¡Dar tu opinión en este mundo, es estar al nivel de Batman!

De pequeños soñabamos con ser mayores.

¿Para?

Para hacer lo que nos diera la gana, para llegar a casa cuando quisiéramos y decir tacos sin que nuestra madre nos echara la bronca.

¿Pero qué ocurre a día de hoy?

.- Que nos callamos lo que sentimos

.- Que medimos las palabras dependiendo de quien estemos delante.

.- Que hablamos que queremos personas autenticas y luego nosotros no lo somos delante de los demás.

.- Que tenemos miedo a dar nuestras opiniones, perdiendo oportunidades.

Pero eso si, nos cansamos de repetir que hay que ser auténticos, que la vida es una y que pase lo que pase, tenemos que ser nosotros mismos.

¿Pero realmente lo hacemos?

¡NO!.

Nos callamos nuestra opinión porqué no sabemos qué opinión tiene la otra persona y quizá podamos perder una amistad, un amor o una oportunidad profesional.

Nos callamos lo que realmente opinamos y luego llegamos a casa pensamos que «imbéciles» hemos sido porqué no hemos hecho ni dicho lo que realmente sentíamos.

Nos callamos lo que nos hubiera gustado decir a esa persona porqué había que tener «la fiesta en paz».

Y mientras nos seguimos callando, nuestra felicidad desaparece y nuestra rabia aumenta.

¿Por qué nos callamos lo que realmente opinamos o queremos decir?

PORQUÉ NOS SIGUE IMPORTANDO MÁS LA OPINIÓN DE LOS DEMÁS QUE LA NUESTRA PROPIA.

Seamos sinceros, hablamos mucho de transparencia , de dar nuestra «luz» a los demás, de gritar que somos felices digan lo que digan a los demás… cuando en realidad lo que tenemos es miedo a que nos señalen como «raros» porqué nos sentimos felices, por nuestras ideas pueden causar «molestias» a nuestro grupo de siempre o que el «grupo familiar» no será tan ideal cuando expongamos lo que sentimos.

Diremos que lo diremos pero nos siguen importando más lo que dirán que lo que realmente nosotros queremos decir o expresar. Pero eso si, hay que ser felices. ¿Pero cómo vas a conseguirlo si estás haciendo de primeras algo contrario a tu propia felicidad?

Nos quejamos de que no hemos dicho lo que esa persona necesitaba que alguien le dijera, no decimos lo que nos pasa no vayan a pensar que estamos «mal» de la cabeza por ver la realidad como los demás no la ven… Y todo ello porqué pensamos que nos podremos quedar solos, sin amigos, infelices….

Ser felices no es tener 168.000 amigos en Instagram comprados creyendo que todos son «amigos» nuestros y que aceptan y comprenden nuestras necesidades e ideas.

Vivimos en una sociedad en la que creemos que cuánta más gente conocemos (que no es lo mismo que amigos), más felices somos, más éxito tenemos y más nos reconocerán por la calle.

Como bien dice una persona importante para mí, «Conocidos muchos, ¿amigos? con los dedos de una mano y sobran dedos».

Son personas con las que podemos hablar, escuchar, recibir mensajes que seguro no nos gustarán, pero ellos lo hacen por nuestro bien, porqué quieren lo mejor para nosotros. Al igual que nosotros podemos ser nosotros mismos con ellos y siempre abunda el respeto, la confianza y el agradecimiento.

Pero a día de hoy «pseudo-amigos» hay muchos, pero cuando sientes la necesidad por cariño que tú crees, de decirle algo y no lo «acepta» bien ( siempre con respeto ), la mayoría de ellos, se marchan. Te critican diciendo quién eres tú para decir lo que has dicho…Solo una persona que pensaba que era tu amigo, que sentía que podía ser ella misma contigo y ya hemos visto que no ha sido así.

¿A quién no le ha pasado alguna vez?

Vivimos en un mundo en el que dar tu opinión sincera, es tener más valor que Batman. Ya que no sabes por dónde te puede salir el tiro. Pero cada día creo más que estas personas no son Batman, llevan por bandera uno de los valores que tanto se habla hoy en día, COHERENCIA.

La coherencia es difícil en este mundo de presiones pero te da una gran recompensa, que la gente que te rodea, será poca, pero siempre será de verdad.

Y si quieres un consejo:

Dónde te sientas Batman a la hora de dar tu opinión, ahí no está tu lugar.

¡Primero la Moda, luego la Moral!

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Ahora todo se mide en función a la moral.

Si crees una cosa no tienes moral… Si no crees en otra cosa, no tienes moral… Si no tienes valores… no tienes moral…

Todo se basa en función de la moral.

Pero yo iría un paso atrás.

Primero nos preocupamos por la moda de turno a la que nos tenemos que subir y luego por la moral.

Eso si, antes hay que saber qué dice la R.A.E. sobre la moral «Conforme con las normas que una persona tiene del bien y del mal

Genial, ¿No? Pero antes de nada, la moda.

La moda, que creemos que nos hará diferente a los demás, cuando en realidad nos hará uno más.

Ya son muchos años entrevistando, conociendo e incluso trabajando con personas » de cierto prestigio». Pero también han sido muchos los que han pasado y que ya no están. Que conste que están vivos pero ya no están en el «candelero».

Por diversos motivos, la moda ya pasó o se han dedicado a otra cosa, ya no están. Pero muchos de ellos, la clave de su desaparición, fue ante poner la moral a la moda.

Querían ser «famosos» y tener repercusión lo más rapido posible.

Era todo por y para su moda. Más bien por y para su ego.

No importaba lo que hubiera que hacer, como si había que comprar seguidores en Instagram, hacer la «pelota» a una persona para conseguir un objetivo aunque la criticase nada más conseguirlo… No importaba. Solo importaba la moda en cuestión.

El aparentar ser, NO EL SER DE VERDAD.

A día de hoy » ser referente» en algo, el hablar de algo que está de moda, es considerado lo «más».

Hablamos de cosas que no sabemos ni siquiera su significado y todo porqué lo «hemos oido por ahi» o lo que nos ha dicho las noticias de Google que se actualizan en nuestro móvil.

Debemos y queremos aparentar que sabemos de todo, que somos «guías» para los demás… Porqué eso del «no sé, lo investigaré, pues no tenía ni idea…» no es beneficioso para nuestra marca.

Ya sea lo que sea el tema, debemos saber y hablar de lo que está de moda. Porqué sino nos han dicho que nadie se acordará de nosotros.

Pero no solamente pasa en el mundo profesional, en el mundo personal, TAMBIÉN.

Hablamos de politica, de religión, de temas que salen en los medios de comunicación con una pasión desbordada. Pasión que supera los límites del respeto a los demás. ¿Y todo por qué?

Porqué ¿Cómo voy a desconfiar lo que ha dicho mi líder político, mi grupo de comunicación favorito sobre este tema?

Antes de dar nuestra opinión, no pensamos qué hemos oido, no dudamos lo que hemos creído oido,… Nada, lo único que hacemos es replicarlo. ¿Por qué íbamos a dudar?

Si replicamos algo que no sabemos si realmente nos hará daño o no a nuestro concepto de moral, ¿Qué tipo de personas nos estamos convirtiendo? ¿En personas que solo quieren la fama, el aparentar y ganar número de seguidores sea como sea, por las buenas o por las malas?

Pero eso si, luego no critiques a esas personas por sus valores, que se ofenden.

¿Qué pasaría si antes de apostar por una moda, nos preguntáramos si va o no acorde con nuestra moral?

Quizá muchas de ellas ni nacerían, quizá muchos «influencers» verían reducidos sus seguidores drásticamente y quizá hasta seriamos una sociedad mucho más coherente.

¿A QUÉ ESO SI SERÍA FELICIDAD PURA?

Se buscan D.G.I. (Directores Generales de Inspiración)

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Nos pegamos la vida buscando Directores Generales de Inspiración.

Son aquellas personas que seguimos sin pensar.

Ya pueden hacer lo que sea, ya pueden vendernos «humos», lo que sea… que nuestra necesidad de creer, de ver que otro mundo es posible y no el «pobre» mundo que nos rodea, hace que creamos en ellos.

Y no solamente estoy hablando en el mundo profesional, haciendo que nos gastemos dinero en personas o proyectos que con el paso del tiempo, nos damos cuenta que no eran lo que deseábamos creer, sino también en la vida personal.

Seguimos como corderos a personas que creemos que nos llevarán a la felicidad, a ese mundo de felicidad, pasión y alegría que creemos que nos merecemos.

En algunas situaciones, se cumple lo que nos prometen. Pero en la mayoría, no. Era todo humo.

Y además de frustrarnos lo único que sabemos decir que no encontramos la motivación , la inspiración para seguir adelante.

Buscar a ese Director General de Inspiración de nuestra vida, de nuestro proyecto profesional, es buscar en los demás lo que realmente debemos buscar en nosotros mismos.

Buscamos en ellos, sentirnos diferentes, encontrar el camino rápido a esa felicidad que creemos que nos merecemos, a ese éxito que queremos y que la sociedad nos dice que si no alcanzamos, seremos catalogados de frustrados e ineptos.

No buscamos la inspiración en los demás, queremos encontrar el método más rapido para la felicidad.

Y así lo único que encontraremos es frustración, rabia e impotencia.

La inspiración la tenemos que encontrar en nosotros mismos.

Desde luego que puedes aprender de los demás. Puedes ver qué se está haciendo, cómo vive la sociedad y preguntar lo qué no hacen y les gustaría hacer.

Desde luego que podemos y debemos hacerlo. Somos las relaciones que tenemos, lo que leemos, lo que observamos. Pero eso no quiere decir que te tiene que mimetizar con ello. Es decir, que lo hagan los demás, que lo piensen los demás, no es sinónimo de inspiración, de felicidad o éxito…sino su antónimo.

Si lo hacen los demás, si todos piensan por igual, no te inspira a nada. No hay un desarrollo, no hay un porqué para romper las normas, para apostar por lo que siente uno… Solo hay un mismo pensamiento.

Y nosotros lo que estamos es buscando héroes. Héroes que nos salven de la monotonía, de la tristeza y la pobreza, que nos lleven al éxito y que nos den una felicidad continua.

Y ese Heroe, solo puedes ser TÚ.

Puedes inspirarte en lo que se está haciendo pero siempre tienes que darle tu toque.

¿Y dónde está tu inspiración? ¿Cuándo comienzas a encontrarla?

Cuando te permites ser y no aparentar ser.

Cuando te dices SI a ti mismo y empiezas a estudiar todo aquello que te apasiona.

Cuando no haces caso a esos que te dicen que eso no esta de «moda» y haces lo que sientes que tienes que hacer.

Cuando lees todo lo que te apasiona aunque los demás te miren raro.

Cuando vas a eventos aunque vayas tu solo, porque lo que quieres es aprender, INSPIRARTE.

Cuando hagas todo eso que los demás dicen que no hagas y tú sientes que SI DEBES y QUIERES HACER, empezarás las oposiciones de a Director General de Inspiración.

Pero tengo que darte una advertencia: LA INSPIRACIÓN, como la FELICIDAD no es continua.

Creemos que la vida tiene que ser un chute continuo de felicidad, creatividad, inspiración, alegría…Como si estuviéramos viviendo una noche increíble en Ibiza pero todos los días del años, las 24 horas del día.

Y las cosas no son así.

No todos los días estás en «pleno flow», no todos los días tu cuerpo te pide crear lo que has soñado todas las horas del día o ir a esa conferencia que querías ir.

No todos los días debes ir «enpastillado» de inspiración, porque no hace nada, descansar, te hace recargar pilas y que te des cuenta de cosas, que habías pasado por alto.

Asi que no te preocupes, los días menos inspirados también te inspirarán.

Nos pasamos la vida buscando la inspiración en los demás, en lo que nos rodea.. cuando realmente la mayor fuente de inspiración, ha estado y estará, dentro de nosotros mismos.

Cuando la encontramos y disfrutamos de ella, empezaremos a ser esos héroes que buscamos en los demás. Cuando en realidad somos nosotros mismos.

Pd: Os recomiendo un libro para convertiros en esos Héroes que veis en los demás cuando en realidad, lo encontraréis mirándoos al espejo «Manifiesto para los héroes de cada día: Activa tu positivismo, maximiza tu productividad, sirve al mundo».

¡No hay quién entienda a este mundo!

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«La estadística es una ciencia según la cual todas las mentiras se tornan cuadros» decía Pitigrilli

Alaska cantaba que «me paso el día bailando..». A día de hoy podemos cantar todos a la vez, «Me paso el día viendo estadísticas..»

Ahora ya no nos hablamos según las experiencias que hemos tenido, lo que hemos vivido o lo que hemos visto. Para nada, ahora para defender nuestra opinión hablamos que una estadística ha dicho que tal o cual cosa; o hemos visto en internet una estadística que decía exactamente lo que estábamos diciendo en ese momento.

A día de hoy todo es una estadística. Y con lo de la pandemia aún mucho más. Estadísticas para todo hemos visto desde marzo del año pasado.

Basamos nuestras elecciones en estadísticas, ¿O no elegimos la carrera que puede determinar nuestra vida porqué dicen que tiene más salidas que las demás según una estadística? ¿O no queremos trabajar en una empresa porqué dicen que es el mejor sitio donde trabajar durante varios años seguidos?

Todo lo basamos en una estadística. Y si reafirma lo que pensamos, mejor que mejor. ¿O no has visto discusiones entre amigos que solo se reprochaban estadísticas de jugadores de futbol?

¡Cuando alguien te hable en función a una estadística, sal corriendo!.

Reaccionamos emocionalmente ante una afirmación que diga una estadística. Ya puede ser de forma positiva o negativa, pero reaccionamos. Nos echábamos las manos a la cabeza cuando según las estadísticas nos iban diciendo que iban aumentando los muertos a causa de la pandemia. ¿O no tienes miedo cuando ves que tu partido político va a perder las elecciones según una estadística?

Las estadísticas las tenemos como la verdad absoluta. Si lo dice este medio de comunicación que está pasando eso, ¿por qué vamos a desconfiar de él? Antes de dudar, de pensar, de tener un poco de pensamiento crítico, ya estamos llorando, saltando de alegría porque las estadísticas están a favor nuestro o en contra.

No reaccionemos de forma tan emocional ante una estadística ya que son opiniones de los demás en un momento determinado. Nuestra vida no depende de una estadística, ¿o no hemos visto milagros que unos datos decían una cosa y luego ocurría otra?

Por eso tenemos que combinar la perspectiva estadística con la experiencia profesional. Parece que creemos más en una estadística que en nuestras vivencia. Tampoco digo que nosotros sepamos más que un estudio que ha durado años o ha entrevistado a miles de personas. Sino que ni una cosa ni otra. Como dice mi madre, en el punto medio está la virtud.

Ya vemos colorines, vemos datos y vemos que el 5 es más pequeño que el 15 que nos enseñan y ya pensamos que están mintiendo o les damos la razón. Saltamos emocionalmente pensando que el futuro que nos presentan es más negro que para qué o más bonito que si lo dijera Mr. Wonderfull. Por favor fijémonos en las etiquetas de los datos y cuestionémoslos. Investiguemos antes de reaccionar.

Cuando eres curioso y quieres saber si es verdad lo que están diciendo con esos cuadros, lo que haces es buscar comparaciones, otras estadísticas, libros, situaciones, ver en otros paises para sostener o no la afirmación que estás viendo. Como decían en el anuncio de hace años, » busque y compare..» Pero no, le damos la autoridad moral a quien sea para que determine nuestro futuro en función de unos gráficos. Antes de nada, piensa, compara, se curioso para ver si es verdad o no lo que están diciendo esas personas.

Porqué lo vuelvo a repetir, no verificamos de dónde vienen los datos, de dónde ha salido la estadística. No dudamos, más bien queremos creer al 100%. Vamos como toro al capote. Directos. Pensemos, investiguemos, dudemos… antes de reaccionar.

¿O es qué los datos que nos han presentado son todos los que deberían estar? ¿No son las estadísticas a veces partidistas y se dejan algún dato que rebatiría las conclusiones que han sacado? ¿O no comparan a Ronaldo con Messi y dices, «pero si se han comido algún que otro dato»? Todos hemos dicho alguna que otra vez que las estadísticas ocultaban cosas, pues eso.

Pregúntate qué datos faltas y si con ellos nuestras conclusiones serían distintas.

No investigamos, no dudamos, solo queremos creer que lo que nos ponen delante en la televisión o mientras nos tomamos un café y el periódico al lado, es la absoluta realidad. No nos preguntamos de donde han sacado esa base de datos, a quién han preguntado y si realmente son dignas de estudio.

Así que investiguemos en profundidad los algoritmo y las bases de datos que se han utilizado para las estadísticas.

Debemos mirar siempre debajo de la superficie de cualquier gráfico o diagrama que nos haya cautivado por sus colores. Porqué estamos determinando nuestra opinión, acciones y hasta nuestros amigos en función de lo que digan otros y no lo que realmente pensemos nosotros tras formarnos una opinión consistente.

Vivimos en un mundo que nadie lo entiende.

Queremos ser creativos pero si vemos una estadística que no va con nosotros, que pone en duda nuestras creencias, la echamos abajo.

Tengamos una mente abierta y preguntémonos siempre en qué podemos estar equivocados. Porqué siento decírtelo, la verdad absoluta no la tiene ni esa estadística ni mucho menos tú.

El mundo no es como lo dicen las estadísticas. Pongámosles un punto critico, por favor. Que para muestra un ejemplo, que dicen que España va a conseguir 15 medallas y a este ritmo, si ya tenemos 3 ya vamos bien.

Si queréis conocer más el mundo que estamos viviendo os recomiendo el libro de Tim Harfod, «10 reglas para comprender el mundo: Cómo los números pueden explicar (y mejorar) lo que sucede.»

¡Saber la verdad, ver la verdad y decir la verdad,…No es lo mismo!

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«La verdad es lo que es. Y sigue siendo verdad aunque se piense al revés» decía Antonio Machado.

El titulo de este artículo lo leí recientemente en el libro autobiográfico de Matthew McConaughey «GreenLigths» que os recomiendo.

Frase que me ha hecho pensar y que se repite constantemente por mi cabeza desde que la leí.

¿Por qué?

Estamos es una sociedad que reclama la verdad sin parar. Y no vamos más allá, nosotros mismos también.

No es la primera vez que hablo que nosotros queremos para nuestras relaciones ante todo que sean personas de verdad. Pero luego cuando les preguntas a esas personas si ellos mismos son de verdad, si se muestran tal cual son o se han callado algún secreto a la otra parte, te cambian de tema o comienzan a reírse de forma nerviosa.

Queremos la verdad en los demás, ¿Pero en nosotros mismos? Eso ya es otra historia.

Esa sonrisa nerviosa es muestra que esos famosos «no sé» que siempre decimos cuando no queremos ser francos, mostrar nuestros verdaderos sentimientos, suelen ser una tapadera para no decir que sabemos la verdad de lo que nos están preguntando.

No hace falta leer muchos libros de desarrollo personal, ir a conferencias de mentes consideradas expertas o gastarse el dinero para convertirse en una persona feliz, el ser humano sabe más de lo que nos hacen creer.

Sabemos que estamos siendo desleales con nuestra pareja, que no somos realmente felices con nuestra vida , que no somos nosotros mismos… Lo que sea lo sabemos, lo que nos pasa o lo que nos gustaría que nos pasase.. Lo sabemos.

Sabemos la verdad de quien somos, de quién estamos siendo o de quién nos gustaría ser.

Lo que pasa, que la ahogamos en penas, con nuestras rutinas o en excusas pensando que así se pasará, que es una locura y podremos seguir haciendo nuestra vida de siempre.

En el fondo , siempre sabemos la verdad.

Pero no queremos verla. Porqué verla es enfrentarnos a ella, es reconocer que está ahi y que tenemos algo que hacer con ella.

No queremos ver que esa persona en la que confiábamos y que nuestras intuiciones nos decían que no era de fiar, así era. No queremos ver que nuestro amor se ha terminado y nos da miedo el qué dirán o si nos quedaremos solos. No queremos ver que no somos felices haciendo lo que hacemos y si tenemos que dar un cambio a nuestra vida, nos va a costar porque perderemos principalmente comodidades en vez de ver el futuro que podríamos creer.

En una sociedad tan visual llena de pantallas, creemos que si no lo vemos no lo creemos, que no está en nuestra vida. Y mientras sigamos pensando así, la situación sigue haciéndose más grandes y nosotros sin hacer nada.

Parece por lo tanto, que se hace más persistente el refrán «ojos que no ven, corazón que no siente». Y yo añadiría y cuando quieras ver, te pasará por encima el problema.

Sabemos la verdad y hasta la hemos visto. ¿Pero somos capaces de decir la verdad?

Llegamos a la «inmadurez» golpeándonos el pecho diciendo a todo el mundo que nos quiera oír que nosotros somos de verdad. Que lo que decimos es autentico, que lo que vendemos es genuino, que nunca daremos gato por liebre a nadie.. Que con nosotros encontrarán la autentica verdad.

Como mercaderes queremos que los demás vean en nosotros a la autentica verdad, la que les dará la paz y la felicidad que están buscando.

Si te encuentras a alguien así, sal corriendo. Porqué lo último que estará diciendo es la verdad.

Decir la verdad es mostrarnos sin paños ni máscaras. No se trata de decir nuestra verdad con un «megáfono» y publicarlo en redes sociales que somos de verdad, sino que serán los demás con las experiencias que vivan contigo quienes los digan. Que vean tu coherencia y tu verdad con cada acción.

Decir la verdad muchas veces no es transmitirla con la palabra, sino con los ojos o los abrazos que necesitas. Es escuchar a todas las personas que no piensen como tú y respetarlas, con el propósito de crear un futuro común, no discusiones sin fin. Te comprometes con tu verdad, pero sabes que tu verdad no es la única. Que la suma de muchas verdades, puedes hacer una verdad mucho mayor y mejor.

Decir la verdad es no poner por delante tus cargos, tus publicaciones y demás medallas para reconocer que estás pasando malos momentos . No se trata de mostrarse vulnerable, es mostrarse lo que somos, seres de emociones, de debilidades y fortalezas, de talentos y miedos.

Decir la verdad es una de las mayores muestras de responsabilidad y liderazgo que puede realizar el ser humano

Así que recuerda:

.- Puedes saber la verdad, no querer verla ni tampoco te apetezca decirla.

.- Que no puedas o quieras decir la verdad, aunque la sepas y la veas.

Pero sobre todo no olvides que saber la verdad, ver la verdad y decir la verdad, no es lo mismo.

Pueden pasar muchas cosas pero hagas lo que hagas, nunca te mientas.

Siempre se coherente con la verdad.

La verdadera innovación eres TÚ

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«La mejor manera de predecir el futuro, es crearlo» decía Peter Drucker

No hay día que no hayas visto en los medios de comunicación o alguien te haya dicho algo en que la palabra innovación haya estado presente.

Ahora todo es innovación.

Hay que ser innovadores, hay que tener productores innovadores, hay que tener ideas innovadoras, si no somos innovadores, se nos comerán el «turrón» quien menos lo imaginemos.. Frases y situaciones que oímos cada día y más con motivo de la pandemia que estamos viviendo.

Pero preguntándole a personas durante esta semana, ¿Qué te viene a la cabeza cuando se habla de innovación?, las respuestas han sido casi siempre las mismas:

» Tecnología, creatividad, es algo imposible, yo no soy creativo…Eso sólo para ingenieros, informáticos Eso va sobre robots que nos van a quitar el trabajo..»

Son algunas de las contestaciones que he ido recibiendo, que demuestran que la innovación se relaciona con:

.- Robots

.- Miedo a no ser algo que nos pide las circunstancias que deberíamos ser si queremos que nuestro futuro no sea tan bonito como deseamos.

La innovación no es solo aplicable al mundo de la tecnología, sino a todos los aspectos de la sociedad que puedas imaginar. Desde la empresa, a la escuela como a nuestra vida privada. Todo puedes ser foco de innovación.

Se relacion la innovación con tener grandes ideas, con realizar grandes cambios en nuestra vida, en la empresa. Y estamos muy confundidos. ¿O es que un pequeño cambio en tu vida no supuso un gran cambio a posteriori?

¡Ya has innovado y no te habías dado ni cuenta!.

Pero antes de todo vamos a definir que es innovar.

Cuando tu creas algo y alguien te lo compra a ti y no a la competencia. Ya estás innovando.

Tranquilo, no te estoy llamando producto. Pero es algo que hacemos sin darnos cuenta, muchas veces a lo largo de nuestra vida.

Cuando la chica que te gusta te dice SI a una cita respecto a los demás pretendientes, has innovado. Le pareces diferente respecto a los demás.

Cuando tu empresa te contrata a ti respecto a los demás candidatos, ellos te consideran innovador, diferente. Y por eso te contratan.

Si nos damos cuenta, en muchos momentos de nuestra vida, hemos sido innovadores. Y no hacía falta crear un robot para que nos limpiara los dientes sin ningún esfuerzo.

¿Qué hemos hecho?

SIMPLEMENTE SER NOSOTROS MISMOS.

No ha hecho falta la ayuda de Google o aprender a ser creativo, simplemente hemos sido nosotros mismos.

¿A qué ya no nos da tanto miedo eso de la innovación?

Vivimos en el que hay expertos de todo, de marcas personal, de felicidad, de talento, de cómo hacer el mejor pan, en definitiva, de cualquier cosa… Hasta a los Gobiernos les damos esa etiqueta de expertos y las ultimas noticias mundiales demuestran que no es así.

Y como nos han enseñado que quien tenga el cartel de «experto» tiene que saber más que nosotros, no dudamos, creemos en ellos digan lo que digan.

Al darles ese poder , nos estamos rebajando nosotros. Creemos que no llegaremos a su nivel, a sus ideas o éxito.

Si tuviéramos un poco de pensamiento crítico, que bien nos iría a todos.

Innovar no es tener un Master en una universidad de nombré impronunciable. Quizá te pueda ayudar para algo pero la innovación es mucho más que eso, es una ACTITUD, como bien dice Ferrán Adrià.

Cuando sabias que te tenías que transformar, dejar atrás personas o hábitos y dabas un paso adelante, estabas innovando. Estabas teniendo la actitud de mejorar, de ir más allá.

En definitiva, estabas siendo tú.

Porqué cuando haces lo mismo que los demás, piensas igual que los demás y dejas a un lado lo que realmente piensas, igual que los demás, ¿Qué innovación va a haber en tu vida?

¡NINGUNA!.

Eso es la innovación, SER UNO MISMO.

Cuando eres tú mismo:

.- No quieres la mediocridad. Siempre quieres avanzar.

.- Sabes que quieres y no te fijas en lo que no quieres.

.- Sabes que las cosas se pueden hacer mejor y luchas por ellos.

.- Demuestras a los demás que se pueden hacer las cosas mejor. Eres inspiración y liderazgo para ellos.

.- Te mejoras continuamente.

Ser uno mismo en un mundo de fotocopias y en el que te relacionas con caretas según la moda que toque o el interés que necesiten, es pura innovación.

¿Y tú eres innovador o uno más?

¡Nunca nos enseñaron a empujar hacia arriba!

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«A veces tienes que esperar a que alguien te empuje hacia el abismo, para descubrir que tienes la capacidad de volar»

Creo que se dejaron de enseñaros alguna que otra cosa en la escuela.

Entre ellas las diferencias entre empujar y empujar hacia arriba.

Empujar a un compañero era algo malo, empujar hacia abajo un coche en una cuesta era una chiquillada… En definitiva, empujar a alguien o algo, era algo absolutamente prohibido. Bueno si realmente querias comenzar una pelea en el patio del colegio, era el principio del comienzo un buen empujón.

Por eso, empujar, se ve como algo malo para el ser humano.

El empujar es no querer saber, es apartar los problemas de nuestro lado porque no queremos verlos, no queremos hacernos cargo de él. Empujar es evadirnos del amor porque no queremos que nos hagan daño, porque no queremos volver a sufrir.

Por lo tanto empujar es el sinónimo de apartar, de no querer ver y olvidar.

Lo que hace es que no seamos persistentes, perseverantes y con foco hacia una meta. Porque nos han dicho que alcanzar algo lleva su tiempo, su esfuerzo y sus posibles caídas. Así que mejor empujar de nuestra vida, nuestra posible felicidad, nuestros sueños y el amor que sentimos por esa persona, porque no queremos sufrir.

Lo único que hace todo esto es que nos convirtamos es personas frustradas, en melancólicos que apartamos el amor, la felicidad, nuestros sueños de nuestro lado pero en el fondo los añoramos, pensando qué hubiera pasado si lo hubiéramos intentando.

¿Qué pasaría si empujáramos hacia arriba?

Ya sé que estás sudando solamente de pensarlo. Pero es la única manera en la que aceptaré que empujes algo en tu vida, HACIA ARRIBA.

Hacia arriba empujamos lo que nos importa porque queremos llevarlo a cotas jamás imaginadas por nosotros.

Hacia arriba empujamos nuestras habilidades, porque es en el esfuerzo donde la estamos desarrollando. No cuando tiramos nuestros retos cuesta abajo.

Hacia arriba nos estamos empujando a nosotros. Porque hacia abajo va todo de forma fácil y sencilla. Hacia arriba nos descubrimos de lo que somos capaces, de los miedos que teníamos y eran una tontería, de quienes somos realmente.

Hacia arriba te das cuenta que eres capaz muchas más cosas de las que en tus sueños te podrías haber imaginado. Porque es la persistencia, la curiosidad, la pasión que se insuflan te llevan a darte cuenta con el paso del tiempo, de lo que eres capaz realmente.

Hacia arriba tu creatividad crece más rapido que tu tripa con una sesión de terraceo con los amigos. Cuando te enfrentas a retos la creatividad se engrandece. Cuando la empujas hacia abajo con tus retos, acaba muriendo como con tus sueños.

Empujar hacia arriba siempre te va a llevar a descubrir de lo que eres capaz, de qué pasta estás hecho y de que el miedo solamente nos está alejando de quienes somos realmente, de nuestra felicidad y en algunos casos de nuestro amor.

Pero no, preferimos empujar el amor de nuestra vida, no vaya a ser que seamos felices.

Preferimos empujar nuestros sueños de nuestro radar , no vaya a ser que los vayamos a conseguir.

Preferimos empujar la imagen de quien queremos ser, no vaya a ser que los demás se enfaden.

Tú lo único que tienes que hacer siempre, es empujar todos los días hacia arriba.

No conformarte con quien eres o has conseguido. Sino centrarte en ser un poco mejor todos los días.

Y para ello, siempre tienes que empujar la piedra, hacia arriba. Nunca dejarla rodar hacia abajo ni apartarla de ti.

¿Y tú hacia dónde la empujas?

¡Hay mucho miedo para tan poco peligro!

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Era un niño que le tenía miedo a todo.

A los perros, a qué no estuvieran mis padres orgulloso de mí, a no tener amigos, a la soledad…

Tenía miedo a todo.

Algo que me hizo cogerle miedo a todo.

Miedo a hablar con personas diferentes a mí, a hacer lo contrario que se esperase de mí , a no alcanzar los cánones de establecidos a ciertas edades o a no decir lo que sentía de verdad, no fuera a quedarme sin amigos.

¿Qué provocaba?

Que no viviera. Más bien sobreviviera. Y todavía me pregunto cómo he llegado hasta aquí con ese miedo que tenía a todo.

Ahora tampoco soy un descerebrado e impulsivo que dice si a todo lo que tiene enfrente o se tira por una tirolina sin pensar qué medidas de seguridad hay detrás. Tampoco es eso.

Pero si echo la vista atrás, me he enfrentado a muchas cosas de las que tenía un miedo pavoroso.

A decir NO a mis familiares, a exponer mis ideas contarías a mis amigos o a decir Hasta aquí hemos llegado en alguna situación que en otro momento hubiera dejado seguir adelante sin problemas, son alguna de las situaciones que no se nos ha enseñado a enfrentarnos y todo porque nos han dicho que si lo hacemos, es de ser de egoístas y eso es malo para nuestro futuro en la sociedad.

Para nada, se trata de responder a la pregunta:

¿Quiero vivir así el resto de mi vida, acojonado pensando que eso es la vida?

Ya sabes la respuesta que me di.

Lo que pasa es que vemos como miedo lo que realmente nos motiva, lo que nos apetece hacer o lo que sentimos. Pero hemos sido criados en la cultura del «no hagas esto, no hagas lo otro..» Y por eso hemos llegado a creer que hasta nuestros sueños, son un peligro.

Vivimos acojonados con todo, con nuestros sueños, con nuestras ideas, con lo que sentimos que tenemos que hacer pero no hacemos no vayan a enfadarse a los demás. Pero eso si, hay que leer muchos libros de la felicidad, creer con los ojos cerrados pero no dar un paso adelante con nuestros sueños y motivaciones, porque creemos que son un peligro para nuestro bienestar.

Cuando me subí la primera vez al escenario, creía que me iba a comer el mayor de los miedos. A día de hoy acabo de dar una conferencia en mi ciudad sobre creatividad para 200 personas.

Tenía miedo conocer por fin a muchas personas con las que tenía relación a ver si la relación en el 1.0 sería diferente. A día de hoy es mejor.

Todos hemos tenido muchos miedos que cuando les hemos hecho frente nos hemos reído por los idiotas que éramos al pensar cuanto tiempo habíamos perdido y las satisfacciones que nos estábamos perdiendo.

Y todo porque pensábamos que había más miedo del que realmente había.

Pero mientras tanto era un «quiero y no puedo» y todo por el miedo.

Tu felicidad, tú estás detrás de ese miedo.

El único peligro que hay detrás de tanto miedo es que te puedas caer, pero siempre te digo, más vale una caida yendo hacia tus sueños, que no ningún rasguño sin saber dónde ir.

¿A qué esperas?

¡El amor no se retransmite, SE HACE!

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«El amor se hace más grande y noble en la calamidad» decía Gabriel García Márquez.

Si ves las redes sociales, no hay un segundo que no encuentres una foto, un meme o un artículo que hable del amor.

«Nos tenemos que amar los unos a los otros, ama a tus amigos, ama a la madre tierra, ama a tus compañeros de trabajo (que no quiere decir que te acuestes con tu secretaria, vale?)..

Todo es amor. Parece que vivimos en un San Valentín continuo.

Lo siento, no me lo creo

¿Por qué?

Porque el amor no se retransmite como si tuviéramos un megáfono en la manos y fuéramos gritando a todo el que nos quiera escuchar que: «Te amo».

¿Qué está bien que te lo digan de vez en cuando?

¡Desde luego!.

Pero yo prefiero una persona me lo demuestre y no me lo retransmita

Llenamos el Whatsapp y más en época de pandemia, de emoticonos de corazones, de emoji o memes diciéndole a la otra persona que la echamos de menos, que la queremos. ¿Y cuándo se pone las cosas mal, quién está a tu lado?

Quien menos lo esperabas o quien no te decía lo que sentía por ti.

¿O no te ha pasado así?

Pero es que en el mundo de la empresa pasa igual.

Ahora hay que llenar la empresa de amor, que toda acción que realices este llena de amor y que no se te olvide, que tienes que amar a tus clientes ( te lo vuelvo a repetir, no es que te acuestes con ellos)

Ahora todo debe ser amor, felicidad y buen rollo. Todos somos amigos, todos somos hermanos aunque nunca nos hayamos visto en la vida.

Al igual que la felicidad, todo tiene que ser amor y constante, que no baje el nivel, sino habrá problemas.

La vida se basa en un equilibrio, no en un todo o en un nada.

¿Quién quiero? A quién me lo demuestra, no a quién está en las buenas, sino quién está en las malas y acepta.

La experiencia personal y profesional me ha dicho, que toda aquella persona que promulga amor a raudales, se demuestra que es una persona de verdad, cuando acepta o rechaza una crítica que le muestras respecto a algo que ha hecho. Si no la acepta, esa persona es un «pluff» y cuanto antes salgas de ahí, mucho mejor para tu salud mental.

A día de hoy el amor, la felicidad, la ilusión, tiene que estar expuesto., todo proclamado en redes sociales, en las webs, en los congresos on-line… Mira en un mundo ideal de un día para otro, no creo.

Pero eso si, cuando expones que estás pasando una mala racha, recibes llamadas apoyándote, dándote las gracias por lo que has dicho…con una coletilla final, «no le cuentes a nadie que también lo estoy pasando mal, por favor«.

Amamos a gente que no conocemos , ¿Y si luego fuera un criminal, también lo amarías? Más bien saldríamos corriendo no queriendo que nadie nos relacionase con esa persona.

Y entonces ¿En qué creo?

Creo en las acciones de corazón y no en la lucha de unos likes.

Creo en las personas de verdad, que se muestran más vulnerables que no una Instagram de postureo y mentiras.

Creo en las personas que hablan poco y actúan el doble.

Creo en las personas que piden perdón y están, cuando otros se van corriendo cuando huelen que ya nada volverá a ser como antes..

Creo en el día a día, o en la semana a semana. No en el te adulo por interés Andrés.

Creo en la acciones. NO en las reacciones en función de la situación

Creo en la mirada de los ojos o los abrazos de oso (cuando se puedan). No creo en el amor on-line.

Creo en el amor. Pero no en la sobre- exposición del mismo en un mundo lleno de selfis para ganar seguidores.

¿Y tú crees en las personas que hablan de amor pero poco lo hacen?

¡¡A parte de creativos, ahora hay que tener talento!!

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«No escondas tus talentos, se hicieron para su uso, ¿Qué es un reloj de sol a la sombra?'» decía Benjamin Franklin.

Cada día se oyen más noticias como estas:

«No hay talento en España… España necesita talento para salir de la situación en la que se encuentra…El talento que hay en España se marcha a otros países… Se empieza a despedir gente de diferentes campos profesionales por la pandemia Es hora de la reinvención..»

Solo oyes dos palabras:

Talento y Reinvención.

De la nada, al igual que pasa con la creatividad, hay que tener talento.

No solo se trata de aprobar los exámenes con un 5 raspado. Ahora hay que tener TALENTO. Si no tu futuro es más negro que el carbón.

Ahora de repente, tenemos que ser creativos. Pero no solo eso, sino también ser creativos y con talento. Sino eres así mejor quédate en la cama, les falta decir en algún artículo que he leído recientemente.

¿Y que es el talento?

Según la RAE «persona inteligente o apta para determinada ocupación».

Es decir, algo que se nos da de p*** madre, ¿Verdad?

Y si a eso le añades que te han metido en un ERE, encontrándote en la calle a una cierta edad en el que las empresas solo quieren gente joven con mucha experiencia pero menos de 30 años, tienes que reinventarte y además tienes que tener talento en ese algo, sino apaga y vámonos.

¿Pero qué es lo que realmente pasa?

1.- Que al igual que la creatividad, no creemos que tenemos talento alguno. Que son dones que les ha caído del cielo a alguno y a otros una suegra insoportable.

2.- Que desde pequeños nos han enseñado que salirse de lo establecido, del ciclo de formación es algo imposible. Que te guste o no, es lo que hay y es lo que tienes que aguantar.

3.- Que el talento solo es aprender matematicas, ingles o lenguaje. Que si no sacas más de un 5, no tienes talento para nada más. Siendo ya un parias de pequeño y con un futuro por delante, bastante desalentador.

4.- Que se nos ha enseñado que no podemos vivir de nuestros talentos. Que haces fiestas con los amigos como nadie, que dibujar o lo que sea, debe ser un hobbies y nunca un puesto de trabajo.

Y podría seguir sumando puntos a un lista que distingue a los países que siguen invirtiendo en el pasado de aquellos que invierten en el futuro.

No hemos sido educados en la cultura ni de la creatividad ni del talento. Porque si «sobresales» en algo, sabes que los demás te van a señalar, van a pensar que eres un «empollon» o vete a saber qué se les pasa por la cabeza.

Cuando desde pequeños deberíamos estar educados en una cultura del talento, de desarrollar las habilidades con las que más facilidades tenemos y a partir de ahí construir una carrera, lo que hacemos es que es mejor ser todos iguales o crisis para centrarnos en lo que realmente es importante.

Todos como buenos borregos, hacemos lo que se espera de nosotros, lo que dicen que debemos hacer ya que todos así lo hacen. Pero eso si, el deseo del ser humano es siempre destacar sobre los demás, dejar una huella, que se acuerden de uno, en definitiva, no pasar desapercibido. Y lo único que hacemos, no desarrollando nuestros talentos, es eso, pasar desapercibido.

Y lo peor de todo, parece que solo cuando viene una crisis que pone patas arriba todo lo que conocíamos es cuando tenemos que desarrollar nuestro talento. ¿Mientras tanto? No alces mucho la voz, no vayan a pensar que ere un rebelde, que tienes mucho ego o lo haces para destacar.

¿En qué quedamos?

Pero es que no solo el mundo se debe mover por el talento digital. También por el talento en las cocinas, a la hora de enseñar, a la hora de hacer casas y sus diseños arquitectónicos, a la hora de hacer productos que produzcan valor añadido de verdad, en la publicidad…. El mundo avanza con el talento, pero no solo el del mundo digital, sino el talento que hay en todos los aspectos profesionales y personales. Porqué si solo dependemos del talento digital, ¿Qué hacemos con los demás aspectos? ¿Los demás que no se desarrollen? ¿No puede influir en el talento digital?

Por lo tanto ya no solo para que un país avance hay que desarrollar todos los tipos de talentos que tiene a su disposición, sino que nosotros, también tenemos que desarrollar todos nuestros talentos, ya que es la única manera de avanzar.

Hay otra palabra que te he dicho que no dejamos de oírla: REINVENCIÓN.

Hay que reinventarse porque sino vendrá la crisis y te comerá. Por no decir que te podrán despedir, ya que alegaran que estás «desfasado».

Quien me conoce sabe que estoy en contra de la palabra.

Si tú desde pequeño estás desarrollando tus talentos, descubriendo nuevos, yendo más allá de tu miedo y con la curiosidad por bandera: y la creatividad como tu estilo de vida.

La reinvención no debe ser nunca un placebo para salvarnos el culo de una crisis o un despido. Porque en la mayoría de las ocasiones, te reinventas en algo que quizá no te guste, que no tengas pasión por ello y al igual que las 50000 personas que han pensado como tú, esperan que les elijan por su talento. Y si además son personas más jóvenes, ¿a quién contratará primero la empresa?

Entonces ¿Reinvención es una forma de desarrollar tu talento o de subsistir? En la mayoría de las ocasiones, de intentar subsistir. ¿Y así vamos a avanzar como personas y país? Eso parece.

Así que:

.- No dejes de formarte nunca

.- Se curioso y con ella aumentará tu creatividad.

.- No somos un talento, sino muchos. Ponlos en marcha.

.- No te reinventarás en algo que lo haces por subsistir y que quizá ni te apasiona.

.- Un país avanza o muere por la suma de los talentos de sus habitantes.

Pero sobre todo recuerda:

ERES LA SUMA DE TUS TALENTOS. VIVIR ES DESCUBRIRLOS Y DESARROLLARLOS.

¿A qué esperas?