El nombre marca la diferencia..

Mi voz dirá tu nombre e iniciales de dulzura caerán sobre mi pecho” decía Armando Uribe Arce

¿Sabes qué? No me importa que puesto tengas, como es tu pareja, qué casa tienes o si estas vacaciones te vas a ir a Ibiza a darlo todo.

NO ME IMPORTA NADA DE ESO. Eso son consecuencias EXTERIORES de tus acciones. Y eso, como otras cosas de nuestro cuerpo, suelen acabar sufriendo el efecto de la gravedad y desaparecer.

ESO NO ME IMPORTA. No me vas a impresionar más o menos.

¿Sabes cómo lo harás?

A través de tu nombre y lo que demuestre el mismo.

Un nombre marca la diferencia.

En un mundo donde somos creativos, innovadores, disruptivos, el poder que tiene un nombre, lo hemos olvidado o tirado a la basura directamente.

La principal etiqueta, no la usamos.

Desde pequeños, estamos nombrando a todo y a todos. Nos dicen que ese bicho que nos lame la cara, es un “gua-guau”, que esa persona con barba que nos hace reírnos desde nuestra cuna, es nuestro “papa”, y que si queremos estar felices solo tenemos que decir “teta” y mama nos calmara.

No pensamos porque ese bicho tiene ese nombre, o eso que nos metemos en la boca liquido y transparente se llama agua. No nos lo preguntamos, porque hacemos caso a nuestros padres, que nos han dicho que las cosas son así y punto.

Utilizamos los nombres para homogeneizar todo, para etiquetarlo y tenerlos controlados.

Si esto es una palmera de chocolate, no puede ser una naranjada. Si te llamas Juan, ¿Por qué dices te llamas Paula?

De los nombres que les ponemos a las cosas, no nos movemos. No vaya ser que se produzca un cortocircuito en nuestra cabeza, y la liemos.

Al homogeneizar todo, estamos desperdiciando el poder que tiene un nombre.

Nos enseñan que nos tenemos que enamorar de una marca por un logo, de un producto a través de una campaña de marketing, por la cual tenemos que caer rendidos.

Que lo que está de moda es que se enamoren de tu esencia, de tu talento, aunque sea una fachada.. ¿Y dónde queda el nombre de la persona, empresa o producto?

“Puf, eso lo dejamos siempre para el final” Me dijeron hace poco una empresa. “Le pondremos un nombre que guste a todos y ya está”.

¿Y qué pasa si invirtiéramos el proceso?

Es un proceso que hacemos, pero nos olvidamos de ello. Os cuento.

Cuando queremos tener un hijo (yo no tengo, que yo sepa), antes de ponernos manos a la obra, ya estamos pensando en los nombres de los futuros bebes.

Elegimos nombres, obviando por temas familiares, que nos inspiren algo. Desde fuerza, el compromiso que supone su nacimiento para la pareja,….siempre ponemos a nuestros hijos, un nombre que nos inspire algo.

Ese nombre ya marca la diferencia. El nombre ya dice todo. No hace falta procesos “químicos”, marketing, ni pócimas secretas, para hacernos creer los valores que queremos que transmita.

Muestra una coherencia, un PORQUÉ.

UNA RAZÓN DE SER.

Un nombre marca un destino.

Pero nos han hecho pensar, que el destino es comprar seguidores en Internet, pisar cabezas, crear leyendas,..En definitiva, aparentar algo que no somos, para llegar cuanto antes a la cima, para alcanzar una “felicidad” efímera. Y al llegar a la misma, como King Kong, darnos golpes en el pecho, para que todo el mundo sepa, que estamos aquí para “dominar” el cotarro.

Ya a posteriori, veremos que nombre nos ponemos, o como denominamos al proceso creativo. Pero antes el éxito, y luego ya todo lo demás.

Un nombre, como bien se explica en el libro “El nombre de las cosas” de Fernando Beltrán, despide muchos aromas; como por ejemplo:

Expresión

Expresa emociones, expresa qué nos vamos a encontrar, con qué valores vamos a enfrentarnos.

Identidad

No eres otro nombre, no eres un nombre más, eres ÉSE nombre. Marca una individualidad dentro de la homogeneidad que existe.

Espejo

Quien se ve en un nombre, ve que hay detrás de él. Muestra una realidad.

Motor

Un nombre es la palanca de la acción, de la revolución, de la superación, del esfuerzo.

Posicionamiento

Cuando recuerdas un nombre, ya estás posicionando a esa empresa o persona en un lugar cumbre de tu mente, sientes que es una persona referente en su campo personal o profesional.

Con todo lo que dice un nombre, ¿Y aún así crees que no es importante?

Hace unos días le pregunté a una persona que estaba en un proceso de Branding, con otro profesional:

¿Qué supone para ti tu nombre?”. Le pregunté. Y pensando que me contestaría algo como “Un orgullo, me lo puso mi padre o mi tía, para mí recordar quien soy o de donde vengo”.

Pues con una cara lánguida y de pena me contestó: “No sé, un nombre”. Pero eso si, cuando el profesional le había prometido todo el “oro del mundo” con su plan de Branding, se le cambió la cara.

En un mundo donde nos impulsan a que el éxito es hacer lo que todos hacen, donde si te sales de la lista de “a uno”, te señalan prediciendo para ti, los peores presagios o donde sino tienes miles de seguidores en internet, no eres “influencer”.

¿POR QUÉ NO EMPEZAMOS DISTINGUIENDONOS DE LOS DEMÁS A TRAVÉS DE NUESTRO NOMBRE?

Porque luego todas las herramientas que utilicemos para distinguirnos, para darnos a conocer, las utilizaremos mejor, dando mejor resultado, PORQUE PARTIREMOS DE LA COHERENCIA.

No buscaremos herramientas que nos den una estrategia, sino utilizaremos herramientas con la única estrategia de ser nosotros mismos.

Con un nombre, ya todo lo demás será más fácil, te lo aseguro.

¿Qué dice tu nombre? ¿Es coherente con quien sientes que eres?

El próximo día 7 de Abril estaré en Teruel hablando de “Liderazgo Canalla”. Fechas próximas será, firma de libros en Zaragoza y Barcelona, el día 23 de Abril. Y el 27 de Abril en Madrid.