudaremos si hacemos caso a las normas establecidas, a lo que dicen los demás, a lo que dicen las personas que intentaron algo en su día y no lo consiguieron, a los que quieren dominarte, a los que no quieren verte feliz, a los que temen perderte,…. en definitiva a los que no quieren lo mejor para ti, si así es lo que tú crees.

¿Por qué dudas si sabes que estás haciendo lo mejor para ti?

Date tantas oportunidades como puedas, porqué si te vas a dormir con la conciencia tranquila, en paz, desarrollando tu creatividad, sintiéndote mejor persona…

¿POR QUÉ DUDAS?

La Cultura del Sufrimiento

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Si no sufrimos no somos personas que se merecen el éxito y mucho menos la felicidad.

Durante muchos años hemos sido educados en la cultura del sufrimiento.

Si no sufrías para aprobar, eras un vago.

Si no sufrías por amor, eras un bicho raro.

SI no sufrías hasta encontrar un trabajo, tenías mucho suerte o muchos enchufes.

SI no sufrías por ser reconocido como un experto o influencer, es que no eras nadie.

Si no sufría tu empresa un fracaso, es que algo raro había que no querías decir.

Si no sufres por amor, es que escondes algo.

Sino sufrimos en esta sociedad, somos unos bichos raros.

Y lo pensé durante mucho tiempo.

Tenía que sufrir para aprobar, aunque se me diera bien la asignatura y con 5 minutos de repaso ya me valía.

Tenía que sufrir por trabajo, aguantando un jefe que no se aguantaba ni él mismo.

Tenía que sufrir haciendo algo que sabía que no me gustaba y todo porqué sino lo hacía, luchaba por lo que realmente sentía, era un «raro» o me pasaba algo mental.

¿Realmente tenemos que sufrir para ser nosotros mismos? ¿Sino sufrimos nunca podremos llegar a ser felices o a sentirnos en paz?

Fue un momento en el que me di cuenta que:

.- Era hora de no callarse lo que sentía o lo que quería hacer

.- En el que la curiosidad se había vuelto a adueñar de mi e investigar aquello que me motivaba.

.- En el que iba dónde quería no donde sufría.

.- Había que apostar por lo que te motivaba y no por lo que te frustraba.

.- Había que dejar atrás a personas que en vez de alentarte y motivarte, te arrastraban

¿A dónde me llevó todas estas situaciones?

.- A no sufrir por lo que querías hacer y no podías sino a luchar.

.- A no decir adios a personas que habían estado en tu vida, sino a darles las gracias por todo lo aprendido y darle la bienvenida a otras personas que te alientan y no frustran.

.- A tomar los lunes como un día más de tu vida y no un día menos para llegar al fin de semana.

.- A crear y no sentir que estaba trabajando. A sentir que estaba disfrutando superandome cada día en lo que me apasionaba.

¿Y ya no sufres? Seguro que estará pensando alguien algo parecido.

No quiere decir que ya no sufras, que ya todo sea una felicidad intensa y constante ( algo que no existe ), todo alegría y amor.

Lo que pasa que pasa de sufrimiento, dolor, angustia a un sentir de la incertidumbre que te provoca ir un paso más allá y no te limita, como pasaba antes.

Ese es el cambio que observaremos :

El sufrimiento no te limitará, sino que te provocará a superarlo y aprender de él.

Te levantas y al encender la televisión, solo ves desgracias y sufrimiento.

Sino es por el paro, por el gas, por una cosa u otra, TODO ES SUFRIMIENTO.

Y si nosotros no sufrimos, ¿Somos malos seres humanos?

No.

Como bien decía Viktor Frankl: «Entre el estímulo y la respuesta hay un espacio. EN ese espacio tenemos el poder de elegir nuestra respuesta. En nuestra respuesta se encuentra nuestro crecimiento y nuestra libertad».

Ten el valor de decidir si quieres sufrir o quiere vivir.

Ten el valor de luchar por lo que quieres y no sufrir por lo que no sientes.

¡¡Una cosa es ser optimista, otra inconsciente!!

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«Yo no me enfado. Nunca me he enfadado. Siempre quiero que todo el mundo a mi alrededor esté bien, feliz y en armonía».

Esta frase la acaba de comentar un participante de un programa de citas que todos conocemos.

Una frase que me ha hecho querer escribir al instante:

No es lo mismo ser optimista que un inconsciente.

Esta situación amorosa que ha acabado como el rosario de la aurora me recordaba a un capítulo de los Simpson en el que un directivo positivo, optimista y alegre acude a ayudar a Homer en sus habilidades como jefe de la central. Al igual que la cita amorosa, todo quedo arrasado.

Creo que el optimismo extremo que la industria de la felicidad está creando además de personas frustradas cuando viene un problema, a verdaderos inconscientes.

Inconscientes que piensan que la felicidad es una situación constante en la que se puede vivir el resto de los días.

Inconscientes de que todo el mundo tiene un lado bueno…. Y muchas más cosas, que lo único que provocan que cuando venga una situación que no sepan digerir, les afecte mucho más que a otras personas.

Ese inconsciente no quiere ver la realidad. Ni tampoco estoy diciendo que hay que ser siempre negativos, sino coherentes.

Yo a esas personas, las llamo «Un mundo ideal». Todo es bonito, todo es precioso, todo es genial.

Y desde luego hay que ser optimistas, pensar que uno puede conseguir salir de la situación en la que se encuentra, que puede perder kilos que has ganado por tu inacción….

Se puede ser y se debe ser optimista en la vida. Pero no un inconsciente.

Un inconsciente que en el fondo no sabe gestionar sus emociones.

Siempre cree que la vida es alegría, felicidad,… en la que no hay gritos, no hay caídas y en la que es imposible uno enfadarse consigo mismo y con los demás.

Con motivo del libro «Mentes Creativas. Cómo pasar de lo ordinario a lo extraordinario«, hubo una frase de Daniel Lacalle que me impactó como consejo a sus hijos: «Siempre les digo que se preparen para lo peor».

No considero que ese consejo les haga ver que todo es negativo, que hay que ver el lado negativo de las cosas, sino lo que les está diciendo es que siempre sean mejores, que no se conformen a pesar de que las cosas se consideren que «van bien» porqué todo puede ir a mejor aún. Pero todo sobre todo ser coherentes y no creer que todo es «ideal», sino que también la vida tiene sus momentos negativos y difíciles.

Creo que estamos creando con esta industria de la felicidad no a optimistas, sino a inconscientes que no quieren ver la realidad. Y cuando les toca gestionarla, no saben.

Desde luego que optimismo se viven mejor, hay fe, coraje y consistencia.

Con inconscientes, mejor no saber a dónde nos pueden llevar.

¿Los secretos nos dan seguridad?

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Desde pequeños hemos tenido una relación con los secretos.

Nos guardábamos para nosotros que habíamos sido nosotros quien había roto los platos y no el gato como habíamos expuesto.

¿Y quién no decía que no habíamos hecho los deberes y que la culpa la tenía el perro del vecino?

Nos decían que mentir era lo peor que podíamos hacer. Que mentir significaba perder la confianza de las personas que nos querían si descubrían que estábamos ocultando algo.

Unos hacían caso y decían todo, vomitaban la verdad porque como buen ser humano, queríamos siempre el reconocimiento de nuestros padres, de nuestros mayores. Otros seguían callados y mantenían su secreto, como lo que debía ser, en secreto.

Pero de mayores seguimos ocultando muchas otras cosas:

.- Una orientación sexual

.- Que hemos dejado nosotros el trabajo y que no nos han echado.

.- Que no aguantamos a la pareja de nuestra hermana o hermano pero pones buena cara porqué es de familia.

.- Que llegaste más tarde de la hora que prometiste llegar…

.- Que tienes un amante que disfrutas mucho más que con tu pareja…

Aún a día de hoy, sigo conociendo gente que se sorprende al darse cuenta de los secretos que mantenía la gente. Y que seguirá manteniendo.

Utilizamos los secretos como nuestros «peluches para dormir«. Con ellos nos sentimos seguros, estamos tranquilos, nos sentimos nosotros mismos.

Y que nadie los descubra, que nadie sepa que no somos felices y si haciendo otra cosa totalmente diferente a lo que los demás esperan de nosotros. Que no sepan que nuestra pasión es otra y no hacer lo mismo que los demás. Que no sepan que tenemos secretos porqué perderemos la confianza de ellos.

¿Y qué c**** te importa lo sepan los demás si luego no te respetas a ti mismo?

Nos pasamos la vida preguntándonos quienes somos, qué queremos en la vida, cómo pensamos… Leemos libros para descubrirnos, vamos a psicólogos a los que les contamos nuestros secretos pero no tenemos los huevos de gritar a los 4 vientos, que somos como somos, que somos felices haciendo lo que hacemos y que no aguantamos a nuestra cuñada.

No me cansaré de repetirlo, la moda es hablar de autenticidad, de originalidad, de querer a tu lado personas transparentes que te dicen lo que nadie se atreve a decir… pero luego somos los primeros que nos guardamos secretos, por qué no queremos que piensen que somos tal o cual… Pero eso sí, ante todo satisfacer nuestras exigencias.

Los secretos son nuestras islas dentro un océano llamado sociedad en el que sentimos que hay que vivir con las caretas que nos han impuesto. Por eso esos secretos son donde nos sentimos nosotros mismos, donde la coherencia hace acto de presencia y donde nuestra conciencia puede descansar un rato de estar mintiendo todo el día.

Muchas veces hablando con personas sale la conversación que no entienden que no sean felices. La conversación prosigue y sin querer ellos mismos empiezan a sacar a la luz secretos, que en el fondo lastran su felicidad.

El título del artículo preguntaba que si los secretos nos dan seguridad y te diré SI y NO.

Si porqué nos sentimos nosotros mismos en ellos.

Pero NO porqué son un lastre para nuestra autenticidad, coherencia y en definitiva, felicidad.

Podemos decir que somos la suma de nuestras acciones y no acciones, de lo que decimos y de lo que no, pero también somos la suma de los secretos que tenemos y que no expresamos.

Los secretos son un caparazón contra la vulnerabilidad. Esa sensación de sentirnos desnudos ante los demás porqué nos pasa tal o cual cosa.

Los secretos los tomamos como nuestro refugio ante la vergüenza que sería que supieran como somos, que queremos de verdad en la vida. en una sociedad que nos desterraría para luego reírse de nosotros mientras marchamos del rebaño.

¿Qué hacer con ellos?

Lo que quieras pero siempre acaban arrastrándote en tu día a día, en las relaciones con los demás y en definitiva, con tu felicidad.

Tú decides.

¿Por qué nos mentimos?

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Desde pequeños nos han dicho que mentir está mal.

Tenemos que ser sinceros con papa y mama. Tenemos que ser sinceros con nuestros profesores y nuestra falta de atención en clase. Tenemos que ser sinceros con los abuelos que nos cuidan mientras los papas no están.

Nos han inculcado que la mentira es perjudicial para nuestra salud «como buenas personas».

Y es lo que intentamos hacer, no mentir para tener a nuestros padres contentos, a nuestros abuelos felices por los buenos nietos que somos y que nuestros profesores vean que somos «chicos de bien».

Pero llegamos a la edad «inmadura» y realmente lo que hacemos es seguir mintiendo y mintiéndonos. Que eso es aún peor.

Nos encanta mentirnos con la vida llevamos, nos encanta mentirnos con las relaciones que tenemos, adoramos mentirnos con el trabajo que tenemos…Nos pasamos la vida mintiéndonos y mintiendo a los demás respecto a todo.

¿Por qué?

Porqué ir de sinceros, transparentes, reconocer nuestros malos momentos o nuestros momentos de felicidad porqué estamos viviendo nuestro sueño. Es vivir en la incertidumbre, en la cuerda floja, en la envidia de los demás, en el qué dirán, en recibir prejuicios y etiquetas pero muy poca comprensión.

Nos mentimos porqué así creemos que estamos alcanzando los cánones de lo que es normal para la sociedad.

Nos mentimos que tenemos una relación ideal a una cierta edad cuando realmente no nos soportamos.

Nos mentimos cuando decimos que tenemos el trabajo de nuestra vida y los domingos por la tarde estamos deseando que haya un nuevo confinamiento para no ver al jefe de los ….

Nos mentimos cuando decimos que tenemos éxito en redes sociales, en nuestra vida profesional y todo está basado en mentiras y seguidores comprados para aparentar algo que nos gustaría conseguir y sabemos que por nosotros mismos, nunca lo alcanzaríamos.

Podría estar días y días hablando de diferentes maneras de mentirnos y mentira a los demás que hay en la actualidad… ¿Y qué ganamos con ellos? Aparentar algo que no somos, si se lo acaban creyendo.

Aparentamos que nos va bien la vida por qué no queremos ser el «tonto» del pueblo que a cierta edad no tiene pareja y mucho menos hijos, que no tiene trabajo y en definitiva, que no le va bien la vida.

¿Pero quién no le va bien? ¿ A La sociedad y esas normas que no sabemos de dónde han salido que si no cumples y solo crea gente frustrada que no alcanza esas normas o prejuicios? ¿O aquella persona que le da igual las normas y lo preestablecido y solo quiere ser quien sabe que es y lo acaba consiguiendo?

Hablamos mucho de autenticidad, originalidad y transparencia. Pero seamos sinceros, la presión de la sociedad. Queremos ser aceptados, queremos ser queridos y jamás ser denostados, por diferentes, raros, únicos, especiales o por fracasados.

Recientemente me encontraba con una persona que me mentía en la cara con un tema, ya que sabía cuál era la situación del mismo. ¿Por qué me mentía? Porqué quería aparentar que todo seguía igual, que a pesar de que las situaciones habían cambiado , él seguí triunfando, algo que no era así.

¿Para qué mentía? ¿Para aparentar algo que no era la verdad? ¿Cómo se quedará esa persona luego sabiendo que lo que decía no era así?

Mentimos para aparentar pero nos mentimos creyendo que hemos conseguido algo que no es así.

Nos mentimos por qué no nos aceptamos.

No aceptamos que en ese momento no hemos conseguido lo que antes haciamos.

No aceptamos que el vecino sea feliz y nosotros lo único que hagamos es llorar por la vida de mierda que creemos que tenemos.

No aceptamos que no consigamos el éxito haciendo lo mismo que los demás cuando en realidad sabemos que lo haríamos si hiciéramos lo que sentimos.

No aceptamos la realidad ni nos aceptamos a nosotros mismos Y como aceptar la realidad es duro, un proceso complicado, es mejor mentirnos, mirar a otro lado y hacer creer a los demás que somos algo, que ni nosotros mismos nos creemos que somos.

Hablamos de salud mental, y yo me pregunto ¿Qué ocurriría si aceptáramos lo que sentimos y quiere nuestro corazón? Con ello dejaríamos de mentirnos y mentir a los demás y Quizá otro gallo nos cantaría.

Pensar, Ver y Crear, ¿3 verbos malditos?.

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La creatividad es la mayor expresión del ser humano.

A través de ella expresa sus emociones, su visión, su forma de ver la vida.

A través de ella no pretende dejar una huella en la vida de los demás, eso es una consecuencia. Sino quiere convertirla en su forma de vivir, en su felicidad… Y si con ello ayuda a otras personas, ¿Qué más se puede pedir?

Pero para desarrollar nuestra creatividad, HAY QUE PENSAR. Y eso no nos gusta nada.

Hace unos días volví a tener un deja vu. En dicha conversación me decían porqué no acudía a determinadas conferencias, en las que a los asistentes les hacían bailar, reírse de forma forzada y darle a una pelota como si fuera un concierto de «Parchís» queriendo volver a ser niños….Que eran lo mejor del mundo. Y quizá para muchas personas les sirven, les ayudan.. pero tengo que reconocer todavía no conozco a una persona que después de 45 minutos de la conferencia, recuerden qué se ha dicho en la misma.

¡Ninguna!.

¿Qué estamos haciendo?

Utilizando «placebos» del tipo que tú quieras para no pensar. Como dicen, para vivir con el «piloto automático», en el que la rutina, saber lo que vendrá es más importante que realmente lo que nosotros pensemos o queramos hacer.

Y ¿Cuál es el motivo?

Que no queremos pensar.

Pensar qué nos gustaría de verdad hacer con nuestra vida…. Con lo que queremos estudiar, con lo que es mejor para nosotros según nuestros intereses… Descubrir nuestro intereses y ver.

Porqué tras pensar, empezamos a ver. Y eso tampoco nos gusta. No nos gusta ver qué quizá hemos «perdido» el tiempo en algo que realmente sabíamos que no iba a llevar a ningún lugar y no hacer lo que nosotros queríamos hacer.

Ver es abrir los ojos, es aceptar lo que hemos hecho y también lo que no hemos hecho. Es empezar a hacernos cargo de nuestras acciones y decisiones.

Si no queremos pensar, no queremos ver, ¿Cómo podemos crear algo?

¡IMPOSIBLE!.

Pero eso de ser autentico, único, inigualable,… mola mogollón. Pero a la hora de la verdad, pensar, ver y crear son 3 verbos malditos que pocos quieren experimentar.

Si no piensas, no te puedes dar cuenta de cómo está yendo tu vida, de tus intereses, de lo que realmente quieres y de cómo ves la vida.

Si no quieres mirar, solo verás aquello en lo que crees. Creyendo que el mundo solo está formado por tus creencias, por aquellas ideas que no te «hacen dudar».

Y con todo ello, nunca llegaremos a crear nada. Bueno podremos copiar, replicar, fotocopiar ideas que nos gustan, ideas que sentimos que nos harán «parecer» diferentes, pero nunca lo llegaremos a ser.

¿Por qué?

PORQUÉ NOS DA MIEDO PENSAR.

Porqué cuando pensamos nos damos cuenta de muchas cosas…

Que queremos otras cosas en la vida y no lo que estamos haciendo hasta la fecha.

Que podemos hacer lo que siempre hemos querido hacer y mientras tanto hemos estado «gastando» el tiempo que no invirtiéndolo en una vida, «cómoda» pero que no nos daba lo que realmente nosotros queríamos.

¿Pero por qué no pensamos?

PORQUÉ EL SER HUMANO ES MUY VAGO.

Damos el poder de nuestros pensamientos a los demás. Creemos que los demás pensarán mejor por nosotros que nosotros mismos. Y lo que estamos haciendo a la larga, es matando nuestra creatividad, nuestras ideas y nuestro pensamiento crítico.

Hablamos del coraje, aplaudimos a historias personales que han conseguido cosas «increíbles» que pensamos que nunca podremos alcanzar, pensar o idear…. ¿Y luego qué hacemos? Dudar de que nosotros podemos hacer algo igual y todo porqué nos da miedo pensar.

¿Pero es fácil pensar?

Desde luego que no.

Y más en un mundo donde las presiones para seguir lo establecido, dónde por mucho que digamos el miedo reina a sus anchas y dónde las modas triunfan sobre la autenticidad.

Dice una frase así de Epíteto «Somos aquello en lo que nos enfocamos». Si no pensamos nos enfocamos en lo que hacen los demás, en cómo piensan los demás, en cómo creen sentir los demás… ¿Y así crearemos algo diferente a los demás?

¡NO!

Si queremos nuestra felicidad, si queremos vivir de nuestra creatividad, si queremos dormir en paz… No tengas al MIRAR, AL CREAR, AL VER, como los verbos malditos que dicen que son.

Contra el «estreñimiento mental»…

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Y yo que pensaba que tras la pandemia, el estreñimiento se iba a acabar.

La gente iría por la calle sonriendo, las calles serían como los años 20, de locura, alegría y diversión.

La gente ya no ocultaría lo que sentía, diria lo que pensaría sin importarle lo que puedan decir los demás, porque saben que la vida es una y hay que vivirla, se trata de sentir, no de mentir.

Pensé que después de la pandemia, por fin haría la gente lo que siempre habían querido hacer, porqué sabían en primera persona que un día puedes estar aquí pero mañana ya no. Que eso de posponer nuestra felicidad cuando nos jubilemos o cuando tengamos dinero no vale, que es ahora o nunca.

Pensé que después de la pandemia, el trabajo no deseado, el que odias los domingos por la tarde y con el que te acuerdas de todos los «familiares» de tu jefe, iba a dejar de ser un estreñimiento «personal y profesional», pero por lo visto sigue siendo igual.

Lo que había dejado de oír durante dos años, «el cagarte en el jefe, el sentirse incomprendido por tu pareja o el acudir a reuniones con amigos que no te apetecen…» cada día lo vuelvo a oír más.

Y no hace falta te lo diga yo sino me crees, solamente mira a la gente paseando por la calle. Callados, sin hablarse entre si, mirando al móvil y sin una sonrisa en sus labios.

Vivimos en un mundo estreñido. Que prefiere vivir en silencio el «dolor» de la infelicidad en su relacion sentimental, en el trabajo y en definitiva en su día a día, mostrar al «aire» su herida y dejar que sane.

Las cosas no han cambiado, las cosas siguen igual, haya pandemia, guerra o una varicela.

Seguimos prefiriendo ocultar nuestras miedos y frustraciones porqué si lo hacemos, pensamos que el panorama será peor que si apostáramos por nosotros mismos, si cogemos las riendas de nuestra vida.

¿Qué hemos aprendido? NADA.

¿Qué soluciones hemos puesto en marcha durante todo este tiempo? NINGUNA.

Pero eso si, hay que leer muchos libros de motivación, hay que ir a conferencias o hacerse fotos con los «gurús» de turno para que los demás vean en redes sociales, que somos unos seres conscientes.

SI lo fuéramos, no usaríamos «placebos» para creernos y hacer creer que somos unos seres de luz, empáticos y en paz con nosotros mismos.

Diríamos:

Durante este tiempo he ido «estreñido» con mi vida, porqué no he hecho esto, no he dicho lo otro y he estado mintiéndome.

Es un método fácil, rápido e indoloro. Porqué no duele, más bien te alivia, reconocer qué ha pasado, qué has estado viviendo.

Seguimos posponiendo nuestra felicidad, nuestros deseos y aún así leyendo libros de la felicidad pensando que así la atraeremos.

Cierra el libro, deja de bailar, de gritar y reconoce a viva voz lo que realmente te pasa Empezarás a notar que el » tapón » que te limitaba, empieza deshacerse.

Pero ahí no ha acabado todo: DEBES PONERTE MANOS A LA OBRA.

No importa si el paso es pequeño, enano o enorme para ti, lo importante que una vez hayas aceptado porqué estás asi, empieces a actuar para que el «nudo» no vuelva a ocurrir.

Este estreñimiento que vivimos es respetable, es aceptable. No todos sabemos gestionar nuestras emociones, no todos tenemos el coraje de ser nosotros mismos ni expresar lo que sentimos cuando lo estamos viviendo.

Es normal. Pero luego no nos quejemos, no pongamos excusas de cómo nos encontramos , cuando realmente todos sabemos cuál es la solución:

RECONOCERLO Y PONER MANOS A LA OBRA.

Cada día creo es mucho más fácil todo. Sin embargo somos nosotros mismos quienes nos da miedo ser nosotros mismos.

¿Qué pasaría si viviéramos en un mundo menos «estreñido»?

A lo mejor estoy hablando de una utopía y siempre haya gente que le interese más, ocultar sus emociones, lo que realmente que quiere y seguir en la situación en la que está. Pero como siempre digo, pero luego no te quejes un día que has sido consciente de lo que has hecho y te lamentas del tiempo perdido.

Porqué el tiempo no vuelve y la frustración siempre permanece.

Contra el «estreñimiento mental», coraje y acción.

El trabajo que mucha gente detesta.

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¿Cuál es el peor trabajo que has podido realizar? y ¿El que nunca aceptarías?

Son dos de las preguntas que últimamente he hecho a la gente. Quería saber que consideraban ellos como «un trabajo repugnante», o cuáles eran los límites que tenían a la hora de trabajar.

Muchos decían que vendedor, otros trabajar en una funeraria, en una cadena de comida rápida…Pero recibí un mensaje que me ha hecho pensar. ¿Qué me contestó?

El peor trabajo que uno puede realizar es ser uno mismo.

Al principio no estaba de acuerdo con él. Pero lo hacía desde todo el proceso que había vivido y sigo viviendo durante todo este tiempo ( Porqué nunca acabarás de conocerte y descubrirte al 100%). Pero luego me di cuenta, que ser uno mismo , no es un trabajo muy gratificante.

No es gratificante que la gente te vea como un «bicho raro» cuando dices lo que sientes. Aunque ellos se peleen para ver quién ha leído más libros de desarrollo personal que nunca llegarán a a poner en marcha.

No es gratificante ver como luchas por tu autenticidad y luego ves como gente «mentirosa», que urde sus planes desde la manipulación, consigue resultados mucho antes que tú, que luchas porqué vean algo diferente.

No es gratificante ver como te esfuerzas y solo recibes incomprensión, rechazo y dudas. Y todo porqué la gente no quiere entender que estás luchando por encontrarte y/o que por fin has encontrado algo por lo que levantarte de la cama todos los días, aunque sea festivo.

NO es el trabajo más gratificante, ya que los resultados no los ves dentro de las 8 horas de trabajo, ni tampoco dentro del próximo quinquenio que te da la oportunidad de acceder a beneficios en la empresa. Quizás verás los resultados mucho tiempo después y la paciencia tiene un limite. Pero tiene un limite para quién no cree en lo que está haciendo, quién piensa que es un placebo para alcanzar el éxito de forma rápida.

No es gratificante ser uno mismo en un mundo de presiones, en los que los sueños tienes que dejarlos para cuando te jubiles, (si lo consigues) y en el que tienes que cumplir unos cánones si realmente quieres ser aceptado.

No es gratificante tener un concepto de felicidad totalmente distinto al de los demás. No crees que la felicidad es comprar seguidores en Instagram, mentir sobre la vida que llevas o las relaciones que tienes o mentir a las pocas personas que todavía te hablan.

Lo pensaba y estaba con él, no es gratificante el trabajo de ser uno mismo en este mundo.

Pero siento decirle, que también es el trabajo que más satisfacciones te dará nunca.

¿Y tú que trabajo crees que es el menos gratificante del mundo: ser uno mismo?

¡Cómo nos gusta vivir bloqueados por el miedo!

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Hoy paseando me he dado cuenta:

¡Cómo nos gusta vivir bloqueados por el miedo!

Abres la puerta de casa y de nuevo los atascos forman parte del día a día. El miedo al llegar a un trabajo que odiamos nos hace que nos acordemos de la familia entera del conductor del coche de delante.

Llegamos a una oficina en la que recordamos como eran los primeros días, aquellos días en los que pensábamos que nuestros trabajo por fin sería tenido en cuenta, en la que nos contarían todo lo que pasa y la información correría sin ningún tipo de problema. Y meses después, de todo lo que nos dijeron, nada se ha cumplido. Pero cuando lo digo, siempre me responden lo mismo, tengo que aguantar que ahora con la crisis, ya sabemos como están las cosas..

Llegamos a casa y nos seguimos «cagando» en todo el árbol genealógico del conductor de al lado que nos ha hecho una pirula cuando intentábamos cambiarnos de carril.

Pero en casa la situación sigue igual. Compramos seguidores para nuestro «proyecto personal», para que los demás vean que somos expertos, que crean que sabemos de lo que estamos hablando y que hay gente de todo el mundo, que nos sigue. Todo esto lo hacemos, porque tenemos miedo al esfuerzo, a alcanzar la meta de «experto» mostrando nuestras ideas y nos puedan llamar «locos». Y como tenemos miedo a ser nosotros mismos, preferimos coger el atajo que nos han dicho que nos lleva a la misma meta.

Sin embargo, la cosa no queda ahí. Preferimos aguantar relaciones sentimentales y/o de amistad por el miedo a quedarnos solos. Aguantamos relaciones que lo único que nos hace en «ponernos de los nervios» o «dolor de cabeza». Pero no hacemos nada , porqué preferimos vivir siendo cómplices de nuestra infelicidad que responsables de nuestras acciones y éxitos.

Ya hemos vuelto a la ANTIGUA NORMALIDAD.

Aquella en la que reprimíamos nuestros sentimientos , no vaya a ser que piensen que somos «raros» o vete a saber tú qué.

Seguimos ocultando nuestros deseos porqué en estos momentos, mejor tenerlos ocultos para cuando podamos hacer realidad nuestros anhelos.

Hemos vuelto a la normalidad, a olvidarnos aquellos que decíamos que íbamos a cambiar, a decir todo lo que sentíamos porque pensábamos que mañana quizá ya no íbamos a estar en este mundo, a intentar hacer realidad lo que siempre hemos sentido que debíamos hacer y no aguantar más lo que no soportábamos.

Pero ¿Qué ocurre?

Que ese coraje que teníamos que se nos iba por la boca, era eso, puro postureo.

Ahora que hemos vuelto a la ANTIGUA NORMALIDAD, ya nos hemos olvidado de todo, ya hemos vuelto a nuestro papel de victima en la que echarle la culpa de todo a todo el mundo menos a nosotros mismos.

En el fondo, nos gusta vivir bajo el «yugo» del miedo.

Del miedo a ser nosotros mismos como sabemos que somos y que poca gente conoce. Del miedo a decir lo que sentimos y que nos haría ir por la vida con la cabeza más alta de la que hablamos habitualmente. Del miedo a levantarnos todas las mañanas de la cama camino de un trabajo que no soportamos mientras soñamos qué sería de nosotros si hiciéramos realmente lo que nos apasiona.

Si volver a la «Nueva Normalidad» es volver a renunciar al compromiso con uno mismo, a tener el coraje de hacer y decir lo que siente uno, pase lo que pase, caiga quién caiga…YO NO ME APUNTO.