¿Por qué nos mentimos?

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Desde pequeños nos han dicho que mentir está mal.

Tenemos que ser sinceros con papa y mama. Tenemos que ser sinceros con nuestros profesores y nuestra falta de atención en clase. Tenemos que ser sinceros con los abuelos que nos cuidan mientras los papas no están.

Nos han inculcado que la mentira es perjudicial para nuestra salud «como buenas personas».

Y es lo que intentamos hacer, no mentir para tener a nuestros padres contentos, a nuestros abuelos felices por los buenos nietos que somos y que nuestros profesores vean que somos «chicos de bien».

Pero llegamos a la edad «inmadura» y realmente lo que hacemos es seguir mintiendo y mintiéndonos. Que eso es aún peor.

Nos encanta mentirnos con la vida llevamos, nos encanta mentirnos con las relaciones que tenemos, adoramos mentirnos con el trabajo que tenemos…Nos pasamos la vida mintiéndonos y mintiendo a los demás respecto a todo.

¿Por qué?

Porqué ir de sinceros, transparentes, reconocer nuestros malos momentos o nuestros momentos de felicidad porqué estamos viviendo nuestro sueño. Es vivir en la incertidumbre, en la cuerda floja, en la envidia de los demás, en el qué dirán, en recibir prejuicios y etiquetas pero muy poca comprensión.

Nos mentimos porqué así creemos que estamos alcanzando los cánones de lo que es normal para la sociedad.

Nos mentimos que tenemos una relación ideal a una cierta edad cuando realmente no nos soportamos.

Nos mentimos cuando decimos que tenemos el trabajo de nuestra vida y los domingos por la tarde estamos deseando que haya un nuevo confinamiento para no ver al jefe de los ….

Nos mentimos cuando decimos que tenemos éxito en redes sociales, en nuestra vida profesional y todo está basado en mentiras y seguidores comprados para aparentar algo que nos gustaría conseguir y sabemos que por nosotros mismos, nunca lo alcanzaríamos.

Podría estar días y días hablando de diferentes maneras de mentirnos y mentira a los demás que hay en la actualidad… ¿Y qué ganamos con ellos? Aparentar algo que no somos, si se lo acaban creyendo.

Aparentamos que nos va bien la vida por qué no queremos ser el «tonto» del pueblo que a cierta edad no tiene pareja y mucho menos hijos, que no tiene trabajo y en definitiva, que no le va bien la vida.

¿Pero quién no le va bien? ¿ A La sociedad y esas normas que no sabemos de dónde han salido que si no cumples y solo crea gente frustrada que no alcanza esas normas o prejuicios? ¿O aquella persona que le da igual las normas y lo preestablecido y solo quiere ser quien sabe que es y lo acaba consiguiendo?

Hablamos mucho de autenticidad, originalidad y transparencia. Pero seamos sinceros, la presión de la sociedad. Queremos ser aceptados, queremos ser queridos y jamás ser denostados, por diferentes, raros, únicos, especiales o por fracasados.

Recientemente me encontraba con una persona que me mentía en la cara con un tema, ya que sabía cuál era la situación del mismo. ¿Por qué me mentía? Porqué quería aparentar que todo seguía igual, que a pesar de que las situaciones habían cambiado , él seguí triunfando, algo que no era así.

¿Para qué mentía? ¿Para aparentar algo que no era la verdad? ¿Cómo se quedará esa persona luego sabiendo que lo que decía no era así?

Mentimos para aparentar pero nos mentimos creyendo que hemos conseguido algo que no es así.

Nos mentimos por qué no nos aceptamos.

No aceptamos que en ese momento no hemos conseguido lo que antes haciamos.

No aceptamos que el vecino sea feliz y nosotros lo único que hagamos es llorar por la vida de mierda que creemos que tenemos.

No aceptamos que no consigamos el éxito haciendo lo mismo que los demás cuando en realidad sabemos que lo haríamos si hiciéramos lo que sentimos.

No aceptamos la realidad ni nos aceptamos a nosotros mismos Y como aceptar la realidad es duro, un proceso complicado, es mejor mentirnos, mirar a otro lado y hacer creer a los demás que somos algo, que ni nosotros mismos nos creemos que somos.

Hablamos de salud mental, y yo me pregunto ¿Qué ocurriría si aceptáramos lo que sentimos y quiere nuestro corazón? Con ello dejaríamos de mentirnos y mentir a los demás y Quizá otro gallo nos cantaría.

¿Tienes futurofobia?

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Futurofobia: Dícese de la enfermedad que sufrimos en silencio que a través de los síntomas como no hacer nada aun quejándonos de la situación que tenemos, produce miedo al futuro pero sin acción alguna al respecto.

El ser humano sigue paciendo una enfermedad que le limita, la futurofobia.

Tenemos miedo al futuro que:

.- Le dejaremos a nuestros hijos con el medio ambiente que estamos matando.

.- Que sería dejar a nuestra pareja que no nos sentimos felices con ella.

.- Que sería dejar un trabajo que no nos llena, sino más bien nos limita y amedrenta.

.- Decir lo que sentimos y todo lo que se pueda producir cuando lo oigan

.- A hacer lo que queremos hacer y sientan que hemos defraudado a muchas personas que tenían las expectativas puesta en nosotros.

.- Puede producir el ser y no el dejar de aparentar ser.

Otro síntoma de esta futurofobía es quejarnos.

Nos quejamos de lo que estamos viviendo. Nos quejamos y gritamos a los 4 vientos que no nos merecemos lo que estamos pasando. Nos lamentamos imaginando qué puede pasar si seguimos así…

¿Pero qué haces al respecto?

¡NADA!

Con estos dos síntomas puedo asegurarte que tienes futurofobia.

Son personas que durante mucho tiempo siempre les estarás oyendo el mismo tema, sus quejas, lamentos, miedos y sollozos ante una situación que están pasando. Pero cuándo les preguntas o «recomiendas» que hagan tal o cual cosa, sin preguntar cómo se haría, sin darle una oportunidad… lo primero que hacen es responderte con frases así: «¿Estás loco o qué? Yo jamás podría hacer eso…». Una confirmación aún mayor que reafirma que está sufriendo la FUTUROFOBIA.

¿Pero la sociedad padece futurofobia?

Yo creo que sí. Y desde luego sin generalizar.

A día de hoy sigue habiendo una pandemia entre nosotros, una guerra, una crisis global…. Y aunque nos quejamos, lamentamos por lo que estamos pasando, por lo que puede venir….¿Pero qué estamos haciendo?

Dejamos que los demás tomen las decisiones y así si se confunden, ahí si les echaremos la culpa cuando en realidad tendríamos que haber cogido la «sartén por el mango» y empezar a crear, a hacer y a solventar el problema que tenemos.

Y seguro que habrá gente que dirá: «David, pero el tema de Ucrania nosotros no podemos hacer nada, el tema de la inflación no podemos hacer nada…» y estoy de acuerdo. Pero quiero añadir, ¿tienes un negocio? Y ¿en serio no puedes hacer nada contra la inflación, contra el miedo a cerrar con tu creatividad para salir adelante? Nada más que añadir.

Creemos que no podemos hacer nada porque el problema es demasiado grande, por qué no tienes herramientas para solucionar el tema.

El miedo hace el problema más grande. Hagámoslo más pequeño y seguro que nos sentiremos con capacidad de hacer y sacar soluciones al respecto.

Sacaremos el coraje para solucionar el problema y cambiar la actitud con el futuro.

Sé que mucha gente dirá ahora: «Vive el presente» es la solución. Estoy de acuerdo, mientras estamos pensando en lo que estamos viviendo o creemos que estamos viviendo, en las consecuencias que pueden pasar… no estamos viviendo el presente. Y ahora la moda es vivir el presente, no pensar más. Algo que hace que hecha «la ley hecha la trampa». Cuando solo piensas que estamos viviendo el presente, no afrontamos el problema, la ambición, la curiosidad .. y por lo tanto no hacemos, solo creemos que sentimos, vivimos, no pensamos.

La futurofobia es la enfermedad que deja dormida a la sociedad. Una sociedad que ve las noticias, se lamenta pero no hace nada por cambiar la situación ( y no te digo de coger una escopeta ), sino de hacer algo, por pequeño que sea.

La futurofobia nos adormece, si queremos crear, si queremos la felicidad de verdad, si queremos un desarrollo, debemos despertar.

Pensar, Ver y Crear, ¿3 verbos malditos?.

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La creatividad es la mayor expresión del ser humano.

A través de ella expresa sus emociones, su visión, su forma de ver la vida.

A través de ella no pretende dejar una huella en la vida de los demás, eso es una consecuencia. Sino quiere convertirla en su forma de vivir, en su felicidad… Y si con ello ayuda a otras personas, ¿Qué más se puede pedir?

Pero para desarrollar nuestra creatividad, HAY QUE PENSAR. Y eso no nos gusta nada.

Hace unos días volví a tener un deja vu. En dicha conversación me decían porqué no acudía a determinadas conferencias, en las que a los asistentes les hacían bailar, reírse de forma forzada y darle a una pelota como si fuera un concierto de «Parchís» queriendo volver a ser niños….Que eran lo mejor del mundo. Y quizá para muchas personas les sirven, les ayudan.. pero tengo que reconocer todavía no conozco a una persona que después de 45 minutos de la conferencia, recuerden qué se ha dicho en la misma.

¡Ninguna!.

¿Qué estamos haciendo?

Utilizando «placebos» del tipo que tú quieras para no pensar. Como dicen, para vivir con el «piloto automático», en el que la rutina, saber lo que vendrá es más importante que realmente lo que nosotros pensemos o queramos hacer.

Y ¿Cuál es el motivo?

Que no queremos pensar.

Pensar qué nos gustaría de verdad hacer con nuestra vida…. Con lo que queremos estudiar, con lo que es mejor para nosotros según nuestros intereses… Descubrir nuestro intereses y ver.

Porqué tras pensar, empezamos a ver. Y eso tampoco nos gusta. No nos gusta ver qué quizá hemos «perdido» el tiempo en algo que realmente sabíamos que no iba a llevar a ningún lugar y no hacer lo que nosotros queríamos hacer.

Ver es abrir los ojos, es aceptar lo que hemos hecho y también lo que no hemos hecho. Es empezar a hacernos cargo de nuestras acciones y decisiones.

Si no queremos pensar, no queremos ver, ¿Cómo podemos crear algo?

¡IMPOSIBLE!.

Pero eso de ser autentico, único, inigualable,… mola mogollón. Pero a la hora de la verdad, pensar, ver y crear son 3 verbos malditos que pocos quieren experimentar.

Si no piensas, no te puedes dar cuenta de cómo está yendo tu vida, de tus intereses, de lo que realmente quieres y de cómo ves la vida.

Si no quieres mirar, solo verás aquello en lo que crees. Creyendo que el mundo solo está formado por tus creencias, por aquellas ideas que no te «hacen dudar».

Y con todo ello, nunca llegaremos a crear nada. Bueno podremos copiar, replicar, fotocopiar ideas que nos gustan, ideas que sentimos que nos harán «parecer» diferentes, pero nunca lo llegaremos a ser.

¿Por qué?

PORQUÉ NOS DA MIEDO PENSAR.

Porqué cuando pensamos nos damos cuenta de muchas cosas…

Que queremos otras cosas en la vida y no lo que estamos haciendo hasta la fecha.

Que podemos hacer lo que siempre hemos querido hacer y mientras tanto hemos estado «gastando» el tiempo que no invirtiéndolo en una vida, «cómoda» pero que no nos daba lo que realmente nosotros queríamos.

¿Pero por qué no pensamos?

PORQUÉ EL SER HUMANO ES MUY VAGO.

Damos el poder de nuestros pensamientos a los demás. Creemos que los demás pensarán mejor por nosotros que nosotros mismos. Y lo que estamos haciendo a la larga, es matando nuestra creatividad, nuestras ideas y nuestro pensamiento crítico.

Hablamos del coraje, aplaudimos a historias personales que han conseguido cosas «increíbles» que pensamos que nunca podremos alcanzar, pensar o idear…. ¿Y luego qué hacemos? Dudar de que nosotros podemos hacer algo igual y todo porqué nos da miedo pensar.

¿Pero es fácil pensar?

Desde luego que no.

Y más en un mundo donde las presiones para seguir lo establecido, dónde por mucho que digamos el miedo reina a sus anchas y dónde las modas triunfan sobre la autenticidad.

Dice una frase así de Epíteto «Somos aquello en lo que nos enfocamos». Si no pensamos nos enfocamos en lo que hacen los demás, en cómo piensan los demás, en cómo creen sentir los demás… ¿Y así crearemos algo diferente a los demás?

¡NO!

Si queremos nuestra felicidad, si queremos vivir de nuestra creatividad, si queremos dormir en paz… No tengas al MIRAR, AL CREAR, AL VER, como los verbos malditos que dicen que son.

Contra el «estreñimiento mental»…

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Y yo que pensaba que tras la pandemia, el estreñimiento se iba a acabar.

La gente iría por la calle sonriendo, las calles serían como los años 20, de locura, alegría y diversión.

La gente ya no ocultaría lo que sentía, diria lo que pensaría sin importarle lo que puedan decir los demás, porque saben que la vida es una y hay que vivirla, se trata de sentir, no de mentir.

Pensé que después de la pandemia, por fin haría la gente lo que siempre habían querido hacer, porqué sabían en primera persona que un día puedes estar aquí pero mañana ya no. Que eso de posponer nuestra felicidad cuando nos jubilemos o cuando tengamos dinero no vale, que es ahora o nunca.

Pensé que después de la pandemia, el trabajo no deseado, el que odias los domingos por la tarde y con el que te acuerdas de todos los «familiares» de tu jefe, iba a dejar de ser un estreñimiento «personal y profesional», pero por lo visto sigue siendo igual.

Lo que había dejado de oír durante dos años, «el cagarte en el jefe, el sentirse incomprendido por tu pareja o el acudir a reuniones con amigos que no te apetecen…» cada día lo vuelvo a oír más.

Y no hace falta te lo diga yo sino me crees, solamente mira a la gente paseando por la calle. Callados, sin hablarse entre si, mirando al móvil y sin una sonrisa en sus labios.

Vivimos en un mundo estreñido. Que prefiere vivir en silencio el «dolor» de la infelicidad en su relacion sentimental, en el trabajo y en definitiva en su día a día, mostrar al «aire» su herida y dejar que sane.

Las cosas no han cambiado, las cosas siguen igual, haya pandemia, guerra o una varicela.

Seguimos prefiriendo ocultar nuestras miedos y frustraciones porqué si lo hacemos, pensamos que el panorama será peor que si apostáramos por nosotros mismos, si cogemos las riendas de nuestra vida.

¿Qué hemos aprendido? NADA.

¿Qué soluciones hemos puesto en marcha durante todo este tiempo? NINGUNA.

Pero eso si, hay que leer muchos libros de motivación, hay que ir a conferencias o hacerse fotos con los «gurús» de turno para que los demás vean en redes sociales, que somos unos seres conscientes.

SI lo fuéramos, no usaríamos «placebos» para creernos y hacer creer que somos unos seres de luz, empáticos y en paz con nosotros mismos.

Diríamos:

Durante este tiempo he ido «estreñido» con mi vida, porqué no he hecho esto, no he dicho lo otro y he estado mintiéndome.

Es un método fácil, rápido e indoloro. Porqué no duele, más bien te alivia, reconocer qué ha pasado, qué has estado viviendo.

Seguimos posponiendo nuestra felicidad, nuestros deseos y aún así leyendo libros de la felicidad pensando que así la atraeremos.

Cierra el libro, deja de bailar, de gritar y reconoce a viva voz lo que realmente te pasa Empezarás a notar que el » tapón » que te limitaba, empieza deshacerse.

Pero ahí no ha acabado todo: DEBES PONERTE MANOS A LA OBRA.

No importa si el paso es pequeño, enano o enorme para ti, lo importante que una vez hayas aceptado porqué estás asi, empieces a actuar para que el «nudo» no vuelva a ocurrir.

Este estreñimiento que vivimos es respetable, es aceptable. No todos sabemos gestionar nuestras emociones, no todos tenemos el coraje de ser nosotros mismos ni expresar lo que sentimos cuando lo estamos viviendo.

Es normal. Pero luego no nos quejemos, no pongamos excusas de cómo nos encontramos , cuando realmente todos sabemos cuál es la solución:

RECONOCERLO Y PONER MANOS A LA OBRA.

Cada día creo es mucho más fácil todo. Sin embargo somos nosotros mismos quienes nos da miedo ser nosotros mismos.

¿Qué pasaría si viviéramos en un mundo menos «estreñido»?

A lo mejor estoy hablando de una utopía y siempre haya gente que le interese más, ocultar sus emociones, lo que realmente que quiere y seguir en la situación en la que está. Pero como siempre digo, pero luego no te quejes un día que has sido consciente de lo que has hecho y te lamentas del tiempo perdido.

Porqué el tiempo no vuelve y la frustración siempre permanece.

Contra el «estreñimiento mental», coraje y acción.

El trabajo que mucha gente detesta.

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¿Cuál es el peor trabajo que has podido realizar? y ¿El que nunca aceptarías?

Son dos de las preguntas que últimamente he hecho a la gente. Quería saber que consideraban ellos como «un trabajo repugnante», o cuáles eran los límites que tenían a la hora de trabajar.

Muchos decían que vendedor, otros trabajar en una funeraria, en una cadena de comida rápida…Pero recibí un mensaje que me ha hecho pensar. ¿Qué me contestó?

El peor trabajo que uno puede realizar es ser uno mismo.

Al principio no estaba de acuerdo con él. Pero lo hacía desde todo el proceso que había vivido y sigo viviendo durante todo este tiempo ( Porqué nunca acabarás de conocerte y descubrirte al 100%). Pero luego me di cuenta, que ser uno mismo , no es un trabajo muy gratificante.

No es gratificante que la gente te vea como un «bicho raro» cuando dices lo que sientes. Aunque ellos se peleen para ver quién ha leído más libros de desarrollo personal que nunca llegarán a a poner en marcha.

No es gratificante ver como luchas por tu autenticidad y luego ves como gente «mentirosa», que urde sus planes desde la manipulación, consigue resultados mucho antes que tú, que luchas porqué vean algo diferente.

No es gratificante ver como te esfuerzas y solo recibes incomprensión, rechazo y dudas. Y todo porqué la gente no quiere entender que estás luchando por encontrarte y/o que por fin has encontrado algo por lo que levantarte de la cama todos los días, aunque sea festivo.

NO es el trabajo más gratificante, ya que los resultados no los ves dentro de las 8 horas de trabajo, ni tampoco dentro del próximo quinquenio que te da la oportunidad de acceder a beneficios en la empresa. Quizás verás los resultados mucho tiempo después y la paciencia tiene un limite. Pero tiene un limite para quién no cree en lo que está haciendo, quién piensa que es un placebo para alcanzar el éxito de forma rápida.

No es gratificante ser uno mismo en un mundo de presiones, en los que los sueños tienes que dejarlos para cuando te jubiles, (si lo consigues) y en el que tienes que cumplir unos cánones si realmente quieres ser aceptado.

No es gratificante tener un concepto de felicidad totalmente distinto al de los demás. No crees que la felicidad es comprar seguidores en Instagram, mentir sobre la vida que llevas o las relaciones que tienes o mentir a las pocas personas que todavía te hablan.

Lo pensaba y estaba con él, no es gratificante el trabajo de ser uno mismo en este mundo.

Pero siento decirle, que también es el trabajo que más satisfacciones te dará nunca.

¿Y tú que trabajo crees que es el menos gratificante del mundo: ser uno mismo?

¡Cómo nos gusta vivir bloqueados por el miedo!

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Hoy paseando me he dado cuenta:

¡Cómo nos gusta vivir bloqueados por el miedo!

Abres la puerta de casa y de nuevo los atascos forman parte del día a día. El miedo al llegar a un trabajo que odiamos nos hace que nos acordemos de la familia entera del conductor del coche de delante.

Llegamos a una oficina en la que recordamos como eran los primeros días, aquellos días en los que pensábamos que nuestros trabajo por fin sería tenido en cuenta, en la que nos contarían todo lo que pasa y la información correría sin ningún tipo de problema. Y meses después, de todo lo que nos dijeron, nada se ha cumplido. Pero cuando lo digo, siempre me responden lo mismo, tengo que aguantar que ahora con la crisis, ya sabemos como están las cosas..

Llegamos a casa y nos seguimos «cagando» en todo el árbol genealógico del conductor de al lado que nos ha hecho una pirula cuando intentábamos cambiarnos de carril.

Pero en casa la situación sigue igual. Compramos seguidores para nuestro «proyecto personal», para que los demás vean que somos expertos, que crean que sabemos de lo que estamos hablando y que hay gente de todo el mundo, que nos sigue. Todo esto lo hacemos, porque tenemos miedo al esfuerzo, a alcanzar la meta de «experto» mostrando nuestras ideas y nos puedan llamar «locos». Y como tenemos miedo a ser nosotros mismos, preferimos coger el atajo que nos han dicho que nos lleva a la misma meta.

Sin embargo, la cosa no queda ahí. Preferimos aguantar relaciones sentimentales y/o de amistad por el miedo a quedarnos solos. Aguantamos relaciones que lo único que nos hace en «ponernos de los nervios» o «dolor de cabeza». Pero no hacemos nada , porqué preferimos vivir siendo cómplices de nuestra infelicidad que responsables de nuestras acciones y éxitos.

Ya hemos vuelto a la ANTIGUA NORMALIDAD.

Aquella en la que reprimíamos nuestros sentimientos , no vaya a ser que piensen que somos «raros» o vete a saber tú qué.

Seguimos ocultando nuestros deseos porqué en estos momentos, mejor tenerlos ocultos para cuando podamos hacer realidad nuestros anhelos.

Hemos vuelto a la normalidad, a olvidarnos aquellos que decíamos que íbamos a cambiar, a decir todo lo que sentíamos porque pensábamos que mañana quizá ya no íbamos a estar en este mundo, a intentar hacer realidad lo que siempre hemos sentido que debíamos hacer y no aguantar más lo que no soportábamos.

Pero ¿Qué ocurre?

Que ese coraje que teníamos que se nos iba por la boca, era eso, puro postureo.

Ahora que hemos vuelto a la ANTIGUA NORMALIDAD, ya nos hemos olvidado de todo, ya hemos vuelto a nuestro papel de victima en la que echarle la culpa de todo a todo el mundo menos a nosotros mismos.

En el fondo, nos gusta vivir bajo el «yugo» del miedo.

Del miedo a ser nosotros mismos como sabemos que somos y que poca gente conoce. Del miedo a decir lo que sentimos y que nos haría ir por la vida con la cabeza más alta de la que hablamos habitualmente. Del miedo a levantarnos todas las mañanas de la cama camino de un trabajo que no soportamos mientras soñamos qué sería de nosotros si hiciéramos realmente lo que nos apasiona.

Si volver a la «Nueva Normalidad» es volver a renunciar al compromiso con uno mismo, a tener el coraje de hacer y decir lo que siente uno, pase lo que pase, caiga quién caiga…YO NO ME APUNTO.

Seguimos optando por el método más rápido para alcanzar la felicidad.

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Vuelve la normalidad.

Vuelven las fotos de Instagram en la que a través de filtros queremos decir a los demás que nos hemos podido ir de vacaciones a pesar de la inflación o la subida del coste de la luz. Ya nos hemos olvidado de la pandemia, ahora hay que quitarse las mascarillas, mostrar nuestro monera a pesar de que la incidencia suba más que el índice de los precios al consumo.

Volvemos a salir de eventos diciendo: «¡Cuánto me he reído con la conferencia de X!».

Volvemos a intentar mostrar que a pesar de la que está cayendo desde hace dos años, somos resilientes, felices y que la vida nos va fenomenal con nuestros seguidores de Instagram (seguidores comprados). Volvemos a comentar entre los amigos que nos estamos leyendo el libro para ser felices, para ganar amigos, para vivir una vida sin miedo o querer saber qué número de personalidad eres tú, no vaya a ser que nos acostemos esta noche y al final no coincidan nuestros números.

Ya todo está olvidado, ya ha vuelto la normalidad, ya no sabemos quienes son los médicos que nos salvaron hace 2 años o de lo que es una mantener unas condiciones de seguridad por tu salud.

Eso ya es agua pasada, es hora de mostrar nuestra felicidad.

Pero sobre todo volvemos a ser el país que más ansiolíticos consume.

¿Quizá utilizamos los libros de autoayuda como un placebo o postureo cuando en realidad lo que no queremos es pensar, esforzarnos, preguntarnos ni dudar?

¿Quizá las conferencias con música a todo volumen, saltos y gritos están guay para un rato y realmente lo que nos gusta es «empastillarnos» para no pensar, no dudar ni tener ningún atisbo de salirnos de lo establecido?

El ser humano busca la felicidad constantemente, como si fuera una meta, como un trofeo a alcanzar. Y si no eres feliz eres el «raro» de la clase o de tu grupo de amigos, hacemos todo lo posible y más para alcanzarla.

Pero realmente no sabemos lo que estábamos haciendo y ni mucho menos sabemos qué queremos alcanzar.

Preguntas a la gente si son felices y te responden que si, que la vida les va bien, que tienen seguidores en Instagram, que tienen parejas …. Todo es felicidad y amor, pero ¿Por qué seguimos siendo el país que más ansiolíticos tomamos?

¿Pero no somos tan felices? ¿Pero no nos va todo tan bien en redes sociales? ¿Quizá no es realidad lo que ofrecemos a los demás?

Y antes de que alguien se me eche encima, desde luego que en determinados casos en más que necesario una «pastilla» para ayudarnos a afrontar determinados problemas que nos ocurren. Y desde luego que la salud mental tiene que ser un tema imprescindible a tratar por la sociedad, empresas y políticos.

Pero yo me quiero centrar en esas incongruencias que observo:

.- Si todo te va bien ¿Por qué te tomas una pastilla para evadirte de la realidad?

.- Si crees que eres feliz ¿Por qué te tomas una pasilla para calmar tu ansiedad?

.- Si te has leído todos los libros de la felicidad y hablas de ello ¿Por qué te tomas una pastilla?

Me encanta ir a las librerías y ver las novedades de las editoriales. Y a parte de los temas de política que todos conocemos tanto nacionales como internacionales, siempre hay un tema en común en todos los libros, la consecución de la felicidad. Por no hablar de aquellos que nos dicen que podemos tener una vida genial, increíble y de la leche, solo cerrando los ojos.

¿Cuáles son los libros que más se venden? Los de la felicidad

¿Cuáles son los conferenciantes más reclamados? Los que hablan de felicidad, los de los psicólogos y los que «venden humo».

Pero seguimos siendo el país que más ansiolíticos tomamos. ¿Algo pasa, no? ¿Quizá no surtan tanto efecto como para cambiar una vida como se nos hace creer?

Cada día estoy más convencido que las personas más felices son aquellos que de pequeños los llamaban insolentes.

Esos que creíamos que se estaban metiendo donde no les llamaban porqué era tema » de mayores», aquellos que no paraban de preguntar porqué querían saber, aquellos que dudaban de lo que decían los demás porqué habían investigado, preguntado y leído antes, aquellos que considerábamos «raros» pero son luego los que se sienten los que más en paz están consigo mismo, los que más felices podría decirse que son y los que más han avanzado.

¿Qué han hecho? Optar por el camino más difícil para conocer su felicidad, SER UNO MISMO.

Sin aditivos ni colorantes, simplemente preguntas, investigar, dudar pero sobre todo actuar aunque los demás les digan que están «locos» o no van a conseguir nada.

El mundo necesita más insolentes, más «tocapelotas», más personas que quieren ir más allá de lo recomendado, de lo establecido, de lo que nos dicen que es lo mejor para nosotros,… En definitiva, son las personas que nos hacen avanzar y que más felices son, porque son ellos mismos siempre.

Así que:

.- Esta bien leer, PERO LO QUE LEAS PONLO EN MARCHA. La felicidad se crea, no viene por una sola frase.

.- Tu felicidad no vale una imagen o una conferencia «placebo». Tu felicidad es un camino que debes recorrer toda la vida. No en 45 minutos.

.- La realidad es la que es. Pero de ti depende transformarla con tu acción hacia tu felicidad. No por «evadirte» de ella, vas a ser más feliz y de forma permanente.

.- Acepta tus emociones. Aceptarlas es empezar a que pierdan poder sobre tu toma de decisiones.

.- Se insolente en lo que te apasiona. Ahí está tu felicidad, eso es lo que te apasiona, ahí reside tu paz.

.- Tu felicidad no depende de las modas presentes o futuras. DEPENDE DE TI.

.- No existe un camino rapido a la felicidad. Existe un camino que tú mismo debes crear.

.- A la felicidad no se llega a través de atajos, siempre te llevarán al abismo y a la frustración.

.- De vez en cuando, tu felicidad será no escuchar a los demás. Te lo aseguro.

Hace dos años hablábamos de un mundo mejor, de una sociedad más unida…Y seguimos igual o peor que tiempo atrás. Y no busquemos las excusas en los demás, somos nosotros mismos que no queremos avanzar, porque la pereza ha ganado la partida a nuestra felicidad.

El mundo es un crítico poco fiable

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Siempre me ha preocupado mucho lo que decían los demás.

Quería saber qué opinaban si hacia tal carrera, si salía el sábado por la noche o si me iba a un viaje o me quedaba en casa.

Reconozco que era una persona indecisa en algunos momentos, pero en realidad lo que me pasaba era que me importaba más la opinión de los demás que la mía propia.

Y hace unos días un amigo me recordaba esos tiempos, en los que siempre estaba preguntando a los demás qué debía hacer por mi salud, por mi felicidad, por mi éxito. Lo que estaba haciendo es creer que el mundo era el mejor crítico que uno puede tener para determinar su valía , su éxito, su felicidad.

A día de hoy, hablamos de desarrollo personal, de hacer oídos sordos a lo que digan los demás, a ser auténticos, a ser creativos y disruptivos… pero si nos fijamos seguimos viendo concursos en televisión que determinan si vales o no vales, si tu libro es bueno o no para alcanzar un premio o si tu cuerpo es ideal o no, para un trofeo.

Creemos que valemos, creemos que sabemos más que los demás,… pero aún así seguimos creyendo que el mundo es el mejor critico para nuestro éxito o nuestro fracaso.

Y no solamente estoy hablando de concursos, sino también de redes sociales. No podemos creer que valemos o no dependiendo de los likes, me gustas o de los comentarios que tengamos. Yo no soy un influencer ni me lo considero, pero llevo más de 10 años escribiendo siempre con la misma filosofía y con la misma idea, escribo para mí. Escribo lo que siento, escribo lo que veo o puedo creer que veo. Siempre lo he hecho así y siempre ( espero ) seguiré haciéndolo así. Y si hay una persona que le gusta lo que hago, se siente comprendida por alguno de mis escritos o libros, eso será aún mayor el éxito.

Pero siempre pienso que el mayor éxito que un ser humano puede y debe disfrutar, es el de ser uno mismo. (pd: sin hacer daño a los demás, recuerda)

Pero los demás no pueden determinar lo que debes hacer o no, cuando realmente sientes que tienes que hacer algo.

Si dejas de hacerlo te arrepentirás toda la vida. Si lo haces, el camino será duro, te lo aseguro, pero siempre con más recompensas personales y profesionales que si no lo hubieras hecho.

Queremos sentirnos queridos por ser nosotros mismos pero seguimos creyendo que si son los demás los que determinan la categoría de nuestras ideas, todo nos irá mucho mejor. Todos conocemos historias de personalidades famosas y no famosas, que si hubieran hecho caso a sus profesores de canto o de cualquier otra asignatura, ahora nos estaríamos perdiendo canciones como las de los Beatles o no estarías disfrutando de la carrera que siempre habías querido hacer y que tu profesora te decía que iba a ser imposible que consiguieras alcanzar.

El mundo es el peor de los jurados y es al que más caso le solemos hacer.

¿Por qué le hacemos caso?

.- Porqué creemos que por ser jurado ya tiene una reputación. Y por jurado estoy diciendo a una persona que tiene más formación que tú, más edad, o que te da más respeto

.- Porqué al creer que tiene más formación, más experiencia, sabrá distinguir lo que es bueno o no para nosotros, nuestra felicidad y futuro.

.- Porqué lo que buscamos es la seguridad de saber que estamos tomando la mejor decisión o la decisión que nos «recomienden» porqué no sufriremos caídas, miedos ni vergüenzas.

.- Porqué en definitiva no confiamos en nosotros mismos. Y creemos más en la confianza de los demás.

Un jurado no puede determinar tu futuro, tu confianza, tu talento o tu pasión.

Un jurado puedes escucharlo con sus recomendaciones, con sus experiencias, con sus miedos o sus éxitos, pero si les crees más que a ti mismo:

.- NO estarás aprendiendo por ti mismo, sino según las recomendaciones de los demás.

.- No estarás desarrollando tu creatividad, sino la mediocridad siendo como la gran mayoría.

.- No te estarás conociendo, sino que cerrarás tu «intuición» y creerás más en los demás que en ti mismo.

Creer más en la opinión del «jurado» que en la tuya misma, es ser uno más cuando podrías ser uno menos en la mediocridad.

Y lo peor de todo, darte cuenta por creer más en los demás que en ti, has estado perdiendo mucho tiempo en tu vida que luego no podrás recuperar.

El mundo es un crítico poco fiable. Confía en ti.

Pero tú decides.

¡Dar tu opinión en este mundo, es estar al nivel de Batman!

De pequeños soñabamos con ser mayores.

¿Para?

Para hacer lo que nos diera la gana, para llegar a casa cuando quisiéramos y decir tacos sin que nuestra madre nos echara la bronca.

¿Pero qué ocurre a día de hoy?

.- Que nos callamos lo que sentimos

.- Que medimos las palabras dependiendo de quien estemos delante.

.- Que hablamos que queremos personas autenticas y luego nosotros no lo somos delante de los demás.

.- Que tenemos miedo a dar nuestras opiniones, perdiendo oportunidades.

Pero eso si, nos cansamos de repetir que hay que ser auténticos, que la vida es una y que pase lo que pase, tenemos que ser nosotros mismos.

¿Pero realmente lo hacemos?

¡NO!.

Nos callamos nuestra opinión porqué no sabemos qué opinión tiene la otra persona y quizá podamos perder una amistad, un amor o una oportunidad profesional.

Nos callamos lo que realmente opinamos y luego llegamos a casa pensamos que «imbéciles» hemos sido porqué no hemos hecho ni dicho lo que realmente sentíamos.

Nos callamos lo que nos hubiera gustado decir a esa persona porqué había que tener «la fiesta en paz».

Y mientras nos seguimos callando, nuestra felicidad desaparece y nuestra rabia aumenta.

¿Por qué nos callamos lo que realmente opinamos o queremos decir?

PORQUÉ NOS SIGUE IMPORTANDO MÁS LA OPINIÓN DE LOS DEMÁS QUE LA NUESTRA PROPIA.

Seamos sinceros, hablamos mucho de transparencia , de dar nuestra «luz» a los demás, de gritar que somos felices digan lo que digan a los demás… cuando en realidad lo que tenemos es miedo a que nos señalen como «raros» porqué nos sentimos felices, por nuestras ideas pueden causar «molestias» a nuestro grupo de siempre o que el «grupo familiar» no será tan ideal cuando expongamos lo que sentimos.

Diremos que lo diremos pero nos siguen importando más lo que dirán que lo que realmente nosotros queremos decir o expresar. Pero eso si, hay que ser felices. ¿Pero cómo vas a conseguirlo si estás haciendo de primeras algo contrario a tu propia felicidad?

Nos quejamos de que no hemos dicho lo que esa persona necesitaba que alguien le dijera, no decimos lo que nos pasa no vayan a pensar que estamos «mal» de la cabeza por ver la realidad como los demás no la ven… Y todo ello porqué pensamos que nos podremos quedar solos, sin amigos, infelices….

Ser felices no es tener 168.000 amigos en Instagram comprados creyendo que todos son «amigos» nuestros y que aceptan y comprenden nuestras necesidades e ideas.

Vivimos en una sociedad en la que creemos que cuánta más gente conocemos (que no es lo mismo que amigos), más felices somos, más éxito tenemos y más nos reconocerán por la calle.

Como bien dice una persona importante para mí, «Conocidos muchos, ¿amigos? con los dedos de una mano y sobran dedos».

Son personas con las que podemos hablar, escuchar, recibir mensajes que seguro no nos gustarán, pero ellos lo hacen por nuestro bien, porqué quieren lo mejor para nosotros. Al igual que nosotros podemos ser nosotros mismos con ellos y siempre abunda el respeto, la confianza y el agradecimiento.

Pero a día de hoy «pseudo-amigos» hay muchos, pero cuando sientes la necesidad por cariño que tú crees, de decirle algo y no lo «acepta» bien ( siempre con respeto ), la mayoría de ellos, se marchan. Te critican diciendo quién eres tú para decir lo que has dicho…Solo una persona que pensaba que era tu amigo, que sentía que podía ser ella misma contigo y ya hemos visto que no ha sido así.

¿A quién no le ha pasado alguna vez?

Vivimos en un mundo en el que dar tu opinión sincera, es tener más valor que Batman. Ya que no sabes por dónde te puede salir el tiro. Pero cada día creo más que estas personas no son Batman, llevan por bandera uno de los valores que tanto se habla hoy en día, COHERENCIA.

La coherencia es difícil en este mundo de presiones pero te da una gran recompensa, que la gente que te rodea, será poca, pero siempre será de verdad.

Y si quieres un consejo:

Dónde te sientas Batman a la hora de dar tu opinión, ahí no está tu lugar.

Tu Felicidad empieza con tu Creatividad

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Durante muchos años he estado buscando la felicidad.

Sabía que no quería hacer pero no sabía qué debía hacer.

Buscaba la felicidad a través de amigos que realmente no me aportaban.

A través de actividades que estaban de moda y que aunque me apasionaban, sabía que no era realmente lo que yo buscaba.

Durante muchos años buscaba la felicidad sin saber realmente qué era lo que estaba buscando y mucho menos la forma que tenía.

Pero a día de hoy, me reafirmo que la felicidad de uno, su paz o como leches quieras llamarlo, empieza siempre en tu creatividad.

¿Pero qué es la creatividad?

El compromiso que tenemos con uno mismo con lo que vemos, con lo que sentimos y con lo que soñamos. Es esa forma de ver las cosas que sabes cuando la expones los demás o se quedan pensativos o dicen que estás loco. Pero tú lo ves como algo normal, porqué es tu forma de ver la vida, de vivirla.

Cuando descubres tu creatividad, estás alcanzando tu felicidad.

Y donde la apliques, en qué lo hagas, es una consecuencias, no una finalidad. Sino que lo importante es desarrollar tu creatividad y con ello te irás a dormir más tranquilo que un niño tras haber jugado todo el día en el parque.

¿Pero cómo conocer tu creatividad?

Es muy fácil. No hay que seguir un método o leer un libro, tu creatividad es aquello que te apasiona. Y ahora me dirás que no sabes qué te apasiona, ¿a qué si? Vamos un paso más allá. ¿Qué es aquello que te pone de mala leche porqué la gente lo hace mal y sientes que tú podrías hacerlo mucho mejor? Y no estoy hablando de seleccionador nacional de futbol, sino una actividad en tu día a día que sientes que siempre se podría hacer mejor.

Eso es tu creatividad.

A mi me ponía de mala leche la poca importancia que se le daba a la creatividad dentro de las empresas, o que la mediocridad ancha por toda la sociedad cuando lo que realmente soñamos es con la excelencia.

Eso que me ponía y me sigue poniendo de los nervios, es lo que hacía que me vinieran ideas que iba poniendo en marcha. Ideas que me llevaron a darme cuenta cuál era mi felicidad.

Todos somos creativos, todos podemos ser felices, vivir en paz o como tú quieras llamarlo. Lo único que tienes que hacer es conocer la creatividad , QUE TODOS y TÚ TAMBIÉN LLEVAMOS DENTRO.

Y para ello haz algo que seguro que hace tiempo no has hecho, ESCÚCHATE.

No me escuches a mí, escucha esas ideas que tienes y que piensas que son una locura, escucha esas ideas que todos los días te rondan y que sales «corriendo» de ellas ,porqué te dan miedo más bien por lo que pueden suponer que no por lo que son…ahí está tu creatividad.

Si buscas tu felicidad, busca tu creatividad.

Ahí tendrás la respuesta de lo que siempre has estado buscando, tu creatividad es tu felicidad.